lunes, 25 de octubre de 2010

Funcionarios

Mi perplejidad es grande hoy, descubro, ojiplática, que Caradeajo es una mosquita muerta. La que denominaré Malaspulgas ha hecho su entrada triunfal como personaje de este blog. La escena ha estado cargada de fuerza: al ser empujada groseramente por un pequeño hombrecillo de medio pelo se ha lanzado a defenderse del atropello en alta voz. Casi como una manifestante de primera fila ha denunciado “la brutalidad”. Little-low-cost-men se ha hecho el sueco, como si llevara unos cascos puestos. Malaspulgas le seguía con la mirada, es de esas personas que no consientes, literalmente, ser mínimamente agredidas. Le miraba enfurecida mientras buscaba las palabras…-“es indignante…el…el…papanatismo”.
Me ha encantado. El Papanatas, que no es un viajero habitual sino uno de esos vagos con abono transporte que utilizan el 14 para ahorrarse un par de paradas de paseo, ha permanecido mudo, helado, como en el “pause” hasta que ha logrado bajarse del autobús. Sólo entonces, Malaspulgas ha seguido leyendo el artículo de El País con la fruición y desbordamiento del que corrige exámenes en sexta convocatoria.
En estas me hallaba cuando, he pensado, casi con un escalofrío que el autobús entero estaba lleno de funcionarios (perdóname Pedro). Cabreados sí, por la merma de sus sueldos, tranquilos también por la seguridad de sus puestos, hablando unos de chorradas, como la pareja que podrían ser mis padres: ella peripuesta, él de voz grave, refunfuñando y llamando patán al marido de Carmen Martínez Bordiú (seguramente se mira poco al espejo) ambos e nariz perruna tipo sanbernardo administrando justicia en la Plaza del Marqués de la Ensenada. O la que tengo a mi lado, asesorando al Ministro Chaves (quien te iba a decir Manolo) con su tez porcelana de acabado Chanel y su ppt sobre política territorial. Luego está la funcionaria de grupo A de la rama de hacienda a la que se le empieza a ver el cartón, la muy nombrada Caradeajo y la ristra de funcionarios del área de sistemas en vaqueros y tergalitos underground con su funda de portátil, su e-pod, su e-pad y su e-phone (los trabajadores de sistemas del sector privado son muy parecidos pero como trabajan en el extrarradio viajan en coche).
Pero hoy, le pese a quien le pese, ha sido María Malaspulgas, la más que probable jefa de servicio de la sede de interior de Castellana, una divorciada huraña, culta y furiosa militante de UGT que utiliza las palabras, ducha como pocas, como bolsazos certeros en el pechamen de brutos y papanatas. Bravo María, con un par…de palabras.

lunes, 11 de octubre de 2010

Activismo retórico

Por razones que no vienen al caso, estuve ayer leyendo un discurso político. Mi intención era, como tantas ocasiones, analítica y el ánimo, el propio de esta nueva etapa de mi vida, libre y distante. La conclusión final de lectura: un tostón. Su estructura correcta, articulaba un par de ideas fuerza, una vinculada a la esperanza y otra a la convergencia. Nada nuevo, palabras envasadas al vacio (como una mermelada) de asesoría parlamentaria. Creedme, lo conozco bien. Nada de riesgo, pura corrección y la emoción del cauto, del funcionario…
La mayoría de los políticos de hoy no emocionan so pretexto de huir de la fatua retórica o algo peor, del infame populismo propio de repúblicas bananeras. Sin embargo, la emoción deviene casi una obligación moral cuando uno vive en un país abúlico y acrítico que oscila del acomodamiento al cabreo sin mediar palabra, acostumbrado como está a olas y contraolas de indiferencia y frentismo.
Emocionar con las palabras no convierte al orador en juglar ni al público en circense seguidor de un Hugo Chavez encubierto deseoso de lavar cerebros haciendo de la emoción palabra de dios.
Leo y leo y echo en falta un mensaje que me importe, una idea que conquiste la atención perdida de un país en distracción ancestral que ya no siente nada. A los españoles no les interesa el PIB ni las reformas aunque sean llamados a convertirse en sujetos activos del uno y de las otras. Generalmente el cuerpo me pide exilio pero últimamente me intriga descubrir las palabras precisas que logren despertarnos, un –yes, we can-, a la española…