jueves, 29 de abril de 2010

Tipología del ser humano postmoderno

Suele decir Sabina en sus entrevistas que cuando dejó la “mala vida” se secó el caño de la inspiración. El otro día en un periódico puntualizaba que él decía que eso ocurrió porque cuando uno es feliz no escribe (no compone, no esculpe, no pinta) porque está viviendo. Supongo que entonces, contrario senso, cuando uno sufre “no lo vive” o no lo quiere vivir y por eso se detiene y dice, joder esto lo tengo que compartir…
Quizás sea tan sólo una excusa-de-autor-en-el-dique-seco pero lo comparto plenamente basándome en mi trayectoria literaria. Aunque añado, uno también puede “secarse” de vulgaridad y de normalización. A veces por razones distintas al dolor uno se convierte e un cualquiera con poco que contar. Y deja también de contar o cuenta sus recuerdos, otrora llenos de “no vida” que quiere compartirse porque es demasiado intensa para ser vivida a sólas.
En este contexto reclamo la tipología de locos, deprimidos, a la que ahora añado a los “grises polvorientos” que nos arrastran a una normalidad no necesariamente aburrida pero sí previsible, casi robótica, ajena al dolor pero también prosaica, sumida en un universo de gimnasios y otros hobbies prefabricados con sus comidas pre-fabricados, los paquetes prefabricados y las relaciones envasadas al vacío.
Así las cosas, uno va asumiendo que irá alternando una vida ciclotímica de culo de mal asiento con la melancolía propia del exilio si es que quiere seguir teniendo algo que contar.
- ¿Y los felices?- me pregunta mi amiga Geni. –Imposible, my dear, con los felices no podemos contar…están demasiado felices…viviendo….

A que huelen las nubes...

Cuando me pregunten a que olía 2009 les diré que a cristales rotos, a nieve en la cuneta, con un toque de sol radiante camino del tanatorio de Chiclana de la Frontera. También haré un esfuerzo por recordar el silencio de la oficina recalentada ese mismo verano y los secretos que al guardarlos duelen como un nudo en la garganta. Claro que después hubo más, olor a vino blanco sobre el malecón de Alcoceber y un arroz al horno en Can Roig y olor a sal sobre las felices pieles de mis hijos. Pero lo otro dejó una impronta tensa y triste en todo lo demás que logró obturar mis chacras, mi alma, mi conciencia.
Sé que en 2010 cambiamos de ciclo, casi una obligación cósmica cada 7 años. Y que según el horóscopo de ABC, cuya lectura recomiendo en horas bajas, me ofrecerá este año “el oro y el moro”. Que bonito. Que suerte. Estoy encantada. Y además es que quiero estarlo. No me queda otra que reinventarme, limpiarme los chacras, en especial el dos, y retocarme sin falta el corte de pelo. El resto son cicatrices mal curadas.

miércoles, 21 de abril de 2010

La historia de Luis Eduardo

Salía de la oficina como una working-girl destartalada, bolso en bandolera y gabardina al viento y me abalancé sobre el primer taxis disponible. La falda demasiado estrecha me impedía maniobrar y casi a plomo caí sobre el vulgar asiento trasero. –Buenas tardes- me espetó un clon de Luis Eduardo Aute. Esta vez estaba tan estresada de hacer contra-reloj un sinfín de tareas robóticas que tenía ni la más mínima intención de charlar con el taxista, así que me limité a darle las cordenadas y a mirar distraídamente por la ventanilla.
Sin embargo el comportamiento errático de “Luis Eduardo” atrajó en seguida mi atención y que poseía una habilidad inaudita de ir escogiendo por tramos aquellos más lentos, pesados y absurdos, alargando de este modo, no sólo innecesariamente la carrera sino crispando también mis nervios con comentarios conspiratorios contra el alcalde. Al parecer Luis Eduardo “y otra mucha gente” (de su grupo de izquierda unida, I guess…) creían que Gallardón había fraguado el plan de empeorar a propósito el tráfico de la Castellana con la finalidad de ganar apoyos para su criticado proyecto de soterrar la avenida. Yo escuchaba nerviosamente sus perífrasis y circunloquios, extrañamente universitarios para un taxista convencional, sin intervenir mientras me acordaba desesperada de toda su familia por retrasar con memeces mi llegada a casa.
Tras charlar del Plan E y confirmarme que se ilustraba con El País (nunca lo dudé), que era de un pueblo de Cantabría sin futuro, que su madre era catalana y que vivía en Collado Mediano me confesó sin necesidad de que le tirasen de la lengua, que sus hobbies requería que él tuviera un horario determinado. Y entonces lo soltó: era criador profesional de gatos (federado, añadió). Además criaba Bonsais y por ello no podía permitirse pasarse todo el día en el taxi.
Yo pensé que había pocas cosas más frikis que ser criador de gatos y me acordé de esa compañera de la oficina que pertenecía a un foto de mininos y yo flipaba…
No creí que Luis Eduardo pudiera seguir proporcionándome momentos más surrealistas hasta que me confesó que tenía una hija con sobre-dotación en Francia terminando medicina con 17 años, que tocaba piano y violín y hablaba español desde que tenía un año y 4 idiomas más desde los 9.
Con esas llegamos a la puerta de mi casa y me dí cuenta de que Luis Eduardo me había cobrado dos euros más de lo habitual pero me había proporcionado una gran historia.

martes, 20 de abril de 2010

La postmodernidad

Hace días que percibo excesivas trazas de postmodernidad, como un tufillo de estructura irremediable, lo que es, es. Así que, aunque las lecturas universitarias me dejaron una suerte de mapa de lo que entendemos por postmoderno, lo busqué el wikipendia para tirar un poco más del hilo y para poder compartirlo sin citas hiper pedantes. El resultado, de veras, es impactante. Señoras, señores, lean, piensen, detengan la postmodernidad…

  1. En contraposición con la Modernidad, la posmodernidad es la época del desencanto. Se renuncia a las utopías y a la idea de progreso.
  2. Se produce un cambio en el orden económico capitalista, pasando de una economía de producción hacia una economía del consumo.
  3. Desaparecen las grandes figuras carismáticas, y surgen infinidad de pequeños ídolos que duran hasta que surge algo más novedoso y atractivo.
  4. La revalorización de la naturaleza y la defensa del medio ambiente se mezcla con la compulsión al consumo.
  5. Los medios masivos y la industria del consumo masivo se convierten en centros de poder.
  6. Deja de importar el contenido del mensaje, para revalorizar la forma en que es transmitido y el grado de convicción que pueda producir.
  7. Desaparece la ideología como forma de elección de los líderes siendo reemplazada por la imagen.
  8. Los medios masivos se convierten en transmisores de la verdad, lo que se expresa en el hecho de que lo que no aparece por un medio de comunicación masiva, simplemente no existe para la sociedad.
  9. Aleja al receptor de la información recibida quitándole realidad y pertinencia, convirtiéndola en mero entretenimiento.
  10. Se pierde la intimidad y la vida de los demás se convierte en un show.
  11. Desacralización de la política. Desmitificación de los líderes.

Conclusión, vivimos tiempos de consumistas descreídos, sarcásticos, deprimidos o supinamente superficiales, ecologistas, petardos llenos de contradicciones, fanáticos de lo efímero, de lo banal, lo inmediato, lo bello juvenil y la fugacidad de una sonrisa, de un orgasmo, de una letra pop. Así es nuestro tiempo y conviene saberlo si no queremos convertirnos en una caricatura de nosotros mismos.

Quien me ha robado el mes de abril

Creo que todos podemos estar de acuerdo si digo que hay días al año en que empieza a oler a verano. Aún no hace calor, aunque caldeado el ambiente, hace intuir la floración y el cambio de armario.
Esos días una se siente feliz porque sencillamente se asocia mnemotécnicamente ese olor, dulce y jovial a los veranos de la primera juventud y de la infancia con la toallita templada sobre el frescor del césped de la piscina del club.
Ahora, con frecuencia, a los adultos se nos pasan las estaciones por alto y cada año, al menos en tres ocasiones: navidad, semana santa y verano, el mítico yorch afirma desconcertado “no tengo sensación de que sea…”
Hoy lo he entendido de forma lúcida. La edad adulta nos ciega. La madurez o la rutina nos impide saborear las pequeñas conquistas meteorológicas, pre-ocupados como estamos por el ascenso que otro año no llega, por el proyecto del master atragantado, la mudanza, el ibex, el bonus, el lotus notes o el PPT.
Nuestro idioma ha dejado de ser sensorial. En cambio, hemos aprendido a controlar los nervios y las emociones, a no estar tristes y aceptar lo que nos venga. O no, y perdemos los nervios y lloramos en la oficina y nos resistimos a dejar de sentir.
El sábado “in-the-wine-party” Mariano lo dijo en pocas palabras, últimamente, el que no está loco, está deprimido.
Aviso pues, bloggueros maduritos y jóvenes tardíos, hoy ya huele a verano, no os lo perdais por nada del mundo.

viernes, 9 de abril de 2010

Jodida y radiante

Llevo casi dos semanas mirando, desde los ventanales del 14, como el que mira Europa alejarse desde un vapor camino del nuevo mundo sin poder escribir una palabra. Tengo, sí, la mirada perdida, la lengua quieta, la mente hueca. Pero siento cierta nostalgia de mis sueños, de ese lugar en el mundo pampeño que nunca llegué a conquistar pero se mantiene intacto en mi horizonte. Quizás miro hacia allí, desde los ventanales del14, como uno mira al amado esquivo que juramos conquistar el día menos pensado.

Sólo se que aún permanezco despierta y perdida, desesperara y libre, con la mente dispersa como molinillos batiendose contra el aire y lúcida, como molinillos contra una tarde de sol, radiante.