martes, 22 de diciembre de 2009

Hoy me ha tocado la lotería

Hoy me han tocado la lotería. Bueno, en realidad ni siquiera me han tocado a mí, sino que mi padre me ha participado la mitad de su premio junto a mi hermano.
Minutos antes de la noticia ibamos diciendo en la ofi cuanto dinero sería necesario para que nuestra vida cambiara radicalmente. Yo no me conformaba con menos de un décimo del gordo. Mi compi JL, en cambio, era más ambicioso y cifraba en 4 millones de euros la cuantía verdaderamente transformadora, una vez descontados los gastos fijos impepinables de todo hijo de vecino, casas, coches, deudas anteriores y sueldos vitalicios para no tener que trabajar nunca jamás.
En mi versión más barata de la suerte, con mis 300.000 euros me hubiera ido con mi familia a vivir dos años fuera de España mientras yo hacía el curso de mis sueño en Harvard y Jorge hacía lo que le diera la real gana (prospecciones del sector del vino en la costa este o clases de karate para niños).
Unos minutos después llamó mi hermano. Al principio no le entendía ¿qué dices? no te oigo bien. SFFFFFFFFFssssatttttttttquepapájjlllllllllllsiemprecompralaloteríajqqqqqenla misma administracióndelacallebravomurilloffffffffffffffffffffkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkosea queNOS HA TOCADO LA LOTERÍA.
De repente contube la respiración, y contube los nervios, tal y como suelo hacer en los momentos críticos, actuando con calma y autocontrol, como si nada. Yo lo asimilo con la dignididad pero es también una especie de prevención contra frustraciones sobrevenidas.
Esta vez era cierto. No podría creerlo. La lotería era la única opción que en mis reflexiones de happyswifter no había barajado.
Me veía en el campus en otoño, con los nenes corriendo sobre las hojas secas y esa sensación de vértigo de película.
¿queeeeeeee? ¿en serioooo? ¿seiscientos eurosssss? sonreí pero en realidad por dentro me sentía como cuando doblas la esquina y el 14 arranca sin tí.
Bueno, al final no nos ha cambiado la vida. Aunque me arregla es mes, la verdad.
Más resignada, ya no me visualizaba en Harvard aunque sí en un buen masajista zen. Y me compraba unos zapatos que no necesitaba pero que costaban más de lo que hoy podía pagar sin dolor.
¿comooooooooo? aaaaaaaaah.....60 euros..........
Finalmente no cambiaba mi vida y tampoco mi mes pero mejoraba, sí, mi depauperado saldo durante unos días.
Nada. Sesenta euros de nada. Todo sigue, como era previsible, tal cual estaba por una común, insignificante, aleatoría, caprichosa y simple, cuestión de ceros.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Espejismo musical tras oir Samskeyti de Sigur Ros

Sin música la vida parecería un error..o quizás sea al revés, la vida con música alcanza todo su sentido. Es plena.
Es plena, porque sirve para ver mover las hojas de otoño y saborear así el cosmos en equilibrio.
La música hace posible que ver oscilar los leds azules de navidad del vecino te haga completamente feliz.
Y pienso, que suerte ver el árbol, la luz, las imágenes borrosas que uno ve de medio lado. Que suerte tengo de estar precisamente aquí y no en ninguna otra parte.
Cada tecla de ese piano es la razón del universo. La banda sonora que justifica todo lo que somos.
Es un espejismo. Lo mismo que el resto del arte. Delicioso...

jueves, 10 de diciembre de 2009

Lo bello y lo sublime

Si hago recuento de mi vida veo a una persona feliz que adereza la normalidad con ciertas dosis de conflicto. Así que recuerdo un día en que mi amigo Miguel me describió como una niña alegre y yo pensé, -ja, qué poco me conoces!- porque para mí, la alegría era una cosa pánfila y sosa. ¡Donde estuviera la pasión, el alma, la tormenta…!
Entre lo sublime y lo bello kantiano yo quería lo sublime y lo bello me resultaba un absoluto coñazo. El amor tenía que ser desgarrador y el desamor una razón por la que morir. Vivo sin vivir en mí, si muero sin conocerte no muero porque no he vivido…No es que yo lo hubiera inventado. Yo era una mera espectadora y el sentimiento trágico de la vida estaba por todas partes. Lo atestiguaba la historia de los héroes y los poetas que levitaba y los amantes que sólo podría hacer el amor volando.
Menos mal que, entre tanto, yo tuve Karate Kid y Admiradora Secreta. Menos mal que hice infinitas coreografías de Jenniffer Beals en Flashdance, mucho antes de que Nany Moretti se la encontrara, como el que no quiere la cosa, por las calles de Roma. Gracias al cielo que me disfracé mil veces como Madonna y que fui heroína de los 50 con mi varita de magia borrás haciendo de filtro de cigarrillo largo.
Menos mal que tuve una vida contemporánea y distraída yendo a esquiar, dibujanbdo comics y jugando a los clics ya que yo apuntaba maneras de Virginia Wolf (lo que digo pretenciosamente, claro), y me embarrada fácilmente en la profundidad más inútil y obscura.
Lo diré una y mil veces, que nadie se lleve a engaño, considero un cumplido no ser una intelectual de mi tiempo, porque eso me habría convertido en un auténtico coñazo de tía, me habría alejado de las muchas comedias románticas con las que he reído y con las que llorado, me habrían robado horas de carcajadas etílicas con Natalia y me hubieran impedido disfrutar de los momentos comunes y corrientes que hacen que uno pueda sonreír por las mañanas y lo más difícil sonreír justo antes de dormir.
Me congratulo de poder ser totalmente lúdica y simple en ocasiones porque cuando una empatiza como yo lo hago, es decir, siguiendo a la RAE, cuando una tiende a identificarse mental y afectivamente con el estado de ánimo del otro, se agradece una pausa al potencial dolor y naufragio.
He aquí la paradoja, mi infancia fue tan feliz que necesité adornarla de drama y, después, mi natural empatía ha necesitado comedia y simplificación para salvarme de tanto dolor como alberga el mundo y tanto dolor como yo misma soy capaz de albergar si me pongo.
No quiero, pues, la Nausea de Sartre, no quiero el Grito silencioso de Oé, no quiero la Babelia de González Iñarritu y mucho menos sus Amores Perros. No quiero sentirme desesperada porque torturan a gente inocente en Zimbawe y les condenan a una noche eterna de pesadillas. O como le pasaba a Carmela, quedarme paralizada de tristeza ante los malos tratos a un bebé o una mujer.
A lo largo de mi vida, sin embargo, de cierta manera ambigua y contradictoria, he gozado con ese tinte dramático que hacía la vida más intensa. Hoy, en cambio, tengo más claro que no puedo cambiar el mundo, vaya mierda..Pero hasta en eso tengo suerte. Como soy una persona afortunada, de infancia feliz, contrato indefinido y capacidad adaptativa puedo escoger como vivir mi mundo. Soy tan privilegiada que he tenido que aportar drama donde nunca lo hubo. Que dilemas postmodernos…
Hoy me deleito besando cada día los párpados de mi hija, pasando el dedo por la curvatura blanca del moflete de Javi, besando los labios de gominola del mítico y respirando el aire frío del invierno sin penas ni derrumbes.
Tengo, aún un camino por andar. No bajeis la guardia. El designio de El Príncipe es alcanzar el poder y mantenerse en él. No basta, pues, la mera impostura del poder, ni el espejismo del poder. Hay que conquistarlo verdaderamente y no poderlo ni por debilidad, ni por torpeza. En definitiva, hay que hacer del principado una misión vitalicia, aprendiendo lecciones y modulando estrategias.
Ceteris paribus, la búsqueda de la felicidad es una condena a perpetuidad. Nunca es fácil saber cuanta intensidad, cuanta paz o cuanta belleza serán necesarios, cuanta cercanía, cuanta distancia, cuantos colores o escalas de grisis, pero habrá que seguir con la alquimia el resto de la vida.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Contra el viento

Nunca tuve instinto maternal, si acaso durante las largas horas de la infancia en las que cuidé al nenuco. Pero a parte de eso, nunca idealicé la lactancia, ni suspiré por el niño en brazos, ni perdí la vista tras carritos ajenos. Muy al contrario, tendí a sentirme ajena y desposeída de esa cualidad de madre potencial.
Sin embargo, años más tarde una descubre que una ama a sus hijos por razones muy distintas al instinto pero tan efectivas como esos otros designios de la naturaleza.
Una va descubriendo ese amor en abrazos taciturnos y esos momentos mágicos en que un hijo reposa la cabeza mientras la mano de mamá se adentra cálida en su pelo. Y en esos juegos de agua y cabriolas felices en que al mirarlos quedamos al tiempo, ensopados y perplejos, olvidados ya de lo increíblemente divertido que es salpicar.
Una madre queda definitivamente loca de amor el día en que sin pedirlo ni merecerlo una hijita confiesa con su voz de cristal azul: mamá te quiero.
Sólo después, ya conquistados sin remedio basta verlos dormidos, con sus pieles templadas como de bizcocho salido del horno o pillados mientras cantan canciones que sólo conocen a medias, corriendo mientras buscan cómplices de juego no porque tengan prisa (porque desconocen lo que es la prisa) sino por el puro y simple placer de correr. Como mi hija y yo mientras gritamos calle abajo “contra el vieeeeento”.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

La impertinencia de lo obvio

“La sabiduría no valía la pena si uno no podía servirse de ella para inventar una manera nueva de preparar los garbanzos”
Eso decía el penúltimo Aureliano Buendía de Macondo. Lo suscribo plenamente. La sabiduría, sí, nos salva del estancamiento de los lugares comunes y multiplica nuestras posibilidades de aprender en unas lecciones lo que dicha sabiduría permitió a otros aprender en toda una vida.
Pero la sabiduría también debe ser la herramienta de lo cotidiano, esa suerte de olfato fino que igual se transforma en matemática al servicio de una salsa que en bellas artes al servicio de un salón de té hermoso y estéticamente equilibrado.
Sobre todo, la sabiduría, que por otro lado tan poco abunda, nos libra de la impertinencia de lo obvio. Esto es, de las frases huecas de los puros patanes o de los sinceros torpes. Ocurre así, por ejemplo, cuando uno verbaliza algo que, por evidente debe callarse para no parecer un cateto a babor o peor cuando uno sabe que “eso tan evidente” debe pasarse por alto para no ahondar en el “evidente complejo” del que también sabe y calla.
“Estás más gordo”, “ya te asoma el cartón” “¿y… los niños para cuando?”.
El vicio por la frase hueca es o bien de simples no pensantes o bien, si va aliñada de malicia, de puros patanes, de esos sinceros gratuitos tan alejados de las virtudes clásicas como de sus versiones domésticas. Ni sabiduría pues, ni sensatez, ni templanza ni tampoco su hermana pequeña, la moderación.
Cuando no se tiene ni sabiduría, ni disciplina, ni moderación, se requiere, cuanto menos, un poco de amor al prójimo, en honor al amor a uno mismo, si queremos incluir también al egoísta crónico. Un poco de amor mínimamente cortés que nos tape la boca cuando se nos antoja decir, sin confianza alguna “estás echando barriga”, o peor “¿estás embarazada?” o “¿no eres un poco mayor para eso?”.
Sabiduría, please, contra la zafiedad y amor al prójimo contra su uso meramente mecánico y eremita.

viernes, 27 de noviembre de 2009

La clave del éxito

Tras un breve sondeo por la red descubro algunas de las señas de identidad de la bloguera de éxito: jóven, de entre 25 y 30 años, preferentemente independizada de los padres. Hace 2-3 años era becaria en alguna editorial, revista o agencia de publicidad y hoy, con un puesto intermedio, se siente la reina del mundo. Comentan a golpe de confesión las clásicas asociaciones de ideas, frescas y chispeantes, de la tardo-adolescencia, así como cualquier otra ocurrencia como las que a una se le ocurren cuando pasea al perro.
Ya no podría decir que lo recuerdo perfectamente porque lo cierto es que lo recuerdo a trozos, y no porque este mayor sino porque mi mapa cognitivo funciona a ráfagas como bien saben mis amigas.
Pero aunque sea a base de patchworks de recuerdos, puedo reconstruir como funcionaba mi cabeza entonces. Creo que la individualidad era inmensa, que la existencia era todo aquello que pasaba por nuestros sentidos y todo lo demás, a penas tramoya y atrezo. “tres cosas que me gustan”, “tres cosas que detesto”, “yo soy así”, “rarezas mías”, “mi mundo interior” etc, sólo pueden ser post de quienes, forever young se saben portavoces destacados de la humanidad. Y es verdad que tienen eco y predicamento porque cuentan con cientos o miles de seguidores interesados en si a la bloguera le gusta el café sólo o con leche o si por casa de pone calcetines de lana o alas de mariposa.
Dios mío, ¡esta gente tiene tiempo! Tiempo de sobra para hablar de perros, articular anecdotarios y reirse del mundo.
Hace 10 años, hace 20 años, yo ya escribía cuadernos, hermosos cuadernos comprados en viajes, de cueros pintados y telas sunctuosas, adornados de collages o reutilizados de cursos y agendas de empresa. Escribía a solas y para mí. Era también el-no-va-más del ensimismamiento y el lugar metafórico donde un perro se lamiera las heridas. Pero no era un escaparate cotidiano exhibicionista sino un espacio de reflexión tan libre como libre es el misterio de la confesión. Con una audiencia única, yo misma.
Sólo sé que mis pensamientos semi elaborados en salas de espera y autobuses merecen menos seguidores, aunque los míos seais ilustres, de los que pueden contarse con los dedos de las dos manos, mientras que “neveradesoltera” tiene más de 1000. Simpática y lozana, asegura que cuando comprobó que el número de sus seguidores llegó a mil sintió un subidón de autoestima, sólo comparable a cuando logró embutirse una falta de la talla 38.
Francamente, nevera-de-soltera, puedo vivir bordeando la 42 pero en el tema de la audiencia me gustaría ser como tú.

jueves, 26 de noviembre de 2009

El asqueroso hierbajo

Ya no fumo. Soy ex fumadora aunque he fumado cigarrillos durante tantos años que, desde una especie de lealtad mal entendida, aún tiendo a identificarme con los fumadores y sus causas.
Ahora mismo estoy esperando a entrar en la consulta del médico. Desde la ventana tengo vista del edificio de enfrente. Varios balconcitos tienen, lo que podríamos denominar “rincones para fumar”. Una mesa de jardín o la misma máquina de aire acondicionado son los repositorios de turno para el cenicero, el paquete de tabaco y el mechero. Así, si uno quiere fumar se sale a la terraza llueva, nieve o granice. Y es que los fumadores hace tiempo que han comenzado a prohibirse fumar en sus propias casas y son recluidos en esos espacios externos para no atufar al resto de la familia con el “asqueroso hierbajo” que diría Allen Carr.
Pronto los pisos tendrán diminutas narcosalas en las que echarse un piti con alguna mascarilla que al tiempo facilite la dosis y purifique el ambiente como una de esas vaporetas con cubeta de agua.
En buena parte, es por estas cosas que he dejado de fumar ya que, en efecto, la sociedad-libre-de-humos ha conseguido quitarle todo el posible glamour y que el fumador se sienta, por el contrario, como un yonki, que encima de adicto, se paga la droga del propio sueldo, financia su tratamiento de enfisema vía impuestos especiales del 500% y para más INRI se muere antes ahorrando una barbaridad al estado en concepto de pensiones. Como dice Carr, por favor, amigo fumador, no seas gili…

jueves, 19 de noviembre de 2009

Para el mítico George

Mítico y legendario compañero recuerda que:
Acepté tu primera propuesta de amor eterno aquella vez sobre el abismo del Puente de San Pablo. Es verdad que el vértigo y el pánico nublaban mi voluntad, y acepté sin pensarlo pero tampoco es menos cierto que fue uno de los momentos más importantes de nuestra vida juntos.
Regresé tras una breve pausa en la que valoré sin presiones la naturaleza de los estímulos de nuestro amor. Al final descubrí que es posible ser profundo y auténtico sin escribir poesía y también es posible escribir poesía y leer el Hola, que se puede ser intelectual y mamón y también mamón a secas. Que ser intelectual es un un mérito cualquiera como la simpatía o la vitalidad.
Me casé contigo un día de sol, lluvia, granizo, viento y ovejas bíblicas y allí, frente a todos, leí un alegato lleno de razones de por qué te escogí entre todos.
Dimos vida a dos ángeles. Sabes que hay días que uno se emociona sólo de verles dormidos…
En definitiva, somos grandes, compartimos un destino. Amor, estas son las flores que nunca te regalo…

La playa

Los momentos felices, esos malditos y escurridizos sucesos evanescentes, viven en playas como esta del Martín del Burgo que hoy os muestro en portada, entre dunas suaves, con brisas ligeras, sobre mares centelleantes y dentro de ojos y besos que contemplan el paisaje. He sido feliz en Cádiz, en el Cabo da Roca, en las Teresitas, en la Tejita del Médano, en Playa Romana, en Capri, en Oluz Deniz, en Santander, en los sueños de ser feliz en Cerdeña, en Jamaica, en Bali y la polinesia, en una playa fría de la costa este americana, en Costa Rica, en Honduras, en Maldivas y Formentera...

viernes, 13 de noviembre de 2009

Epístola justiciera a toro pasado

Querido jefecillo, hoy recapitulo de todas las veces en que hemos hablado de tí, créeme, y no siempre mal.¿Te extraña? En realidad, yo también pongo hoy la misma cara de pocker que pondrías tú si leyeras esta epístola. Has tenido un protagonismo de todo punto injustificado en nuestras vidas. Injustificado, digo, porque no das para tanto. Lo único que te cualificó, y de forma coyuntural fue esa capacidad, nada desdeñable de influir en nuestra carrera profesional en el reconocimientos de méritos y otras prebendas.
Y es que uno, en ocasiones, ocupa más espacio del que geométricamente le corresponde, cosa que considero un cumplido, anyway, porque expandirse no es una propiedad habitual de los cuerpos, y en tu caso, es un mérito doble, porque, incluso, geométricamente, eres menudo. Otros cuerpos más largos y pasados han generado una influencia mucho menor e infinitamente menos horas de conversación que tu pequeña geografía.
Tu gran motor ha sido, sin duda, tu natural energía, tu incansable energía capaz de desgastarnos a todos, como un molino desgasta las puas.
Al tiempo, has sido un jefe encantador, sonriente y optimista, un auténtico encantador de serpientes. Aunque para ser justa, y esa es mi misión de hoy, has sido totalmente insensible a las horas de trabajo y a nuestros destinos y, francamente, creo que si has sonreido tanto, ha sido por la felicidad que te ha producido ensancharte a nuestra costa como un air bag contra el habitáculo, sin el más mínimo miramiento.
Hemos sido ranas, y la rana es rana, aunque esté baqueteada y el escorpión, escorpión, hasta el final.
Esa ha sido, finalmente, la razón de mi resistencia, mi recalcitrante intento de que no me engullas.
Ahora soy una mujer más madura, que comprende los procesos, las dinámicas corporativas y los juegos políticos más complejos. Pero, sincerelly, fuera de la oficina me habrías durado tres asaltos.
El capitalismo más oportunista y un cierto machismo posmoderno han corrido de tu parte. Pero poco más, sigo en mis trece, sin zanahoría que roer, jodida y radiante, totalmente libre de tu influjo.
Yours faithfully
Amelia

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Ponte en mis zapatos

Hace ya algunos años leí un eslogan corporativo que interpelaba al empleado ¿te pones en los zapatos del cliente? La frase estaba acompañada de una foto en la que dos niños jugaban a eso, a ponerse zapatos que no eran suyos sino de otros con pies mucho más grandes. Ya entonces me gustó la idea porque significa empatizar y prestar un servicio al otro asumiendo que el tallaje sería diverso y que, en todo caso, eso no iba a ser un problema.
En las relaciones personales pasa igual. El otro día, charlando con mi marido, surgió la necesidad de profundizar en las razones del otro, en el dolor del otro, intercambiándose los zapatos.
Nos miramos y yo le dije -A mí me van a sobrar, y a tí te van a doler-.

Círculos

Círculos: geografía esférica formada por una continuidad de puntos cuyo origen y destino acaban uniéndose.
Ciertas historias o pedazos de ellas,
de forma redondeada,
empiezan y regresan.
No con el fatum del eterno retorno,
ni como teoría del destino
como pieza de cierre de lo imcompleto.
Es, más bien, como la fábula del escorpión y la rana,
una cuestión de naturaleza.
La naturaleza esférica
del largo plazo
de las aventuras estructurales
de lo vivido recurrente.
Lo importante, al fin,
que vertebra lo accesorio
y le impide
centrifugar.

martes, 3 de noviembre de 2009

Mi madre

Mi madre ha sido, sin parangón, la mujer más maravillosa que he conocido en mi vida. Y lo digo ahora, con esa distancia que ha nacido de la búsqueda de las grandes respuestas. De pequeña, mi madre hacía tartas con forma de tren, de casita, de puercoespín y a mí, todo eso, me parecía normal. Aunque también me preguntaba por qué siempre me daba embutidos cocidos en lugar de chorizo de Pamplona. Pero no recuerdo que al mirarla sintiera lo que siento hoy por ella. Sí sé, que el día que vino a buscarnos al cole con la mano vendada sentí miedo y desconcierto ante el hecho de que las mamás pudieran sufrir accidentes domésticos o estar enfermas.
Poco a poco descubrí que mi madre leía mucho, libros gordos, un concepto deslumbrante a los ojos de una niña. Fue, tiempo después, que aprecié sus maravillas. Porque Teresa, mi madre, tiene la habilidad cósmica de proyectarse. Así, tenemos a Teresa y sus maravillosas plantas, lustrosas como magnolios brillando al sol. Teresa y su pintura, prolífica y colorista. Teresa y sus menús deliciosos, pimientos asados hasta parecer golosinas, verduras casi fundidas entre sí como amándose. Teresa y su gestión de la economía. Teresa y sus pequeños detalles de coliflores con piruletas y pajaritos con lunares.
Primorosa con las formas, mi madre ha sido, sobre todo una gran mujer de contenidos. Ha sido una mujer muy sabía. Pero más allá de su habilidad para atar los cabos sueltos del análisis, siempre fue soñadora, soñadora despierta, para ser más precisos. Y gracias a esa cualidad creativa y generosa, todos hemos tenido maravillosos trabajos bien pagados y bien valorados en los que éramos felices, teníamos éxito y conciliábamos a las mil maravillas con nuestras preciosas familias. Todos hemos tenido las más satisfactorias vidas en sus sueños porque, en el fondo, era eso lo que ella quería para nosotros y también lo que ha querido para sí misma.
Mi madre ha gestionado después la realidad, a menudo menos completa y plena que en los sueños, y lo ha hecho excepcionalmente bien, fuerte ante el dolor, paciente ante la desesperación, templada ante el fracaso, como una virtuosa clásica.
No ha habido ni una sola vez en que mi madre haya flaqueado en vivir cada instante, jugando como los niños, entregando su tiempo, iluminando los rincones oscuros. Y es que mi madre tiene una luminosidad esférica, una suerte de amanecer perpetuo que, como a borbotones salidos de la boca, encienden el espacio que habitamos.
Consejera experta, es conocedora de mil secretos en confesión, dueña de esas verdades como puños que las conversaciones amasan, a partes desiguales de empirismo y deseo.
Mi madre ha surcado los mares del índico, atravesado mil veces los fiordos noruegos, ha poseído mil propiedades de ensueño porque nunca ha dejado que la realidad le estropeara una buena ficción.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Ana

Ana acaba de lanzar uno de esos discursos redondos plagados de ideas-fuerza y elocuentes pausas. No hay nada que más me emocione que un buen discurso político y aunque no lo presencié la conozco tanto que puedo reconstruir la parte en que ella mira un poco a ninguna parte, chasquea un instante la lengua contra el paladar y afirma grandiosa: -me voy se esta empresa por motivos morales (pausa) porque no me gusta nada como tratáis a los trabajadores, básicamente.-
De haber estado en la habitación donde todo ocurrió habría querido aplaudir y gritar “bravo, bravo” al tiempo que lanzaba onomatopeyas deportivas y levantada un puño en señal de victoria (no de victoria sindical sino de victoria olímpica porque en estas lides soy fanática de Ana).
Ana ha estado espléndida, valiente y linda como un lienzo de Bottichelli, desgranando una por una las verdades del barquero de su cambio de empresa. Verdades y razones que nos visten o nos desnudan, como en este caso, y contribuyen a desquebrajar la tela de araña de imposturas, travestismos profesionales y demás mentiras que suelen hacerse en nombre del amor, el compromiso y la lealtad.
Ana sale del armario e ilumina nuestra fe en la humanidad. Ana ha pasado como Jesús sobre las quebradizas aguas de las falsas promesas –En Enero hablamos de lo tuyo-.
“Ya no os creo”. Subraya Ana, con su carita de muñeca, “Quiero cambiar de vida, cambiar el color de mi pelo, cambiar de casa, de país, cambiar de mundo, de universo, de alma, de cuerpo, de cosmos, de destino…y vosotros no podéis darme nada que yo necesite en este viaje”.
Anita es así, dubitativa antes de los saltos decisivos, salta más lejos y más osadamente de lo que su imagen dulce y frágil hubiera podido insinuar. Leal a sí misma hasta el final infunde en los saltos la velocidad de quien se sabe en el lado correcto del abismo.
Magnífica para escuchar, colaboradora nata, siempre da y siempre recibe algo a cambio sin necesidad de súplica.
Ana persigue sus sueños y el camino, se va tornado en parte del sueño y poco a poco, el sueño ya es el propio camino. Como Ulises navegando hacia Ítaca.
Ana siempre hace las cosas a sabiendas. Ana es libre y no traspasa a las excusas ni al tiempo la responsabilidad de sus actos. Hasta para gozar Ana está determinada al gozo o la evasión o a la pereza. Sin culpa, vive una vida que a sus ojos se expande como el Big Ben.
Ana, bravo por tu generosidad y tu determinación, Brava, bravísima.

jueves, 29 de octubre de 2009

Inner Fight

Grito, relincho, cacareo
Pues animal soy
Que acepta sus crines
Su cresta, su garganta.
Lucho, me bato
Arcipreste y contorsionista
Gallo de pelea.
Aprieto las quijadas
Caballo de llanuras astures
Sin riendas.
Animal inquieto resoplando
Y niña encogida en frías cuevas.
Grito, relincho, cacareo
Y tan sólo sueño mi pasto tierno
El viento del norte
Mi humana mitad
Mi corazón de aguacero.

Las malas lenguas

Dicen las malas lenguas
Deslenguadas y perversas
Ajenas y sectarias
Que en la casa
Hay pelusa en los rincones
Que la moqueta verde está ajada
Pegajosa de juegos y atropellos,
Que reina allí, dicen ellas, las lengüinas,
la anarquía y el tropel de quehaceres
siempre pendientes de un hilo
mal hilvanado.

Dicen todo eso,
Esas lenguas lengüinas ignorantes
Heridas de dolor infantil curado a tortas
Lenguas resentidas de triunfo insuficiente.

Ellas no saben
Que en casa
La inocencia salvó nuestras vidas
El juego experto en la vieja moqueta
Y el tiempo ganado de niños
Sin limpiar pelusas
Que luego duelen más en el alma
Que el suelo.

Búsquedas subacuáticas

He buceado el alma como un animal inquieto
Con apariencia de paz y párpados mecánicos
Como si me apretara la escafandra del recuerdo

Hubo tiempos fáciles de versos corridos
De lágrimas rodando en manantial silente
Aún entonces las lágrimas eran augurios
Y corrían libres y presas de su causa.

Comprendo que busco como en un desván
Los cacharros perdidos de un mundo submarino.
Estoy rodeada de certezas firmes
Y de miedos tiesos pétreos como estatuas
Y miro mi paisaje común
Caballitos de mar
Hipocampos
Y colores poliformes
Como versos que tengo enroscados al cuello fantasma.

Los héroes caidos

Que gran engaño es crecer
Y ver caer a nuestros héroes
en aceras opacas tornasoladas
como a simples hombres.
Que decepción cuando se busca
Se indaga
La esencia de las cosas
Puras tibias transparentes
Y no encontramos
Sino cojas mentiras
Verdades inocentes
Y caemos
En el picado abismo
Y como dudas
De carne y hueso
De frío y rubor
Viendo las cosas
Los mundos
Y los héroes reducidos
a una calle llena de gente perdida
neutra indescifrable.

La tregua

No es que me cruce de bazos
Y saque mi vestidito de conformista
Que me hace sentir en paz.

No se trata de dejar la lucha
Porque no valga la pena
Ni porque se haya ganado la guerra

No.
Los sucesos insidiosos tristes
Evanescentes importantes
Siguen aquí
Junto al resto de cosas
Que aparto temporalmente
En señal de tregua.

Caótica

Cuan difícil es a veces
Tras horas y días
De estómagos titilantes
De hipotélamos trémulos
De párpados enfebrecidos
Ordenar los ciclos
Agrupando como colecciones
Como compendios
Como enciclopedias
Con sus tapas bien cosidas
Y sus índices imaginarios
Las cosas vividas.

Cuando difícil despreciar
De un trabajo racional
Esquizofrénico
Los detalles superfluos
Los colaterales
Los anexos.

Dificultad mayor no hay
Sino aquella que ignora
De la vida entera
La comprensión fugaz
De los lugares entrópicos
Las cajitas de recuerdos
Los momentos despreciados
Las hojas de un libro viejo
Perdidas
Perdidas
Perdidas
Perdidas

Despedida

De acá para allá
Como una hoja ínfima
Libre como un tierno papel
Liviano como un poso de café
No se cuando
Un día cualquiera
Cuando el viento sople lo bastante
Y sea como dejarse llevar
En el amor
Volaré.

Llegará ese día
Como otras veces
Y seducida
Maravillada al mundo
me arrojaré
y aterida de vértigo inmenso
como una piedra cualquiera
al borde de un precipicio
no sé cuando
cuando me aburra de pastar
justo al lado del abismo
saltaré.

Y un día de estos
Me habré ido
Y con suerte serás consciente
De mi naturaleza finita
Del confín del tiempo
Y la premura del abrazo
Que tal vez
Hubiera logrado
Retenerme.

(Porque somos también todo lo que hemos perdido)

Maldito cabrón

Si fueras alma.

Las almas no tienen confín
Ni riendas

Si fueras alma
Desasido del mundo
Volador

Si fueras alma
Que no paga impuestos
Ni vota
Ni grita puta


Si fueras alma extensa,
Dolor y ansia,
Miedo de niños,
Todo sería perdonable
Por amor
Como tú dices.

Pero tu alma linda
Está maltratada
Por ese ser que eres
Que la ahoga
Por tu carne de despiece
Y feos confines
Donde la habitas

Si fueras alma
Hace tiempo
Que habrías dejado
El muro frío de fantasma
Para ser hombre.

Valientes

Si me quito la mordaza
Hoy
Los zapatitos de valiente
La amargura del corazón
De la almendra
Del que juega a hacerse el fuerte
Si me quito el freno
Y me deshilacho
Si me suelto las venas
Y vuelo como un pájaro.
Si pierdo el miedo a morir
De duda y de fracaso
Si sigo caminando
Como si cada paso
Mereciera la pena
No pensaría un segundo más
Aplastado como un botón
Neutro como un segundo
Este segundo de pregunta metódica
De reflexión insomne
Y filosófica pausa.

Pero hoy sé más cosas
Hoy estoy más cerca
del alma ajena
y de la mía
de la facilidad que es
realmente
quitarse la mordaza
perder el miedo
y reconocerse.

Amor a primera vista

De pronto me miras
Me atraviesas
Me das
Un instante
Un golpe
Una confesión
Me miras
Te desnudas
Me desarmas
Con esa mirada
Clara
Penetrante
Monosílaba.

De pronto me miras
Y yo
Que tenía reservado
El rearme
La guerra fría
La táctica de repliegue
Me quedo
Tan crucificada y dulce
Como si la luz
Pudiera rebanar
Las capas de acero
De mi alma prudente.

martes, 27 de octubre de 2009

Happy hour

Hay que estar alegre y dicharachero, optimista y risueño porque cualquier personalidad oscura supone un incordio.
Yo creía, y aún lo creo que uno nace alegre o meditabundo, es decir, uno nace con propensión a la alegría o a la timidez. Se nota perfectamente cuando un bebé, por ejemplo, llega a casa. Su forma de llorar, su intensidad, sus silencios, todo indica un carácter innato en ciernes. Es verdad que la experiencia lo moldea pero no lo crea. Es después, con posterioridad a ese reparto natural de personalidades cuando a uno le ponen en terapia para ayudarle a gestionar su turbio armazón. Pero siendo, como soy, defensora de la psicología como herramienta de ayuda, considero que los esfuerzos dialécticos que la acompañan ayudarán, a lo sumo, a "aceptar" que uno no es un optimista antropológico (no parecerme a Zapatero me parece un cumplido) sino un alegre intermitente, un alegre mestizo que, en ocasiones, deviene mohino y poeta.
Los esfuerzos terapeúticos nunca podrán hacerte un alegre estructural, de esos que se carcajean en la cola del pan.
Vivimos, sin embargo, tiempos de choteo permanente. No en vano, en tiempos recientes las sonrisas, y no la razón, han cambiado gobiernos. Poco más que una sonrisa allanó el camino a Zapatero para hacerse con el poder (frente a un odioso bigote). La sonrisa de ZP fue la versión encarnada de la sonrisa diseñada gráficamente para Maragall en la campaña de las catalanas que tanto aire fresco traía frente al moho de los recios y decimonónicos armarios catalanistas. Vale, sí, habría otros factores, pero los estrategas electorales del PSOE, lo mismo que el propio pueblo sabíamos que apetecía sonreir sin mirar ni adelante ni atrás, que una sonrisa era la mejor tarjeta de visita de un cambio político.
La sonrisa como resorte infalible tiene, no obstante, algunos límites. El primero es la suficiencia de medios materiales, es decir, la sonrisa brota, salvo en las sonrientes culturas del tercer mundo, cuando al menos está la tripa llena. La segunda limitación es también material "la sonrisa es tan grande como uno es capaz de abrir la boca". Pero uno puede estirar un boca hasta un máximo en que la sonrisa se convierte en mueca. Y he aquí el quid de la cuestión, ni somos clochards a sueldo (a veces no apetece sonreir), ni transformamos la realidad a base de sonrisas (sonreir no es la solución). Por muy dulces y genuinos que sean ciertas sonrisas su capacidad transformadora es insuficiente a la luz de la historia universal.
La boba sonrisa autosuficiente también pospone el debate y retrasa sine die la asunción de responsabilidades: es la sonrisa como excusa, una sonrisa burlesca que nos dice: "Cherie, no pienso hacer nada al respecto, puesto que detesto discutir, pero te regalo esta preciosa sonrisa" y una se queda, con cara de mema, sin saber que añadir. Milagros de la comunicación no violenta.
Ayer un jefecillo al cual estoy subordinada me regañó públicamente por no alinear adecuadamente las viñetas de un documento. Tras seis años de universidad y diez años de trayectoria profresional, me ofendió quedar relegada a formateadora de primer año pero aún así pensé en justificar mi impropio error, -no tengo tiempo-añadió el prenda, dejándome con la palabra en la boca. Ni siquiera pensé en sonreir. No sé, quizás no era mi happy hour porque en lugar de sonreir diplomáticamente, lo que me hubiera apetecido era mandarle a la mierda.

viernes, 16 de octubre de 2009

Mi pradera gris asfáltica

No poseo el ancestral regalo de un verde horizonte o de un horizonte azul centelleante. Mi imaginario está lleno, en cambio, de autobuses comunes plagados de mujeres lectoras con sus bolsas del almuerzo, funcionarias, jóvenes administrativas, señoras de la limpieza de mediana edad y alguna abuela que acude a su puesto de auxilio familiar. Siempre hay dos o tres hombres para testimoniar que trabajan tan insultantemente cerca del trabajo que no merece la pena sacar el coche.
Hay mujercitas españolas pero también rotundas caribeñas con sombrero. Las damitas van bien coloreadas con sus bolsos y complementos, con sus ediciones de bolsillo, con sus bolsas de papel con el tupper y una rebequita por si, a causa del a/a, refresca.
En mi paisaje interior no hay, por ende, henares ni eras. Están, en cambio los jardines del BBVA, de la Casa de América, de la Biblioteca Nacional y el Hotel Villamagana. A mí, más que a Tita Cervera debería doler la tala de los árboles del Paseo del Padro, pues es ese mi bosque encantado.
Es mi epopeya una causa sin héroes porque a quienes premió mi mundo les gusta más sus plazas de aparcamiento reservado y pocas veces, quizás jamás, compartiremos autobús o parque o tartera. Los premiados no deambulan, están recluidos en acristaladas salas hasta el mes de agosto en que empaquetan pertenencias y huyen, preferentemente a un barco en medio del mar.
En mi pradera gris asfáltica hay personas que corren para atrapar el escurridizo autobús, que acuden decididos a sus puestos a los que llegan tarde, a los que ya no llegan.
Somos los normales urbanos, los que tiramos del carro indicados por un conductor debidamente pertrechado de látigo y plástica zanahoria importada de china, que ni sabe a zanahoría, ni es, en realidad, una zanahoria.

Una parte de tí

En ocasiones descubres
en el rincón más inesperado
una parte de tí
dormida.
La miras,
no desde fuera
como un fantasma
sino escrupulosamente
metida en sus zapatos
viendo por sus ojos
gozando con sus saltos
y sigues bailando
feliz con ella
feliz ante el reencuentro
sorprendida por la verborrea
incesante y jovial
de aquella mujer
valiente y viva.

Incapaz de ceder
a la equidistancia
la acompaño a casa
casi amaneciendo
-Duerme a mi lado-
le digo,
hay sitio de sobra.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Reflexiones en el 14

Recien inicio un periodo de crisis generacional todos (profesionales, madres y consejeros varios) insisten: hay que ser adulta y RE-LA-TI-VI-ZAR. Hay que ACEPTAR y cejar en el empeño de RE-BE-LAR-SE. Añaden "Esto es lo que tienes", "No queda otra", HAY-QUE-TIRAR-PA-LAN-TE.
Cuando ya he mesurado la dimensión de mi propio drama personal y lo relativizo, comienzo a reflexionar sobre la naturaleza de la terapia propuesta. Deduzco que la batalla no tenía como premio la victoria, sino la supervivencia, que el problema lo generan las altas expectivas y no las pobres realidades.
Hay, sin duda, una medida existencial en el asunto, una sentencia casi animal por permanecer sin condiciones. Como una ley natural que se impone a todo lo demás. Sobrevive el que gestiona la realidad y doblega el dolor y la frustración y con ello triunfa. El otro, el idealista, tiene un problema de falta de aceptación y acaba bien jodido o reseteado.
Aceptar no es resignarse, apuntan. Menos mal, porque entre líneas y por lo que socialmente nos toca, en esa resignación vital veo, TO-CA-PE-LO-TAS, entre líneas, una triste conformidad de estoico antiguo, de labriego mecánico, de desheredado afín y mecano fordista. Ese, anda, toma pan (de antequera) y circo (del sol) y no des más el coñazo.
Leo en esa retórica neutra y aceptona, una renuncia estructural, una indiferencia FI-LO-SO-FI-CA, tan paralizante, al fin, como el sistema de castas o la reencarnación que pone a cada uno en su lugar.
Yo, en cambio, me agarro a mi libertad pequeñita y disconforme, y casi le tomo la ínfima mano, por si acaso llegue el día de darle un paseíto transformador al mundo.
Cambiar el mundo no como entelequia socialdemócrata sino como compromiso que uno adquiere como individuo libre y responsable que toma las riendas.
Buscaré dentro y fuera, danzaré y lloraré otra vez en el autobús porque llovía y los plataneros del Prado se erguían libres de tala y El Botánico, al fondo, seguía debiéndome un paseo de otoño. Me sentiré viva. Cantaré en bodas y bailaré en pistas vacias y habrá quien crea que estoy loca (y yo lo tomaré como un cumplido) y no aceptaré que basta con ser carne que circunda y se conforma en un civismo paralizado y oportunista, ni con una literatura barata, ni con unos partidos en decadencia que aburren a las ovejas o unos compatriotas ajenos a la reforma del sistema educativo, la política energética o el futuro de las pensiones.
Mejor participar, mejor danzar, antes llorar que quedarse quieto. Antes bloguear que quedarse mudo.

Bienvenidos al exilio

"Exilio": Separación de una persona de la tierra en que vive
Existe el tópico comunmente aceptado sobre el dolor del exilio. No cabe duda de que puede resultar doloroso abandonar el país que uno ama. Pero no siempre. El mundo está lleno de gentes que se separan gozosamente del lugar en que viven porque se puede ser feliz en cualquier parte (o en ninguna). Pero también puede uno separarse sin irse del todo, tomando, como dice Victor Pérez Diáz ese hábito de la distancia que otorga a uno la capacidad de ver las cosas con templanza, desafección y espíritu crítico.
Hace varios años que vengo sintiendo una especie de exilio interior, una suerte de extrañación ante este país nuestro, no incluyéndome en sus mayorías de uno y otro signo y anhelando paraísos pasados (tiempos de agora) o futuros, en que la ciudadanía fuera un lugar enriquecedor y apasionante y no, como percibo, un territorio sectario y manido que me aburre mortalmente.
Por otra parte, las reuniones en torno al vino, las comidas en el chino con JC y otros grandiosos foros de debate, acababan siempre en buena crítica social sin más eco que los pocos aunque selectos contertulios de mi exilio voluntario. ¡Basta de circunloquios!
Me niego a los límites de un discurso melancólico.
Abandono la soledad librepensadora y busco apoyo.
Exiliados interiores, happyswifters, votantes indecisos, desviaciones típicas, salid del armario. Compartamos tierra y libertad sin etiquetas, sin ofuscación. Ciudadanos libres, unios.
Bienvenidos al exilio!!!