lunes, 27 de diciembre de 2010

Lo que somos

Me miro de lejos, desdibujada pero avanzo a zancadas de aplomo ochentero con mis botas de montar. Me miro por dentro, también desde los abismos interiores, las galaxias de los chakras y los flujos. Soy muy distinta, tanto que la imagen de mí adquiere la textura del recuerdo, pictogramas de la susa sentada en el suelo frío de la facul, más delgada y enroscando como una boa las piernas juveniles. Soy susanita, avanzado feliz y autocrítica, atravesando los patios del parlamento andaluz, sabedora de que nunca trabajaría en un lugar tan hermoso. Soy Susana la profesora que viaja en ave y prepara oposiciones en el tramo Puertollano-Madrid, que quiere ponerse a prueba, que ríe histrionicamente y fuma sin parar.
Soy yo, pese a todo, la que sigue haciendo comedia en las sobremesas, la que analiza causas probables y sintetiza diagnósticos, la diseñadora de proyectos, la que quiere volar.
Soy la payasa, la cocinera, la mamita que cura las pupas a besos, la que inventa pócimas para la tos y casi nunca recoge inmediatamente la ropa que deja sobre la cama. Soy yo la que sigue haciendo microcomedia en las sobremesas, la vehemente "one-liner-award-winner" despedazando cretinos a retórica limpia, zas-zas, a espadazos léxicos. Yo, como agustinadearagón de las oficinas, recorriendo el ciclo de vida laboral que va desde el " Me encanta este trabajo" al "Fuck-u-all", luego al "ya me llamareis cuando sea alguien" y de ahí a la aceptación final..."Whatever, who cares... siempre me queda la poesía y el amor...who wants to be an assurance manager?"
Pero desde cualquier caleidoscopio azul en que me mire, reposa la misma mirada al infinito de las frases, al horizonte de los cabos sueltos. Es lo que somos, ese mordisco de verdad en las entrañas, lo que el tiempo no nos quita.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Heima

Hay lugares que invaden a las personas que viven en ellos. Y viceversa: hay tendencias humanas a vivir a través del paisaje y a evocarlo en las palabras, las danzas o las canciones. Es de lo que trata la película "Heima" de los islandeses Sigur Ros. "Heima" significa casa y es una gran y blanca metáfora de como una tierra llega a convertirse en notas como copos de nieve, gotas de agua y ráfagas de viento.
En el fondo era una nostalgia similar a los paisajes perdidos del nacionalismo, sólo que en una versión panteista con banda sonora de instrumentos primitivos y algún que otro juguete (by the way no os perdais a Enrique Amigó en Esfumato)
Pero quienes os acerqueis a Sigur Ros debereis saber que rezuman tristeza aunque a cambio nos ofrecen una experiencia vital colectiva bastante poco adulterada. El resultado es el atrevimiento de un puñado de tímidos patológicos de sentir la vida, sus vidas, y ofrecerlas públicamente en mitad de los frios páramos y los glaciares. Me cuesta imaginar algo más osado, un strip-tease más desnudo que desnudar el alma introvertida de un grupo de islandeses errantes que al fin regresan a sus casas, perdidas en mitad del frio mundo.
Me quedo con la esencia del mensaje, cuando uno encuentra una causa por la que sentir o mejor, cuando uno lograr sentir la sufientemente grande y buena causa que es la propia vida, uno debe inexorablemente bailar, escribir, conversar, aprender una nueva palabra, ruibarbo, por ejemplo, y permanecer vivo y sonoro aunque en ocasiones la canción suene melancólica porque no hay nada más triste, en verdad, que estar callado porque no tenemos ni siquiera algo hermosamente triste que contar.