martes, 30 de marzo de 2010

De la luz y otras batallas

Ayer culminó el penúltimo intento que he emprendido para cambiar mi vida. En verdad, como diría la biblia, que no logré mis objetivos. Pero también os digo que logré otros que no esperaba. Donde antes había silencio hoy hay información, donde antes había miedo vestido (que no disfrazado) de dignidad hoy hay dignidad desnuda.
Todo viene a confirmar la teoría de “mover el culo” tantas veces aludida en este blog. “Mover el culo” frente a la apatía del aparente conforme y frente a la apatía del resignado. Ambos tristes, ambos opacos, no dejan pasar la luz.
No os voy a engañar, lo he pasado muy mal y este fin de semana todas mis frases empezaban por NO. El dolor no era intenso pero si denso y se metía, gracias a la porosidad del elemento, en mis huesos y en mis sueños.
Aunque el dolor es coyuntural, a ciertas dosis olvidadizo y fugaz. Y lo que queda después, una breve cicatriz de bucanero existencial que se rasguña por probar la miel y la hiel de la batalla.
La luz está detrás, siempre detrás del objeto oscuro. Allí voy, tal vez como ese viaje a Ítaca en el que alcanzar el destino, es lo de menos.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Tiempos de poemas o renuncias

Abrázame.
Hace frío y soy hija de tiempos de poemas
tardes junto a la ventana
abetos solitarios, inmensos
y perros moviendo la cola.

Todo lo que soy o casi
es directamente proporcional
a las veces que abrí el cuaderno
con mi poema express en la mano,
no por una regla aritmética pura
sino por las experiencias dejadas en mi
desde mis ojos
en ventanales
sobre abetos erguidos
y parejas en sus últimos días.

Hoy miro en derredor y sé
aunque perpleja
lo sola que siempre estuve trovando
y lo maravillosamente minoritario que fue
el esfuerzo y el deleite.

Afuera hay en cambio
materialismo barato
y oportunismo vital masivo.
Nada grave salvo que uno
debe renunciar a todo
para conquistar una parte ínfima
de la gran multinacional eco-responsable
o ser
expulsado como rayo cósmico.

Habrá que volver sin prisa
al ventanal proyecto de ser
mujer poeta que alcanza sus sueños
porque sueña
que llega a lo más alto
porque vuela.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Pensamiento líquido

Hace un par de días hablaban en la radio del pensamiento líquido a la sazón del supuesto marco estratégico que incita a Zapatero a hacer cada día un “moná” distinta. Y yo pensé, mientras iba de un sitio a otro de la cocina (necesita un rediseño ergonómico, -no, Zapatero no, ¡mí cocina!) que más que errático o mal aconsejado a nivel teórico porque, ya lo sabemos, su marco de referencia es el muy ilustre socialismo de facultad y palestina, de manifa del primero de mayo y cañas con Sonsoles poniéndole ojazos..No, Zapatero es un bluf o más concretamente un ejemplo paradigmático de oportunismo político. No se trata pues de lo que uno piensa, sino de lo que uno hace y no es cuestión de pensamiento líquido ni sólido sino de oportunismo literal.
El eterno dilema entre lo teórico y lo experimental, entre lo estratégico y lo operativo encuentra remedio en el oportunismo para desgracia de las víctimas del msismo y muchas veces con regocijo del oportunista que lograr así sus metas quedando más ancho que largo.
Si miramos en la rae el término oportunismo, un término para mí infravalorado y redescubierto con gratitud analítica hace un par de años (thank you so much dear bastard!) en mi entorno laboral, encontramos lo siguiente:
1. En un primer sentido peyorativo:1. m. Actitud o conducta sociopolítica, económica, etc., que prescinde en cierta medida de los principios fundamentales, tomando en cuenta las circunstancias de tiempo y lugar.
2. m. Actitud que consiste en aprovechar al máximo las circunstancias para obtener el mayor beneficio posible, sin tener en cuenta principios ni convicciones.
Para mí, el oportunismo de Zapatero es en el primer sentido como ese “be water my friend” del anuncio de Bruce Lee. El oportunismo adopta, como el agua en una jarra, la forma de su recipiente, renunciado así a la defensa y aún a la permanencia de la identidad propia y la esencia para ser en cambio jarra o vaso o botijo…
Pero ojo, la confirmación de que uno es un oportunista de tomo y lomo no quiere decir que el oportunismo quede por ello desenmascarado y condenados al ostracismo sus valedores.
No, desde mi experiencia personal, no es infrecuente sino común encontrar un oportunismo de tipo 2. Por ello la conclusión es que no debemos ser tan listos, ni tan sensatos, ni tan civilizados, ni estar lo suficientemente alerta como para que evitar que un oportunista cualquiera venga y ponga su pica en el gobierno de España o nuestro inmediato alrededor . Be water my friend, piensa líquido…que estos tontos están en babia…
Oh, dios no hay nada peor que ser más tonto que el que parecía tonto...

miércoles, 10 de marzo de 2010

Los molinillos de viento

En mi bolsa de Hello Kittie atrapé los molinillos, los había a cientos y lo mejor fue liberarlos y verlos alejarse en alegre entropía. El resto de mi vida he seguido la senda de liberar cuantos molillos de viento he creído atrapados o insuficientemente voladores. Me maravillé no sólo con la mujer que sabía volar sino con el hombre que la buscaba, con el poema de Girondo, con todos aquellos pequeños detalles aéreos y felices como molinillos, los dulces besos de amor en los andenes, los abrazos chorreantes de Sara, las primeras palabras diáfanas de Javi. Y atrás quedan el resto de miserias terrícolas sin la menor trascendencia para mi alma.

lunes, 8 de marzo de 2010

La invisibilidad

Una de las características recurrentes de los estudios sobre género es la invisibilidad estadística. Cuando una se enfrenta a la tarea de describir un asunto, ya sea las tendencias de la economía, la evolución del empleo o el consumo energético resulta imprescindible contar con indicadores fiables e instituciones encargadas de recopilarlos. En los estudios de género, esta obviedad analítica, es el principal escollo. Porque lo que nos ocurre a las mujeres, trabajadoras o no, tiende a transcurrir en una nebulosa, en un limbo estadístico.
Seremos invisibles sí, pero no silenciosas, es más, tantos (y tantas) afirmarían que pecamos de ruidosa charlatanearía, de pertinaz rebeldía (esos latigillos que siempre acompañan al feminismo). Somos histriónicas y muy pesadas. Una eso lo siente y percibe con claridad cada vez que realiza su alegato en pro de los derechos de las mujeres (o sea de los míos propios, de los de mi hija…de los de mi hijo, añado, porque mis derechos también le pone límites). Quizás sí, en verdad seamos ruidosas y gritonas. Pero qué remedio tenemos salvo el grito cuando tan a menudo vivimos en la pura transparencia.
¿Cómo es eso de que ganamos un 20% menos? ¿cómo lo saben? ¿Qué indicadores usan para calcularlo? Y lo peor, ¿porque no son públicos? ¿por qué es esto legal? ¿por qué los sindicatos no se echan a las calles ante tal aberración? ¿Porque debemos contemplar desde el silencio la vía rápida de los hombres y las mil pruebas impuestas a las mujeres en su carrera profesional?. “Es que no te veo” repetía uno de mis jefes hace años para explicar mi ya histórico barbecho profesional tras mis dos maternidades. -“Es que no me miras”- le dije yo. Quizás es que también yo soy invisible como las ánimas y por eso despotrico y me enervo y desde pasillos bien lejanos es posible oír mi voz porque estoy aquí, estoy aquí entre las tantas cosas que no se ven porque no se miran, que no se miran porque no se quieren ver.
“En los consejos de administración (o en los consejos de ministros) estarán los mejores, sean mujeres u hombres”. Esa es otra buena. ¿y que me estás contando? ¿qué no hay mujeres brillantes, con criterio independiente y dispuestas a ganar 60.000 euros por 9 reuniones al año?. Será eso, falta de talento. O falta de tiempo, a lo mejor están planchando o mejor en la peluquería, que y en eso las mujeres se llevan toda la tarde.
Chicas, chicos, no habrá igualdad hasta que en un consejo de administración haya mujeres ineptas y sobrevaloradas y ministras torpes e insulsas cuyos nombres ni siquiera lleguemos a aprender. Hay mucho camino por recorrer, ánimo seres corpóreos de difusos vertices...

lunes, 1 de marzo de 2010

Aquellas pequeñas y grandes cosas que fueron ciertas

Ya no es que de gusto, es que ilumina la vida, cuando una descubre que algunas de las cosas que creímos un día eran ciertas, que de alguna manera residual y menor, permanecen hoy por razón de su importancia.
Es lo que ocurre cuando los sucesos sobreviven a las coyunturas y las anécdotas. Cuando lo sentido, lo es en un sentido estructuralmente marxista. O sea cuando algo es lo que es sin que el tiempo ni el olvido puedan cambiarlo.
El viernes fui a un concierto. El cantante del grupo, mi amigo Enrique Amigó, tocaba el saxofón cuando éramos adolescentes y veinte años después seguía honestamente esa senda de perseguir lo que uno es.
Todos éramos distintos aunque no excesivamente, todos teníamos sonrisas parecidas y parecidas y recurrentes nostalgias. Pusimos en común nuestros recuerdos como puzzles de una peli de los early nineties y todos los trozos eran verdad, unos pueriles, otros descarnados, todos parciales, mostraban el retrato real de los fuimos, de lo que somos, recordando fielmente sin engañosas salvaguardas las pequeñas y grandes cosas que volvieron esos años elementales para nuestra arquitectura interior.
Destaco una especie de satisfacción grupal de encontrar un tesoro (una amistad hermosa e impar como si uno vistiera calcetines de distinto color) y la inexperiencia de gestionar la conquista, la importancia de un sol que atardecía tras la montaña y unos poemas a ritmo de purple rain.
Ningún detalle es pequeño, como dice Ale. Y menos esos pedazos de verdad de entonces cuya vigencia ilumina aún hoyel 14 como un platillo volante y en cada giro, sonrío de felicidad y agradecimiento, porque esta vez ganaron los buenos y no el sarcasmo ni el desengaño, porque las cosas permanecen igual de hermosas y torpes como fueron entonces.