jueves, 26 de abril de 2018

Me importa un camino

Me doy la vuelta, inside out.
Giro por completo la piel,
que queda mirando las clavículas, las vértebras y las costillas.
Por fuera me adornan ya
un diafragma en tensión
unos pulmones ansiosos
un corazón.
Soy tan soy ahora como fui al revés.
Tanto y tanto soy
en todos los planos.
Costras y corazas
cayeron.
Porque el miedo
dejó de ser excusa
y parapeto.
Me lo dijo un adivino hace años:
cuando tu energía se ordene
volarás.
Por eso ando mudando las entrañas
cambiando la luz
el foco.
Reconquistando la esperanza con alas
en paz
porque me importa un comino
porque me importa
tanto y tanto hoy
el camino.

miércoles, 18 de abril de 2018

Los viajes del corazón

¿No os pasa a veces que el tiempo da una vuelta a la manzana y os encuentra en el mismo momento existencial de hace unos años? ¿Que la vida está ordenada/desordenada en ciclos de entre 5-7 años de ir y volver? Son los viajes del corazón.
Cuando una relee sus cosas, a menudo pasa que recompone hilos o que observa el movimiento pendular de algunos pensamientos, oscilando lentamente, de la pasión a la apatía, del activismo al exilio, de los sueños al pragmatismo para comprobar que estuvimos, en realidad, en todos esos lugares.
Vuelvo a traer el post porque me viene como anillo al dedo y le pongo, esta vez, banda sonora:
Tengo ganas de perderme en el Botánico. Mayo de 2011
Tengo ganas de perderme en el botánico. Supongo que es una fantasía recurrente, un fetichismo de libro. Le pasaba a Belén Gopegui en la Escala de los mapas con la manija de una ventana...así que lo mío es cosa sencilla.
Mi intención es sumergirme entre los macizos de boj y permanecer allí muy quieta hasta que al amanecer, y antes de que el calor derrita como a Ícaro sus alas, regrese a la superficie sobre las hileras de pensamientos que jalonan su verja.
Luego buscaré una senda adecuadamente tejida de arces o castaños de indias, de modo que mi piel tenga el mismo estampado geométrico de luces y sombras con que las copas rebanadas de sol pintan en el suelo.
Entraré en el invernadero al fin, como Alicia en el árbol, y me reposaré bajo el ficus como si no hubiera hecho jamás otra cosa. Quizás toque el violín con un limpio cambio de cuerda, lo mismo que Sara en el columpio, yendo y viniendo, a cámara lenta.
Cerraré los ojos escuchando “Happiness” de Jònsi&Alex* a soñar que soy bailarina de una caja de música en perfecta y entrópica danza. Qué soy una bailarina perdida en mitad del botánico y no se puede pedir nada más en esta vida.
*En la entrada original me refería al título del álbum, Riceboy Sleeps pero no al grupo.

martes, 3 de abril de 2018

Galopar con saturno

¿Quien piensa en Saturno
y le perdona el festín parricida?
Quien piensa,
pobre,
como el escorpión de Esopo,
no podía evitarlo...

Yo tengo la certeza de un Saturno voraz
que se come, -tic tac-
 los niños crudos.
Saturno con su afán, -tic tac-
de hacer balances.

Amigo Saturno
escucha bien lo que te digo,
esta vez
-tac tic-
voy a galopar sobre tu lomo.
Y a atravesar,
-el tiempo es relativo-
con gozo atómico
tus neutrinos.

Esta vez, voy a sonreír
viejo astro.
Voy a ser feliz a borbotones
yendo, de lado a lado,
con mi lápiz en la boca
feliz
como Elsa Punset
feliz
como el demiurgo
de los horóscopos del ABC.

Así que ¡gracias universo!
Gracias por lo grande y lo pequeño
Gracias por la vez
en la playa
en que deseé
y me ofreciste
mejillones con patatas
y cerveza fría en bandeja de plata.
Gracias por darme alas
por vibrar
a mi compás
-tic tac,
tic tic tac-





viernes, 16 de marzo de 2018

Pasa todo


Pasa todo. A todas horas. 
Todos los días, año tras año.

De manera acumulada, operística.
En esta época 
como cargada de electrones.

Pasan las muertes, antes extrañas 
y la vida,
esa voz en off 
del gran amor
rellenando silencios.

Y pasan las guerras, las bodas, los partos.
Pasan las crisis, los cambios, 
redundancia griega,
los cambios de sexo, de piso, de gobierno.

Pasan, de pasada, las pausas,
mientras vemos nuestra historia, frenética
fotogramas a fotograma.
Convencidos
de que hubo un tiempo tranquilo.
donde solo pasaban las pequeñas cosas 
que importaban.
Los novios y las novias,
las resacas, las noches 
por Madrid en La Paloma y Malasaña.
las notas, los libros, los viajes, las miradas.
Y lo demás era un atrezzo transitorio.
Espejismos de tiempos sin guerras, sin crisis, sin cambios.
Ajenos, como éramos, a todo eso que pasaba 
mientras todo pasaba.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Llueve en Madrid

Llueve en Madrid de forma vulgar,
como dirían los belgas, un día cualquiera: no llueve casi.
La vulgaridad se expande
como la niebla
y todo lo cubre
las corneas, los ventrículos
las fachadas, los tejados, las aceras.
Madrid se entumece,
se deprime
se troncha triste.
En un ataque de lumbago,
se echa la mano al lomo,
abatido.
La juventud
no es ya más
promesa utópica
ni felicidad de párvulo
el puella amat rosam
de las doncellas.
Un Madrid en tecnicolor
hortera
postmoderno, y por ende,
Ciclotímico
Amargado
Confundido en la frustración de niño pera
de extrarradio.
Cuando llueve así,
como dirían los Belgas, un día cualquiera
no hay terapia que enderece
nuestras almas de sol nacidas
ni esperanza que proclame
la primavera.

martes, 9 de enero de 2018

Origami

Estar a solas y preguntarse si
escogimos los pliegues o fue
como dejarse llevar.

Descubrir las curvadas aristas.
Ir y venir. Doblarse.
Una y otra vez.
Al dictado de una fuerza centrípeta
un factor de retención
un anclaje.
Y al tiempo, a una idea voladora
-un com-pás- que viaja hacia fuera
y por lo alto.

Conmigo, en mí, ambas fuerzas.
Papiroflexia en diálogo.
Ir y venir. Doblarse.

Hojas plegadas entre fuerzas contrincantes
garzas volando,
molinillos, cometas y un poso de dureza
para decir, de tanto en tanto,
basta.
Basta.

La libertad para decir,
yo fui doblando las esquinas.
Yo sola.
Porque eso hacemos los poetas sin oficio.
Doblarse, una y otra vez,
como un origami.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Convénceme tú

Convéncete.
Llevo amándote cada día, religiosamente.
Convocando tu nombre, hasta el punto, de haberlo usado como contraseña de inicio.
Reenumerándolo, con afán devoto, cada 14 días antes de que expirase, no mi amor,
sino las letras con que te digo.

Mi amor es, de una generosidad patológica.
Tal vez, de hecho, sea mi amor excesivo, fanático, inmerecido.
Porque tú, para ser sinceros, dejando ya a un lado la jodida postverdad 
con la que todo lo envuelves,
jamás me has convencido a mí 
de merecer mi amor, en modo alguno.

Me miras, eso sí, con cara de tener derecho.
Simplemente.
Como estas pretensiones modernas indubitadas.
Derecho a decidir.
Derecho a ser madre.
Derecho a no ser madre.
Derecho a ser amado por ti o a tener 
la plácida vida asexual de un ciborg.
Frente a tal imaginario existencial, yo, amor mío, quizás sea una pánfila,
Es más, estoy segura de ser una pánfila de libro,
Por no haber,
inventado mis propios derechos inalienables,
Por no haber enarbolado, por ejemplo,
mi derecho a ser

correspondida.