jueves, 25 de febrero de 2010

La belleza

Aprovechemos esta lluvia gris, este silencio. Usurpemos el sentido cinematográfico que siempre tuvo una mañana gris de lluvia para evocar la belleza. Que nos salve, que no nos salve de lo que es peor que la lluvia y el silencio. Que nos salve, que no nos salve. Que nos convierta en lo que somos, lo que no somos, en aquello gris y lánguido, como la lluvia. Que nos convierta en cambio en esa variación de violín en la que los dedos hacen vibrar un mí de película. Y es como si de repente, volásemos en bimotor sobre los baobab en lugar de sobre los badenes asfálticos de las ciudades en crisis. Seamos valientes, seamos hermosos como un bodegón de porcelana china en la ventana, como el visillo que vuela, como un bimotor y los baobab afuera, agitando sus ramas como un vibratto de violín en la escena final.

lunes, 22 de febrero de 2010

LOGSE+bonanza económica+postmodernidad=una generación merecedora de una estancia en la isla del señor de las moscas.

Oye…sin exagerar. Qué pandilla…que absoluta falta de educación, de valores, que poca contribución al bien común, que pereza.
El fin de semana tuve uno de esos encuentros intergeneracionales rodeados de ni-nis, universitarios petulantes en vías de licenciar, vigoréxicos remasterizados y pretendientes a becarios multinacionales. Todo empezó con la petición de banqueta a un grupo de jóvenes sanos y veinteañeros con la finalidad de acomodar a la amiga embarazada en conocido bar de la cava alta. El ocupante de la banqueta me mira con cara de asco y me dice tras resoplar de viva voz ¿a ver el bombo? Mi cara lo decía todo: “gilipollas-medio-cocido…¿de qué coño vas? ¿le regateas la banqueta a una embarazada? ¿o es que eres tan mezquino que das por hecho que te estoy haciendo la trece catorce para pillar la puñetera banqueta? Decidí no pasear a mi amiga cual mono de feria y busqué la banqueta por otro lado. Aunque luego me quedé un buen rato despotricando contra la falta de humanidad y de consideración mientras el atleta desganado se hacía el digno supuestamente recuperándose de una lesión (probablemente mientras se masturbaba sin tregua hasta la luxación).
Cuando aún no me había recuperado de la decepción social comprobé: 1) que parte de las chicas no casadas ni madres de mi grupo de treinta-y-tantos apoyaban a los jóvenes cansados e insolidarios bajo excusas del nivel intelectual de “las embarazadas no deberían estar en un bar” o “un bar no es lo mismo que un autobús”, y 2) que todavía me iban a aplastar contra la pared para hacer hueco y ante mi demanda de disculpas me increparían “¿y yo que culpa tengo si a mí también me han empujado? -Ah, perdón-, debí añadir, -gracias por compartir conmigo la fusión de cuerpos joven y atlético mamón de mierda…- en su lugar me volví a enzarzar indignada. Él líder del grupo se dio por aludido, a pesar de que me había empujado su amigo y no él, y espetó “déjalo fulano, no merece la pena, es una conversación perdida” como si fuera Jesús separando las aguas y yo una loca de atar, a lo que yo contesté enrabietada “Venga, ya habló el filósofo, pero ¿de qué vas? ¿Aquí lo único que pasa es que sois incapaces de pedir disculpas? unas simples y llanas disculpas de cortesía (y después reconozco que se me fue la pinza increpando argumentos a medio camino entre la sorna por las teorías de la conspiración y las cañas acumuladas) ¡lo que pasa es que la culpa de que empujes es de Aznar, de Zapatero, del FMI! ¡Anda ya! Al final se fueron en plan digno porque esta calaña sin educación nunca mete la pata, sólo tienen derechos y están todos por encima del bien y del mal. Yo solté un par de lágrimas porque de veras me dolió la ausencia de una mínima civilización, de un mínimo ápice de amor al prójimo.
Cómo dice Anita: “es la LOGSE que ha hecho mucho daño”. Y yo añado y la bonanza económica que mientras duró les dio la injusta sensación de eterna abundancia y brillantes futuros. Sólo se me ocurre que prueben una ración doble de su propia medicina, una lucha cuerpo a cuerpo del “sálvese quien pueda” entre ellos, sin reglas de cortesía, sin abundancia ni confort en la isla del señor de las moscas, como escolares malcriados jugando a la guerra. A ver hasta donde llega la fiesta, sin papá y mamá pagando erasmus y mojitos en la latina, sin amortiguadores para la frustración o la más elemental consideración ante la debilidad ajena.

jueves, 18 de febrero de 2010

La vergüenza

En la inmortalidad de Milán Kundera se habla de la importancia del modo en que a uno le alcanza la muerte. Y es que la certera hora otorga la fama y la trascendencia como una capa de armiño con la que uno avanzara hacia el Olimpo. Resulta relevante pues, en un sentido teatral, si uno muere fulminado por un rayo en el camino de vuelta a casa tras salvar a media humanidad o si en cambio a uno le atrapan las parcas, de un soponcio seco y tras un largo hipido, en el único día en que a uno le dió por disfrazarse de pollito amarillo.
A los presidentes de los gobiernos les viene pasando, desde hace tanto, algo parecido. Al final metafórico de sus días de gloria les sigue una suerte de deformación grotesca de su imagen y sólo aciertan a abandonar el cargo hasta que ha ocurrido este hecho. Es como aquella vez en la que jugábamos a sujetar el cabo en la popa del barco. Perdía el que soltaba antes la cuerda, ganaba el más resistente. Eso sí, se desaconsejaba morir ahogado. Yo casi me trago dos litros de agua antes de que el patrón parase el motor ¡Pero hija! ¿Por qué no te sueltas?.
Pues eso…y lo peor es que esto ocurre en el contexto de la encuesta que acaban de firmar Víctor Pérez Díaz y Juan Carlos Rodríguez y que analiza la desconexión entre la sociedad y la clase política españolas. Los autores analizan la situación del país ante la crisis como fruto de los comportamientos respectivamente pasivos y autocomplancientes de ciudadanos y políticos, alerdados por la dulcura de la bonanza y ahora aturdidos por la inapetencia y la falta de nervio para salir de la crisis.
Y yo me pregunto Presidentes, aspirante y comparsas todas ¿Para qué aguantar hasta que la vergüenza te sacude de tal modo que tienes que desaparecer del país durante unos años y tardas décadas de terapia en rehabilitarte como persona si a los españoles les importa todo un pijo? ¿No será, queridos amigos que a la clase política también les importamos lo mismo? Una vez le escuche decir a una política de provincias emparentada con Aznar quejarse del enfoque del partido en su región. Su bella simpleza me dejo boquiabierta: tenemos que hacer cosas que le importen a la gente…
Así que gente, espabilad, buscad la importancia, el sentido, el valor, pensad un poco ¡que es gratis!, venced la pereza y la indiferencia, luchan contra la desafección, la desconexión y esa estúpida sensación de que todo se pasa con una caña. El futuro importa, la dignidad también. ¡Ala chicos, a mover el culo, si no queremos quedar al final como pseudo civilizados pollos chamuescados por el rayo de la mediocre vergüenza!

jueves, 11 de febrero de 2010

Ah no, no señor

Por un instante una inmensa pena se expande,
la mirada se expande,
es ántrax melancólico y aburrimiento posmoderno,
la insatisfacción como musa del poeta.
Por un instante, una está dispuesta a sufrir románticamente ad aeternum.
Hasta que llega el 14 y una es consciente de toda esa pena inútil, de todo ese dolor intangible y mal dimensionado que no sirve para nada, o sí, para reafirmar que una metió la pata de principio a fin.
Por qué elegí si no el caos en que ahora divago. Por qué amasé ufana una vocación laxa que ahora pesa como mil alforjas. Ah no señor, no estudié ADE ni me empeñé nunca en una concreta ambición. Nunca soñé con ser broker ni auditora, ni actuaria, ni cosmonauta. Ah, no, preferí volar y brincar y aventurarme y por eso ahora estoy desclasada y aturdida como una feriante sin feria.
Podría haber buscado una pareja afín, un-novio-te-toda-la-vida. Alguien con facilidad para entender mis claves que compartiera pasado y pereza y no se desesperase con la historia de mis días. Pero ah no, volví a amar al portador de una mirada limpia sin más prueba de validación por esa razón insensata del amor.
Pude adaptarme, adular a jefes y adjuntos, pude cerrar la boca y contemporizar. Pero no, no señor, tuve que rebelarme y juzgar sarcásticamente a los premiados sin mérito. No, no pude contenerme. Hubiera bastando con morderme la lengua pero no, no-se-ñor, me coloqué estratégicamente, pro-ac-ti-va-men-te en el lugar de una mosca cojonera.
Que más puedo pedir si he conseguido todo lo que siempre me he propuesto en la vida.
Señores, señoras, me he mantenido firme y entera en lugar de utilitarista y servil. ¿Qué es una vida? ¿No es acaso una sucesión de días? Por qué elegimos entregarla sin más contraprestación que unas pocas monedas y unas palmadas de conmiseración de los otros que también renunciaron.
Yo no renuncio a ser libre aunque duele. Para que vamos a engañarnos. Hay que pagarla y la recompensa es la sensación de conquista, un haz de luz cegadora y una razón fascinante no para para entregar la vida sino vivirla.
Y si en el amor tampoco busqué la comunidad de un igual, de un compañero de clase, intelectual, narcisista, posmoderno fue porque continué buscando la luz, la claridad diurna y una suerte de identidad auténtica y una certeza, con este hombre nunca caminaría a oscuras, aunque ninguno de los dos sepamos realmente hacia donde ir. Bueno sí, hacía el resplandor áureo de un blanco fermentado en barrica o hasta una cama llena de pijamitas y cabellos enroscados, al puerto de nuestras almas de padres.
Por eso os digo, ah no, no bajéis la guardia, desconfiad del camaleónico neutral, del triunfador multiusos, de las perfectas sendas, de las entregas vitalicias. Abandonad las pistas, sobrevolad los cielos, la uniformidad es también una mordaza.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Rostros contra los cristales

Desolada,
como rostros contra los cristales
los días de lluvia.
Analítica porque una contempla
lo minúsculo que quedó un proyecto
con vocación planetaria.
Desprevenida porque cambió la geometría del viaje
Y en efecto, el viaje se volvió destino,
e Ítaca ciudad de vacaciones.

Recurrente y cíclica
como el mandala
de vuelta a despachar asuntos y hacer balances
una asume que perdió trenes y conquistas
que hubo lo que quedó desgajado, incompleto
en ruinas,
donde una, rota de amor,
admite ojiplática que llegó muy lejos
allá donde nunca pensó ir
y aquello otro que guardamos en cajitas y mitocondrias
porque aún hoy es alimento ancestral e ilumina
la vida que se va escurriendo
como rostros contra los cristales.

jueves, 4 de febrero de 2010

Gonzalito

Gonzalo, a veces te veo subiendo el autobus, picando el billete con una especie de zurrón al hombro. Cabizbundo te acercas por el pasillo central pero no llegas, te diluyes, no eres tú. Otras veces te veo por la calle, a la hora del aperitivo, paseando un perro y me sorprende porque no es ninguno de tus perros. Siempre te veo en hombres delagos, de elegancia afilada con el descuido propio del que es elegante de nacimiento y nada tiene que justificar a los advenedizos.
Hay días corazón (ahora tú dices, "hay días ¿qué, higadillo?") hay días que veo tus ojos en el super, escogiendo las manzanas más relucientes y suculentas. -"Hace mucho que no hago manzanas asadas"-, dices.
Pienso en tu madre, Luz y en tu hermano Enrique, que estaba francamente abatido en tu funeral y no puedo ni imaginar como sobrellevarán el hecho de verte por todas partes y descubrir al rato que es imposible, que es como cuando uno siente que quiere rascarse la pierna amputada, un reflejo, un apego, una subversión porque seguimos pensando que nuestra vida es peor desde que ya no estás tú en ella.