viernes, 30 de diciembre de 2011

España, mon amour


Vuelvo del exilio, de esta especie de huida interior a la periferia reflexiva de mi misma y de mi país. Regreso en señal de tregua y de compromiso con este tiempo histórico que me pertenece: la crisis, los balances, las soluciones. Abandono el desapego iniciado hace unos pocos años y hago una sencilla declaración de principios: Es nuestro deber encontrar la dirección correcta porque nuestra es la letra de la canción que sea nuestra historia pero tenemos que asumir quienes somos y querernos como somos.
El viaje de vuelta, quizás empezó hace tiempo, pero fue esta mañana, escuchando a José María Fidalgo, otrora lider sindical y hoy elegante tertuliano de radio, cuando comencé a verbalizar estas verdades.

El Sr. Fidalgo, al cual he tenido la ocasión de escuchar en salpicadas conferencias, es una suerte de filósofo sobrevenido, de talento innato, de los que van atando los cabos del desordenado discurso histórico lo mismo en su lectura vespertina que en la cola del pan. Creo que descubre sus reflexiones en el mismo momento que salen por su boca pero no por casualidad sino por perspicacia esencial para haber comprendido las causas. Él mismo lo dijo una vez respecto del trabajo brillante de Víctor Pérez Díaz, el más grande pensador de este país: es posible ver las cosas con distancia y es posible analizar la realidad con bastante tino, cuando se mira lejos, cuando se mira con ganas y sin filtros.
Esa capacidad de ver y desentrañar me maravilla. Esa capacidad de unir los puntos, con la facilidad de esos pasatiempos tontos de la infancia, que después de un rato, descubren la silueta de un oso con sombrero.

Lo dijo, Fidalgo, con un tono, que podría ser de tristeza gastada: "Somos un país que se revuelve contra sí mismo". Desde esa pulsión criticamos a los políticos, a los sindicatos, a la iglesia, a la monarquia y a la república. Criticamos a los jefes y a los indios, a los indignados y a los pijos de serrano. Todos, en cierta manera, somos jetas, vagos o chorizos en potencia. En lo único que nos hermanamos es en afirmar que somos un pueblo feliz en el bar, con su caña o su chato en la mano.

Creo que malgastamos mucha energía en sacar punta al vecino, en mi caso, afilada punta, convencidos, además, de que el vecino también nos pone de vuelta y media. Y seguramente así será.

Pero una opción alternativa a revolvernos es reconciliarnos, con nosotros mismos. Aceptar donde estamos y querernos como somos. Amar lo que hacemos: buenos aceites, vinos, dibujos animados y pret a porter. Aprender lecciones (que algunas son urgentes) y regresar al terruño de lo que somos.

Viajar y regresar. Dejar de tirar la piedra, de esconder la mano. Ser país que se quiere a sí mismo, que conoce sus sombras, que ilumina sus luces. Que deja de minar su futuro con seculares quejas. No somos daneses, no somos islandeses, ni alemanes, ni sajones. Somos Españoles. Y con estos bueyes hay que arar. You have to love what you do...Jobs dixit.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Conciliación y nuevos gobiernos




Llevaba una semana enzarzada en una discusión a varias bandas a la sazón de la no baja maternal de Soraya Sainz de Santamaría, cuando los nuevos ministros, incluida la susodicha tomaron posesión. Discutí al respecto de la desconciliación con varios de mis más queridos amigos, para constatar que el debate, siempre útil, ahora está de moda llamarlo "diálogo", es a veces conflictivo y diría que hasta molesto.
Todo el mundo opinamos de todo. No voy a ser yo quien se salga del saco. Me gusta opinar y con frecuencia opino. Rara vez me dejo algo en el tintero.
Pero con las críticas a Soraya, de quien recibí un hermoso ramo de flores después de mi segundo parto, me puse de los nervios, no soy neutral ni lo pretendo.
Lo más cruento de la polémica, en mi opinión, es que el origen de la crítica. Y es que la inmensa mayoría de las veces que una mujer recibe críticas lo hace de otra mujer. Mi amiga Idoya decía que eso era como escupir hacia arriba, al final siempre te acaba cayendo en la cara. Y en temas de igualdad, un asunto que me ha tocado trabajar muchos años, suele darse ese eslógan de la facultad que decía "machismo se escribe con m de mamá".
Y me pregunto, a qué hombre se le cuestiona su ambición, legítima por otro lado, a qué hombre se le juzga públicamente por no priorizar a su prole, a qué varón se le obliga a hacer esto o lo otro, en lugar de presidir consejos de administración, gobiernos o regentar comercios. A qué hombre se le exige son pena de pública vergüenza que no de todas las tomas a su bebé o se ausente a la hora del baño. Cuando un varón entra en juego, entonces, se habla de corresponsabilidad. El resto de las veces, la responsabilidad es toda nuestra.
Y cuando un hombre hace tareas "típicas de mujeres" se le alaba públicamente. Sí nosotras aspiramos a conquistar sus espacios somos oportunistas, tenemos afán de protagonismo y por supuesto somos malas madres.
Los críticos a Soraya se burlan de las salus, esas enfermeras nocturnas de bebés. Pero esas tareas las hacen gratis las mamás durante la baja mientras en su empresa entienden que está de vacaciones.
La verdad es que quien ha parido sabe que es muy jodido levantarse todas las noches durante meses o años al menor movimiento del bebé y quedarse en casa, amarrada a la subida de la leche, mientras el papá acude a su reunión anual de compañeros del master o tomar cañas con su pareja de paddle.
Cómo renunciar a ser vicepresidenta de tú país, joder, o ministra, cuando llevas años dejandote el pellejo.
¿Y si en medio de tu baja tiene lugar la conferencia de física cuática de tu vida? ¿o si te toca parir el día de la oposición que llevas preparando dos años? ¿o si quieres acudir con tus amigas a una despedida de soltera en una isla? ¿o si simplemente quieres seguir siendo tú misma mientras eres madre?
Por qué renunciar a todo...por qué inmolarse profesionalmente porque una es mujer. Eso sencillamente nadie se lo pide a un hombre. l h
Por eso lo indigno, lo doloroso, lo discriminatorio y extremadamente torpe e injusto no es renunciar a la baja, es renunciar al talento de todas esas mujeres que hay en cientos de empresas, sólo ante la eventualidad natural de un embarazo. Lo vergonzante es que se trunquen carreras por una baja, una lactancia o dos días de teletrabajo porque un hijo está acatarrado. Lo increíblemente contrario al espíritu de la igualdad entre sexos es que la maternidad sea un asunto de mujeres. Y la conciliación, que es la respuesta a ese problema, también.
Por ese pernicioso error de enfoque se les hecha el mochuelo a las mujeres: porque todos dicen que es responsabilidad nuestra, que si hemos decido ser madres tenemos que pagar un precio. Y yo digo: "y un mojón". Los hijos son nuestros y de ellos, del progenitor A y B, de papá y mamá y de los abuelos ya puestos, y de la cuidadora y últimamente de la gestadora de alquiler made in usa, que haberlas haylas, sin que nadie critique la ética del método.
Detrás de ese silencio calculado está la respuesta: hay cientos de formas de ser padres, de ser buenos padres y malos padres. Pero hemos llegado a un punto en que hay que lactar hasta los dos años, practicar el colecho y cultivar tus propias lechugas macrobióticas para ser considerado digna de elogio. Quien así lo goce, perfecto, pero sin censuras que ya no se lleva.
Ser madre es más y ser padre también.


Lo mejor que nos puede pasar a las mujeres trabajadoras es que nuestras parejas disfruten de las mieles y responsabilidades de la crianza y del cuidado con nosotras o incluso más que nosotras. Que de vez en cuando, cuando la ocasión acompañe al pacto entre los padres, se cojan ellos la baja y mientras cambian las mentalidades sean ellos quienes renuncien alguna vez al ascenso y la subida de sueldo porque la paternidad pueda ser también prioritaria y gratificante.


Que el empleador ya no se pueda poner la máscara del cliché al contratar a la mujer en la treintena que estará, la muy vaga, a punto de embarazarse... Que no sepa a quien colgarle el sambenito y empiece a mirar personas competentes sin más.
Personalmente me tomé integramente mis bajas y lacté lo justo porque no encontré en ello ningún placer ni facilidad natural. Y no me quemo a lo bonzo, no señor. Que lanten hasta la pubertad las fundamentalistas de la teta, yo, con todos mis respetos, me apeo de esta ubre.
Y respecto a las bajas que cogí, lo volvería a hacer, porque el precio que pagué que fue alto, a mí me compensó, porque el premio allí y entonces me hubiera sabido a veneno.
Pero ahora, trabajo 12 horas fuera de casa y soy infinitamente más feliz, porque estoy valorada y realizada, que lo que todos buscamos. Y mis hijos me quieren y me tienen.
Dejemos de poner etiquetas de buenos y malos padres o madres, de anarbolar derechos que parecen obligaciones y de culpas que son cadenas. Seamos tolerantes con el prójimo y también con la ambición cuando es merecida.
Seguirán sancando punta. Están en su derecho. Por mi parte sólo espero que seamos lo suficientemente anchos de espíritu para entender que una, a veces, tiene sueñosque cumplir y que le basta, un buen marido que adore a sus hijos, como el mio y muchos otros, para hacerlo posible. Porque no está sóla, porque no es "su asunto", porque la conciliación compete a todos.
AMEN

domingo, 11 de diciembre de 2011

Pícaros y buscones



El post de los vendedores de humo, como suele ocurrir en muchos casos, alargados intelectualmente en sobremesas con vino, ha dado mucho juego. También el otro día en un cumpleaños de extraradio me lo confirmó un invitado que podía ser estibador de muelles o herrero medieval: somos un país de pícaros. Ergo ya tenemos una base más amplia para sostener la idea de que parte de nuestra deriva socio-económica (y los propios pícaros dirían que parte de nuestro encanto) se la debemos a una herencia cultural que se remonta al lazarillo de Tormes y El Buscón de Quevedo, a Sancho Panza (más que al Quijote que en realidad era un afrancesado, un rarito) y a toda la saga de Jaimitos inimaginables.
Somos pícaros, en buena medida, bordeando la ley y las buenas costumbres hasta cuando el pícaro no tiene ninguna necesidad de traspasar los límites. Ya que por lo visto, lo mismo da ser Urdangarín (presuntamente) que su porquero. En nuestras raíces más remotas, desde el medioevo al destape y llegando a Torrente tenemos un lazarillo, un truhan con encanto, vamos, un jeta de tomo y lomo.
Tendremos que revisitar lo que somos antes de culpar únicamente a los políticos. Es decir, esa identidad que se dibuja en la literatura, en el imaginario colectivo y también en las prácticas del día a día y que, sin duda, abunda fuera de las Cortes, en las calles, las empresas y las organizaciones de todo pelaje, que abunda, en definitiva, en nosotros mismos.
O nos miramos en el espejo de nuestras miserias o estaremos condenados a ser furgón de cola, más alegres eso sí, jodidos pero radiantes, que diría Mario.

martes, 15 de noviembre de 2011

Vendedores de humo


Se quejaba un amigo el otro día, con un grado de aceptación que a mí me resultó amarga, del proceso de disolución del bufete de abogados en el que él trabaja como socio. Una víctima más de la crisis económica.
-Pero tú no vas a tener problemas para hacer en otro sitio lo mismo que haces aquí.- le dije yo con aplomo.-Eres muy bueno en lo que haces. -
-No sé si bueno, malo sé que no soy, pero eso no le interesa a nadie. Lo que cuenta es lo bueno que seas vendiendo humo. -
5 años trabajando en una "Big Four" me han enseñado que tenía razón. He presenciado innumerables promociones basadas en esa misma capacidad de vender motos y crear entornos de nublosa fatuidad, carreras fulgurantes de gentes sobrevaloradas mientras los "buenos" acaban frustrados y vencidos en el barbecho tecnocrático. En el tiempo que yo permanecí en idéntica tesitura algunos llegaron a socios sin ser los mejores en nada ni referentes para nadie pero increíblente hábiles para vender una imagen vana de sí mismos.
Con cierta distancia y analizando el caso de mi brillante amigo abogado, entiendo que esa venta masiva de humo está en la base de nuestra decadencia como sociedad, una sociedad que premia las transacciones de humo porque hay muchos que lo venden pero sobre todo hay muchos que lo compran.
Informes millonarios sobre tonterías que van a parar al cajón,metodologías inutiles para dar de comer al gurú del humo amigo de un amigo. Seminarios sobre dilemas que a nadie importan, especulación con derivados por gentes que sólo buscan su bocanada de humo, dinero que sólo existe en el ciberespacio de las anotaciones en cuenta. Política de eslóganes y prejuicios, de caricatura y propaganda. Humo, humo y más humo.
Los impostores al mando de la nave simulando conducir nuestros destinos.
Los vende-motos liderando el futuro.
Los demagogos fijando el precio del pan.
Los constructores vendiendo paredes de papel para envolver el humo de la bonanza.
Y nosotros venga a comprar humo, especulando, simulando, en una decadencia posmoderna que nos retuerce las tripas de puro asco.
No más humo. No lo compremos y algún día no habrá tantos dispuestos a venderlo.
Quizás un día el orden se invierta y comencemos a premiar el trabajo bien hecho en lugar de seguir emponzoñando la vida pública con la nube gris de mamarrachos que sólo se apañan entre ellos mientras España, decadente e inmadura pierde la gran oportunidad de su vida de ambicionar la decencia.

domingo, 9 de octubre de 2011

Mi vida sin un iphone

En los últimos meses me rondó varias veces por la cabeza la idea de escribir un post titulado “mi vida sin iphone” como aquella peli genial de Isabel Coixet (“Mi vida sin mí”). La idea era poner en común todo lo que una imagina que ocurre en el mundo cuando una imagina no está o no participa en los acontecimientos pero, en realidad, sí quiere estar y participar en dichos acontecimientos, algo así como estar sin estar.
No tenía iphone. Siquiera un móvil arañado con una pésima cámara digital de tres docenas de pixels. El que menos, por entonces, tenía una Blackberry, ya hasta los niños en los patios de recreo se mandaban whats-ups a dos dedos. Pero yo sólo seguía fiel a mis libros y mi cuaderno y allí seguía contando mi historia y las continuas fabulaciones de mis personajes del 14. Nunca me importó, no me suponía un estigma, pese a todo aunque este hecho coincidía en el tiempo con otros eventos que ya dejaban entrever el paso del tiempo por mis huesos: no conocía ninguna canción de David Guetta porque...no tenía ni idea de quien era David Guetta.
Mi vida sin iphone era una vida digna y colmada de terapéuticas aceptaciones (o sea sólo limitadamente frustrante) Pero si quiero recordar que hubo un tiempo no muy lejano en que a pesar de haber acumulado una década de conocimiento técnico y experiencias laborales con altos cargos y otras gentes de alcurnia, trabajaba en una gran multinacional en la que no tenía mesa, ni silla, ni teléfono fijo (me faltaba un escalafón para ser merecedora de tales usos), ni mucho menos Blackberry (aún me faltaban dos categorías para acceder a esa prerrogativa y una cartera probada de 300.000 euros en ventas). Ahora puedo decir otra cosa, blablabla....que no me importaba, etc. pero lo cierto es que el hecho de pertenecer a las categorías con cero provilegios me hacía identificarme con el cutrerío máximo del “Cartero” de Bukowsky, versión oficinista estancada.
Es triste, creedme, imaginaros una vida laboral sin espacio físico, con tu portatil bajo el brazo lo mismo que si, como un auténtico "nerd" fueras buscando sitio libre en el comedor de un instituto americano con tu bandeja de "nuggets" en las manos.
El curso de la vida hizo que el iphone llegara poco después, de forma inesperada, casi milagrosa, junto a una silla, una mesa y un teléfono fijo, tras un verano ventoso que se llevó de sopetón cientos de miles de hojas del calendario y la desesperación laboral, al fín.
Hoy se ha ido Steve Jobs, el indómito creador del iphone que nos conminaba a mantener la locura y el hambre de conocimiento (Stay hungry, stay foolish!), que hablaba de conectar los puntos, esa manía imparable de los curiosos de atar los cabos aparentemente sueltos de los asuntos, de comprender, que es para mí, en buena parte, ni más ni menos, que el sentido de la vida. Siempre recordaré su discurso a la promoción de Standford como uno de los grandes discursos de los últimos tiempos. No aún lo habeis visto no os lo perdáis, es grandioso.

http://youtu.be/uXKku2KYZf0

sábado, 17 de septiembre de 2011

Son cosas de guiris

Desde que he dejado la linea 14 de la EMT por el avant a Toledo mi paisaje ha cambiado totalmente. En lugar de los plataneros del El Prado vislumbro los confines de Parla. Es la periferia del poder, los andurriales de lo que algún día fue la corte. En fín, voy rodeada de guiris que, en viajes de estudios, escapadas románticas o cuentas pendientes con el mundo del viaje trasoceánico, se pegan una excursión de un día en Toledo para contemplar lo que un día muy lejano fue España y su imperio.
En una de las vueltas, una mujer rusa conversaba con su amiga expatriada española. Las sitúo en algún tipo de cargo administrativo de la OTAN en vacaciones de septiembre.
Ambas charloteaban amigablemente a mi lado y aunque hubiera querido no escucharlas, que no era el caso, hubiera resultado, en mi descargo lo digo, imposible.
La rusa portaba un saco de regalos adquiridos de la etapa toledana y los iba sacando de las bolsas, uno a uno, para deslumbrar a la hispana, en esos alardes tan rusos de jactarse del gasto, durante décadas proscrito pero que recientemente signo de poderío consumista, que no comunista.
Anyway, como diría aquel, la rusa le iba relatando la importancia y valor decorativo de platos negros con repujados dorados sobre artilugio para mantenerlo erguido maid in china, pendientes sefardís maid in china, espadas del cid de abre cartas, abrelatas del ejército español con la virgen del perpetuo socorro labrada en plata, pulseritas morunas recuerdo de la reconquista, etc. Mientras las iba sacando parloteaba sin descanso de la hermosura de sus hallazgos y le aseguraba a la española con la que hablaba en inglés que cuando la gente iba a Moscú de turismo solía volver con cosas inútiles que ningún ruso había visto jamás y que en modo alguno podían calificarse como representativos de la artesanía local.
-¿Y las matriuskas?- preguntó la española. -Odio las matriuskas- digo la rusa. -Las matriuskas son cosas de guris
Eso dijo, y se quedó tan ancha, cuando sacó el trabuco de Curro Jimenez repujado con todos sus avios. -This is the real one- aseguró a la pánfila española que no dijo nada...porque en fin, son cosas de guiris.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Mi primera vez

Apenas si podía ya mantener la boquita cerrada, las ganas cerradas, el corazón cerrado. Estaba impaciente aunque contenida, con apariencia casi monacal, inhibida sí, pero también ansiosa. Como decía aquel poema: con apariencia de paz y párpados mecánicos.
Andaba, en realidad, desesperanzada pero con Pepito Grillo diciéndome, anda tonta, qué son unos años más...ya encontrarás tu camino.
Por fin, la justicia cósmica se había revelado. Y hoy estoy aquí, en mi primer día de trabajo en Toledo, montada en un tren, como si todo hubiera sido tan sencillo como yacer en el lecho del amante. Anda que si le hubiera puesto otro título al post lo habrías leído...
En fín, viajo de espaldas, como el cangrejo que soy, fuerte por fuera, jugosa y blandita una vez que se logra romper la dura carcasa.
Vuelvo a mirar Madrid cuando me alejo, los jardines verticales, los viejos polígonos asfixiados entre apartamentos, grafitis y vías muertas y esos edificios industriales tan hermosos, recuerdos de una siglo XX entre trazos de un XXI que juega a encontrarse a sí mismo.
Serena y dispuesta siento que será una primera vez muy familiar. Mi primera cola en el control de acceso, la sucesión de secarrales, Parla a lo lejos, olivos y campos de cal. Mordor, en el distante skyline, parece poca cosa. Adios, no me esperes.
Voy por mi camino, mirando al infinito, entre flashbacks del transcurso de mi vida por la alta velocidad española, en un vagón enteramente lleno de guiris, consciente de que, algún día recordaré esta, mi primera vez entre los sembrados de la vega del Tajo.
De repente, deslumbrante, la catedral de Toledo emerge como la atlántida de entre la cebada.
Ya estoy aquí. Y os lo contaré todo.

lunes, 29 de agosto de 2011

El movimiento invisible




No se ve pero existe. Igual que la fantasía de esperar a que florezca un brote o nos crezca el pelo. No se ve pero crece. Lo mismo que cuando tomamos determinaciones o aprendemos el padrenuestro. Ignoraremos el comienzo del proceso y su final, pero algo habrá cambiado. Cuando nos movemos hacia ese destino, que no es el "fatum" griego sino nuestra senda, sea cual sea, nos movemos paso a paso hasta él. Con el tiempo incluso aprendemos a percibir las señales de ese movimiento invisible que nos lleva hasta el sitio exacto en el que nos encontramos. A veces, en cambio, parece tan lento que se asemeja al inmovilismo y la desidia. Un día estaremos ya allí y descartado el teletransporte se tratará de una motricidad voluntaria y dirigida: una conquista personal.
Entonces, quizás, tendremos la sensación de que hemos llegado con una facilidad pasmosa mientras dejamos detrás las dudas, la impaciencia y la desesperanza . Tal es el lento y sutil movimiento humano hacia el cambio.
Parece mentira que en unos días abandone mi antipática torre de acero y me traslade, una vez más, a una pequeña ciudad histórica para amasar la harinas de la política a ras de suelo. Con el tiempo no recordaré apellidos ni cargos de mis antiguos empleadores, reciclaré viejos rencores y hasta puede que logre condescender. Vendrán en su lugar cientos y miles de palabras, discusiones y acuerdos, días grandes, encrucijadas dialécticas y carcamusas. Continuará....

jueves, 18 de agosto de 2011

Viento de levante


Si es cierto que hay cosas que se las lleva el viento, espero que se las lleve este viento de levante. Que se lleve las matrices y los mapas, que se lleve los recuerdos recurrentes de mi desencuentro laboral de los últimos años y esa secular sensación de fracaso de pacotilla. Lo demás, que es mucho, amarrado a mi estructura como un mástil se quedará: los juegos felices de los niños, bronceados y alegres en camas elas-tí-ca-tas, las dunas salvajes bajo el atardecer de Zahara (shiiii que no se entere nadie), la música indie sonando en el chiringuito "Los sueños", canciones que conozco de memoria sin saberlo, los revival de Oasis, Cold Play o los último de Russian Red. Permanecerán los cabellos revueltos del mítico con su torso de gladiador espartano y su terrestre sentido de la trascendencia. Javi jugando a las serpientes con las hojas de un pinsapo y Sara hablando con sus juguetes ajena al mundo, al olvido y al viento.
Que se lleve todo menos lo importante. Porque hay cosas que el viento no se lleva. Como le pasaba al protagonista de La lluvia amarilla, de Julio Llamazares: Cuanto tiempo transcurrido desde entonces, cuanto tiempo y cuanto acero acumulado ya en mis huesos. Pero hay imágenes que permanecen adheridas a los ojos, como cristales transparentes, y que incorporan en el tiempo la sensación primera como si el ojo no fuera más que un simple espejo del paisaje y la mirada el único reflejo de sí mismo...Hay esencias de nuestra vida que poseen la naturaleza peremne del pinsapo, asideros a prueba del cierzo. Es eso que somos.
El resto se lo lleva el levante que salta para raptar las nubes o traerlas, para revolvernos las cabezas y el aura y así dejarnos confundidos como al amante tras el orgasmo del aire, zarandeados por el abrazo del ogro que como la palmera agita sus brazos en el vaivén furioso de la pasión aérea, voraz, insaciable, que nos deja lánguidos, desmayados tras el amor, rendidos en la puesta de sol atlántica brumosa y casi onírica tras el vendaval escuchando la banda sonora de la guerra de las galaxias.
Quien dijo crisis profesional...no me acuerdo ni de la contraseña del ordenador.

martes, 26 de julio de 2011

El tránsito de mi cuerpo en la puerta giratoria





Hoy es otra puerta, otro día, otra década, otro edificio más alto, con más ascensores, otro distrito, otra luz, otro cielo. Pero el mismo cuerpo poroso en exceso a merced de la misma sustancia nociva, la misma injusticia y la misma parsimonia con la que engullen nuestras almas (si es que tal cosa existe, que diría Comeanises que no, y yo diría que ojalá que sí).
Lo pensé la primera vez que me aposté frente a la puerta giratoria de una torre similar, con similares habitantes y normas y portátiles al hombro, hace años, mientras esperaba a Elena apoyada en un coche y desconocía por completo las reglas que años más tarde me habrían vapuleado sin asomo de duda. Y ya entonces sabía con rotundidad que no era mi sitio.
Ahora, como una hormiga cargada de razones y de la exultante dignidad de los pequeños, me detengo a observar mi próximo despegue. Obligada por la sombra del rechazo a inventarme otro mundo, tomar carrerilla desde los confines de mi experiencia, que es más larga, más rica, más reconfortante, como un saltador en la rampa de hielo, confiando en mi capacidad de volar, gozar, aterrizar.
Buscaré otros recorridos y asideros, otros paisajes y horizontes, otros motores y palancas, un lugar donde mi dignidad no guarde relación con la ubicación de mi mesa junto a la ventana sobre un Madrid que no podre conquistar, un Madrid que podría ser cualquier cosa naranja, prescindible y profundamente decadente.
Conocer el mundo, tal y como era, conocerme tal y como soy, era una parada necesaria para tomar conciencia del tránsito de mi cuerpo por la puerta giratoria.

martes, 19 de julio de 2011

Mi vida sin el 14

Todo sucedió tan rápido que no tuve tiempo de despedirme de Caradeajo. Menos mal que, de vez en cuando, me la topo en el supermercado para comprobar algunas obviedades de su perfil, que toma mucha fibra (la necesita), bebe leche de soja y mantiene su cara de ajo hasta cuando despliega el flexo solar en su clase de Brikan yoga. Pero ya nunca nos vemos ni puedo jugar a ser la Carrie Bradshow del 14, entre otras cosas, porque ya no viajo en autobús sino en metro con destino al pequeño, ventoso y más pueblerino Manhattan madrileño, apretada como sardina plebeya, con gentes en chancleta, bolsa en bandolera y pantalón pirata, señoras con el bolso agarrao y en general, auténticos desconocidos sin una historia evidente que intuir y contar. Porque yo, aunque dotada genéticamente para la fabulación necesito pasar algún tiempo con mis personajes…
Digo esto, en el momento en que la horda se desborda en el andén de Sainz de Baranda y entre los claros, en diagonal con mi asiento, diviso a mi amiga Ana. Totalmente customizada de muñequita sesentera me confirma que en el metro sí hay convivencia redundante. Nueva fauna y nuevas costumbres: rutinas mecanizadas para colocarse siempre junto a la misma papelera para subir en el mismo vagón, en línea total con las salidas más próximas, justo a la izquierda, no, un poco más a la derecha…ahí, justo ahí…
El metro ofrece posibilidades a la creatividad. Y si no que se lo pregunten a Benjamín Escalonilla que escribió su “Colectivo Tch” de camino al trabajo. Además el metro es un lugar ideal para mirar zapatos. La mayoría muy feos, la verdad, unos saloncitos rosas troquelados, unas sandalias de cuero con hebillas, más chancletas hawaianas y algún tacón cruel sobre el que pensar que vamos a comernos el mundo. Pero vamos, pies que llevan personas encima y eso los hace llamativos a mis ojos. Como todo el metro es otro lugar y proporciona otro enfoque. Estaba feliz con el que tenía. Mi paseo del Prado (No a la tala!!!), el jardín del Ritz, los plataneros de Recoletos, la Casa de América pero la vida me ha dado otras: grandes vistas, un viento de pelotas, pies a montones y el reto de seguir escribiendo en el transporte público.

miércoles, 6 de julio de 2011

No me etiquetes más

Suena a Jacques Brel y su ne me quitez pas pero es sólo una onomatopeya con idéntica voz desgarrada desde los confines del alma. No-me-e-ti-que-tes-más, diría Jacques desencajado, con el rostro enrojecido de urgencia y desesperación. Te lo pido por favor (y todos sabemos y por eso se lo enseñamos a los niños, que lo que se pide por favor no puede negarse), concédeme el don de la entropía, déjame ser una amalgama de cualidades no siempre bien engarzadas, pura contradicción, una outsider, si es preciso. Déjame ser lo que sea, sin etiquetas. Se lo digo al prójimo genérico, a quien quiera oírlo. No me digas que tengo que ser solidario y sostenible y de izquierdas en un mismo pack. No me digas que tengo que ser agresiva pero conciliadora. Que si lesbiana, moderna y guerrera, que sí gay extrovertido y escultural. Que soy mayor si no sigo a los Black Eye Peas o David Guetta o sí reconozco a los payasos de la tele y me se me de memoria las canciones de Mecano. Que tengo que ir con mi pegatina bien pegada al pechito para poder encajar. Los mayores, pasen a la derecha, ¿quieres un gin-tonic que es bebida para puretas? Yo voy a salvar al planeta del cambio climático, si no te importa, con mi nueva camiseta de cáñamo que reza “Be wáter my friend…pero reciclada”.
Las etiquetas están a la orden del día. Hay unas cuantas. La de “facha” está en desuso. Creo que “multicultural” se ha sustituido ahora por “diversidad” que es más bonita y autoexplicativa. Lo malo es cuando uno se pone la etiqueta de ser amante de lo diverso para despreciar al prójimo adverso, es decir, cuando se trata de aceptar lo que menos se nos parece, a aquel que no se pondría nuestra pegatina.
De las pegatinas de la progresía actual lo peor de los últimos tiempos es ser “neoliberal” y lo mejor: “la sostenibilidad”. A la sazón del tema, el otro día acudí a la presentación de un libro sobre sostenibilidad y riesgos globales con mi amiga Elena. Muchos clichés políticos flotaban en el aire, otro se rompían de pura naturalidad: Elenita y yo (¿que andarán urdiendo estas dos tan juntitas?) la pareja de diputados, del PP él, del PSOE ella, mi antiguo profesor amigo de ZP, Mister Pesc y Daniel Innerarity…casi ná.
La conclusión del ameno speech: había que cambiar el modelo de consumo y producción. Había que volverse sostenible. Y yo levanté la mano, con mi eterna pose de repelente niño Vicente ¿y la sostenibilidad del modelo social que descansa sobre el modelo productivo y que se financia con previsiones de ingresos sobre nuestro actual e insostenible modelo de consumo? Uy, no lo había pensado...pero es muy interesante eso que apuntas. Lo pensaré en otra vida. Como comprenderás con salvar el planeta de los males del neocapitalismo tengo bastante.
Por lo menos ahora tengo lo que los investigadores denominan un nicho, un espacio de reflexión libre de etiquetas, por ahora y enteramente por descubir. Así que voy a ver si reconduzco la reciente desazón que me provoca tener que atravesarme en metro Madrid en energía “librepensadora”, un toque “underground” y “postmoderno” (¿uy que lio pero tú no eras neoliberal?) y me pongo a armar las ideas, con la esperanza de debatir sin máscaras, sin etiquetas, ni frames, ni metáforas y salir, de paso a la luz, esa luz que vislumbro al final del túnel, radiante y jugosa como la lluvia.

jueves, 30 de junio de 2011

La maravillosa historia de blackcrow y un pastor afgano

Las personas son, como todos saben, pájaros o perros. Hay algunas tortugas pero son raras de encontrar, casi seres mitológicos. Esta es la historia de una pájara que no lo quiso ser de cuentas anuales y que, si era un poco perra, lo era por naturaleza y un esbelto pastor afgano con un talento peculiar, fotografiaba a ojo de pájaro pero ladraba sólo y exclusivamente cuando resultaba inexcusable.
Blackcrow era, como su nombre índica, una pájara negra de inteligencia mordaz, algo siniestra, ya casi rehabilitada del lado oscuro y a punto de caer desde el gótico-vegano a los márgenes del centro derecha. El pastor afgano, por su parte, un ser elegantemente atemporal, pertenecía a un lugar indeterminado entre el campo grande y la ciudad pequeña, el cielo limpio y el suelo llano, el silencio y el susurro.
Como siempre hay gente para todo, muchos perros y pájaros de nuestra pradera se mantuvieron ajenos a sus encantos. No yo. Al contrario, las fui descubriendo a pocos, a sorbos de té verde, caña a caña, sin excesos, pausadamente, a lo largo de un año. Disfruté diariamente de sus enfoques, de sus risas y sus voces. Nos confesamos siempre y finalmente decidimos no comulgar. Puede que llegásemos a llorar un par de veces. Juntas.
Hoy han salido a correr, a volar y no han regresado a nuestra pradera asfáltica. Qué queréis, son outsiders, las ranas de la fábula. Corriendo van, volando, sin aguijones. No volverán. Ni yo. Esperadnos.

jueves, 16 de junio de 2011

Tener las ideas, tener las palabras



Esta mañana me he tentado los bolsillos, buscando el cuadernito rojo donde escribo lo que tontamente se me cae de las manos. No pude encontrarlo aunque sí una caja de tiritas, un bote de árnica y un libro de Lakoff "No pienses en un elefante". En él cuenta el lingüista como las palabras son para el cerebro como los versos al poeta, pura metáfora y como su oportuno manejo nos aleja o acerca de los otros o nos facilita o dificulta el cercano entendimiento al actuar como marcos que explican nuestra visión del mundo.
Ayer tuve la oportunidad inolvidable de ser ponente en una charla sobre estrategia política a través de la retórica. Ofrecía una técnica de nombre impronunciable y que a muchos divirtió o interesó. Otros, pienso, desconfiaron de ella por su finalidad estratégica, como si la naturalidad de ser como uno es nos protegiera del golpe certero del contrario o de nuestras propia y naturales torpezas. Podemos llevar tiritas y árnica en el bolso pero si saltamos de rama en rama acabaremos usándolas con frecuencia.
A veces, una vez cada tanto, paseando sin darle importancia nos topamos con un par de verdades de esas que uno no busca sino que encuentra. Son pocas, van casi en cueros y uno quiere como El Príncipe, protegerlas de los asaltos de ejércitos vecinos, hacerlas brillar.
Tiene razón Carmen Comeanises cuando dice que la autencidad se paga con creces y a uno, en la distancia, le queda una amargura en la garganta cuando llega el momento del balance y los malos han ganado la partida. Sernos fieles a ultranza es heroico pero tiene un precio enorme. Tener un plan para conseguir lo que uno quiere, en cambio, posee el lustre maquiavélico del oportunismo y sin embargo está también lleno de voluntad y fe en la conquista porque uno tiene las ideas y tiene las palabras que tienen sentido para los habitantes del reino.

martes, 7 de junio de 2011

Bailar bajo la lluvia

De pequeñita creía que sería bailarina de flash dance o Lauren Bacal. El tiempo no me dio la razón pero, de igual menera, obtuve ciertos réditos a mi corta y limitadamente exitosa carrera como bailarina de jazz y actriz amateur de ámbito colegial.
Despúes quise ser analista política y speechwriter. La vida me ofreció impagables oportunidades de hacer lo uno y lo otro. Fue entonces cuando supe que era la mujer más afortunada del mundo: una polítóloga con puesto de trabajo. Oh, my god, me dije cruzando los dedos por detrás de la espalda.
La suerte no duró tanto, y tras la fortuna llegó la derrota. La primera gran bofetada de mi vida. Probablemente la necesitaba en una especie de justicia cósmica por el hecho de haber podido cumplir varios de mis sueños con menos de 25 años. Visto con distancia, hice siempre lo que quise y bailé una danza feliz por encima de todo aquello otro que pude hacer y preferí no hacer por principios. Y hoy tengo mejor recuerdo de mí.
Después vino la consultoría de negocio y la maternidad, con desigual éxito en uno y otro plano. Una época de crecimiento en la que hubo insomnio y también grandes descubrimientos y decepciones. Conversaciones muy serias en restaurantes chinos haciendo sociología, entrega al prójimo próximo y eso otro que siempre me pareció una renuncia: la aceptación del coste de oportunidad.
Según la pirámide de Maslow ahora ando cerca de la auto-realización, toda vez que no he escogido nunca la vía del bienestar material, hecho que me permite escalar un par de peldaños destinados a la acumulación de capital.
El destino era el viaje, como el de Ulises, pero el premio es grandioso. Como decía aquel cuento, la vida no consistía en esperar a que pase la tormenta, era aprender a bailar bajo la lluvia.

miércoles, 1 de junio de 2011

Cocktail de ideas y dudas

En la época de la facultad vivía, aún más que ahora, sumida en una duda razonable. Entonces, cada día, Marx, Locke, Habermas o Adam Smith se batían el cobre con manos invisibles y leyes de la historia. Y el saber de esas personas me fascinada, me dignificaba, que digo, me convertía en cortesana de un reino dialéctico donde los argumentos convivían con las dudas y las fisuras eran el motor de la reflexión continua.
Al menos en el plano ideal el materialismo dialéctico resultaba tan solvente como la ciudad platónica pues tan contradictoria me parecía la lógica social como diversa la condición humana. Lo abstracto ideal y la tangibilidad de la historia eran para mí compatibles y yo estaba como loca de felicidad de rozar la verdad siquiera con la punta de los dedos.
Por eso me sigue costando al día de hoy suscribir idearios completos, militar o creer a pies juntillas. Pero me apunto a dudar de forma sistemática y a someter cada día mis ideas al juicio de la razón y la historia. Con cariño, sin prejuicios, con distancia. Espero que juntos.

miércoles, 25 de mayo de 2011

The last survivor





El 14 iba a tope, arrollador como una ola gigante comiéndose la tierra. Julito “El ratero” había madrugado ese día. La cosa estaba achuchada y había buscarse la vida. Se subió frente al Ministerio de Agricultura y se situó tras una joven con un gran bolso gris que parecía el saco de papá Noel. Es la moda ahora, grandes sacos para pequeñas mujeres bailarinas, pequeñas Audries Hepburn arrastrando la saca de cartas del cartero de Bokowski. Es absurdo pero hermoso, como la vida.
Anyway, Julito metió allí su mano, rápida como pocas en otros tiempos. La chica sintió en seguida los envites del caco pero permaneció sin inmutarse, de espaldas, mirando sin mirar. El conductor del bus, presionado por el ordenador de a bordo, iba traqueteando el vehículo y dificultado con ello el éxito de hurto, de modo que al tercer ineficaz zarpazo Julito comenzó a sudar por las sienes y el nacimiento de cabello a chorro limpio y su rostro, pretendidamente indiferente ,mostraba muecas evidentes de frustrada incomodidad.
La joven víctima, cuidadora de unos gemelitos in vitro y que había ido desarrollado poderes extrasensoriales y adivinatorios desde la adolescencia, conocía de sobra las dificultades de sacar algo de aquel bolso-saco y era, además, sabedora de su saldo bancario, 23 euros, y del resto de contenido que trasportaba: clínex, merienda para los niños, tiritas para las raspaduras de las sandalias nuevas, arnidol para las caídas , gominolas de fresa, un yoyo de los chinos y una bolsa de la compra hecha una bolita, por lo que no temía pérdida alguna que pudiera quitarle el sueño. Sólo pensaba, pobre hombre, que mal lo está pasando... Se giró hacia Julito y le espeto: - pareces sediento, tengo zumo de piña-.
En verdad, estaba sediento. No sintió vergüenza, algo que hubiera resultado indigno en un ratero profesional, aunque sí el agradecimiento que surge a veces del sudor de la masa, una especie de solidaridad desnuda y brillante que convive en la hora punta con lo más mezquino del ser humano. –Gracias.-respondió el chorizo. –Me has leído la mente.-
De fondo, de forma inexplicable, sonaba “The last survivor” de Keith Keniff y la jóven y Julito pasaron el resto de trayecto, mirándose absortos como en un video clip hasta el mismísimo Paseo de la Habana.

martes, 24 de mayo de 2011

Mi puerta del sol




Nadie hablaba de otra cosa: los indignaos del reino de España concentrados en la Puerta del Sol. Les prohíben hacerlo o no y unos y otros dicen que les apoyan. La gente se acerca a curiosear, los niños se rifan las pegatinas. Yo, presa de la fobia a las multitudes me mantengo al margen, refrigerada ante el calentón cívico. Aún no he leído nada pero atando cabos algo huele a algo, algo se parece a algo y al menos una novedad evidente: la gente ahora habla de política en cualquier lugar. Se ha abierto la veda del debate público. Confieso que temo que el guión ya esté escrito, que los eslóganes me resulten familiares, que las propuestas ya estén mascadas y no pueda, como suelo, comprar el pack de productos pues devienen indivisibles y unidos por una cinta plastificada que hace las veces de filtro ideológico.
Pero aún no he leído nada y no sojuzgo. Abro la web y leo el manifiesto y el programa. Empieza bien, casi irresistible “somos gente normal, gente como tú que madruga para ir a trabajar, para estudiar, para buscar trabajo…”-vale, somos hermanos- me digo. Luego vienen los toques anticapitalistas y ecologistas, compro unos, descarto otros. Encuentro el hilo conductor: “la culpa es del sistema”. Demasiado tentador aún, como resistirse a ese aserto cuando mal pagados e ignorados en nuestras empresas tenemos que pagar los platos rotos a una banca boyante que no asume responsabilidades…nosotros que las pasamos canutas para ahorrar un solo mes de sueldo…para visitar un paraíso con todo incluido…cómo no despotricar de unos partidos tradicionales poco permeables, endogámicos y que parecen ajenos a nuestros problemas…
Resulta irresistible. Pero en un alarde de madurez cívica, resisto. Decido apostar en cambio por el pluralismo democrático y la responsabilidad individual y colectiva ante nuestros actos y decisiones. Decido no seguir las consignas de un grupo que en el fondo lo que pide es que un partido cambie el mundo por nosotros.
Prefiero mover el culo yo misma, sin esperar a nadie, construyendo posiciones y comportamientos nuevos, no como activista de un hipotético nuevo partido del pueblo sino como persona con voz propia para debatir, cabeza para inventar ideas y motricidad para echar a andar. Para construir un nuevo proyecto de sociedad que no requiera que los partidos hagan por mí, sino que implique nuevas formas de hacer una como ciudadana, consumidora o empresaria más allá de las etiquetas y las culpas. Un proyecto orientado a reconquistar un mundo que ya no se parece a lo que quisimos, un mundo masificado a nuestra imagen, sobre-explotado e insípido, transgénico y absurdo que nos educa a pensar poco y rápido y a consumir mucho y mal. Es verdad, el sistema nos lo vende...pero nosotros lo compramos. Tiramos la piedra de la indignación y escondemos la mano de la responsabilidad mientras buscamos un enemigo necesario para expurgar los compromisos vejados. La hegemonía de los partidos es el resultado de nuestra pasividad y nuestro mutismo y no al revés. Construyamos sociedad y civilización y no habrá partido que se resista. Sí tenemos que cambiar muchas cosas, empezando por nosotros mismos. Sin prisa, sin pausa.




Disfruten, mientras cambiamos el mundo de la bella fotografía de Patricia Valdés. Allá arriba...

lunes, 16 de mayo de 2011

Quiero perderme en el botánico





Tengo ganas de perderme en el botánico. Supongo que es una fantasía recurrente, un fetichismo de libro. Le pasaba a Belén Gopegui en la Escala de los mapas con la manija de una ventana...así que lo mío es cosa sencilla.
Mi intención es sumergirme entre los macizos de boj y permanecer allí muy quieta hasta que al amanecer y antes de que el calor derrita como a Ícaro sus alas, regrese a la superficie sobre las hileras de pensamientos que jalonan su verja.
Luego buscaré una senda adecuadamente tejida de arces o castaños de indias, de modo que mi piel tenga el mismo estampado geométrico de luces y sombras que sus copas rebanadas de sol pintan en el suelo.
Entraré en el invernadero al fin, como Alicia en el árbol, y me reposaré bajo el ficus como si no hubiera hecho jamás otra cosa. Quizás toque el violín con un limpio cambio de cuerda, lo mismo que Sara en el columpio, yendo y viniendo a cámara lenta.
Cerraré los ojos escuchando “Happiness” de Riceboy Sleeps a soñar que soy bailarina de una caja de música en perfecta y entrópica danza. Qué soy una bailarina perdida en mitad del botánico y no se puede pedir nada más en esta vida.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Banderolas electorales y otros adornos de la democracia



Hoy en el 14 he tenido que dejar de sopetón el tronchante libro de Bukowsky (Cartero, su primera novela) para analizar la cartelería electoral. Al respecto la gente se pregunta ¿por qué lo ponen? ¿quién es tan lerdo para votar a alguien porque lo ha visto en un cartel?
Muchas veces, en una ingenuidad similar, he tenido idéntica reflexión con los anuncios de detergente cuando lo cierto es que ninguna empresa gastaría millones en publicidad si no estuviera garantizado el retorno de la inversión.
En relación con la versión política, le decía el otro día al Mítico George que, de hecho si no pusieran banderolas por las calles la gente ni siquiera sabría que estamos en elecciones. Tout simplement.
Como no lanzar pues el libro por los aires al ver a ese Gallardón, impactante, con tanto photoshop que parece un holograma; esa Esperanza que parece un cartel de las crónicas de Narnia; pero sobre todo, ese iluminatti de Tomás Gómez, "Presidente de la gente común..." ¿quien se pide ser del común...? NOOOOOOT, mirando al más allá esperando a que aterrice la nave nodriza de "V"; y esa Lisavetsky, haciendo la campaña del ser humano que parece la semana fantástica del corte-inglés-del-tío-normal-que-ni--ni-.
¿pero quien les hace las campañas, dios mío, Aaron Spelling?
Llega mi parada y me bajo. Empiezo a pensar que persiguen la abstención electoral. Y no me río.

martes, 10 de mayo de 2011

Relato corto en tres tiempos: Los ojos del poeta

Sus pupilas titilaron unos segundos, de forma similar a las estrellas de noche, como si temblaran fugaz, casi imperceptiblemente. Era lo que hacían sus ojos de poeta en su fase r.e.m (rapid eye movement). De este modo encontraba la belleza que necesitaba para habitar el mundo, la dosis suficiente de versos ensartados como guirnaldas con sus palabras favoritas (quizás, tal vez…) y la dosis clave de silencio para formar canciones.
El poeta, lo mismo que un carnicero por los cuchillos tenía debilidad por los personajes. Tras ellos corría su mente igual que una liebre. Como gran fabulador construía historias habitualmente poéticas, cortas, sensoriales, de evidente belleza. Fabulaba, sí, todos los sabemos, fabulaba y fabula como modo de vida, como la rana que le dice al escorpión: ¿y tú, qué, como siempre…? El poeta, la persona también, de carne y hueso, tenía además simpatía con los antihéroes. Superratón y el Henry Fool de Hal Harley fueron sus principales referentes en la infancia y adolescencia. Todo esto contribuyó decisivamente a que el poeta pusiera sus ojos en Muhmad, que cada día se apostaba a dormir en el portal de una entidad financiera en plena Avenida del Mediterráneo, cerca de su casa.
Al mirar al vagabundo, las frases fueron saliendo como rápidas jugadas de ajedrez acumuladas en la retina. En seguida Muhmad se convirtió en adalid de la libertad verdadera, en prototipo del antihéroe que desde fuera del sistema observa del mundo la belleza, un desheredado sin techo que duerme como Ofelia sobre el lago, temeroso de no despertar, un clochard en la rivera del Sena, recordando que atesora vivencias, que oculta genios poéticos. La gran metáfora de los poetas que, tal y como ocurre en la vida misma, se ocultan del exterior para seguir disfrutando del fecundo territorio del exilio.

lunes, 9 de mayo de 2011

Relato corto en tres tiempos: Los ojos de Carol

Sus pupilas titilaron unos segundos, de forma similar a las estrellas de noche, como si temblaran fugaz, casi imperceptiblemente mientras hablábamos de un relato de un poeta sobre un vagabundo. Entonces enrojeció de súbito, tal y como solía ocurrirle de pura emoción. Las mejillas subieron de tono, las orejas se le encendieron y hasta el blanco de los ojos, como ensangrentados de pena se volvieron teatralmente iluminando el centro de la escena.
Yo la miraba sorprendida. -¿Qué te pasa? Le dije alarmada. Por instante creí que no respiraba. -¿Estás bien?-. Grité ante la duda.
Ella permaneció callada y compungida, disparando sus ojos contra los míos con la vana pretensión de lanzar con ellos rayos autoexplicativos.
–Estas llorando- comprendí finalmente.
-Sí.-confirmó escuetamente. –Este es un asunto que me supera-. Al pronunciar estas pocas palabras, supongo que se quebró la suerte de muro de contención que hubiera logrado construir en torno al asunto y dos lágrimas gruesas como acequias rebanaron sus sienes.
Carol se manifestó como una persona extremadamente humana, si es que la humanidad tenía límites o infinitos. Quizás por ello, la visión del mundo tal y como era le resultaba insoportable. Además, poseía una absoluta consciencia del sufrimiento ajeno, un nivel de consciencia que no lograban edulcorar ni el símil, ni la metáfora.
-Allí estaba hoy de nuevo…ese chico marroquí…hay tanta gente perdida…somos tan frágiles…pendientes de un hilo…pendientes de un empleo…pierden su empleo y lo pierden todo.- Carol deseaba en un modo pueril y grandioso, tener una máquina generadora de empleos que lograra poner fin a situaciones como aquella. Y la indignación se le atravesaba en la garganta pensando en los abusos del primer mundo, la explotación, el consumismo, la belleza en serie, la grisura de los no pensantes. Narraba así su historia entregada al dolor de saber que no podría cambiar las cartas marcadas de Muhmad.
El mundo no es tan hermoso, pese a todo. A veces no hay más posibilidad de plasmar la utopía que en canciones. El mundo es errático, dulce, incompetente, vivo o ciego, plagado de portales, cartones. Lleno de amor y sueños, lleno de vino, de trapos, de versos, de hallazgos, llenos de lágrimas y pupilas que titilan al abrir los ojos.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Relato corto en tres tiempos: Los ojos de Muhmad

Sus pupilas titilaron unos segundos, de forma similar a las estrellas de noche, como si temblaran fugaz, casi imperceptiblemente. Estaba tumbado en unos cartones sobre un banco y miraba el cielo de las nueve de la mañana. Muhmad se buscaba la vida en las calles del barrio de Retiro, un entorno acomodado y apacible, colmado de culpa cristiana. Y reitero esto de la culpa porque, durante años viviendo en las calles Muhmad había aprendido al menos dos cosas, una era la importancia de aislar el catre de la humedad y otra era la habilidad de distinguir culpa y conciencia. La primera sensación permitía pingües pero constantes réditos por parte de los subscriptores de limosna, mientras que la segunda versión proporcionaba puntuales aunque más elevadas aportaciones y ocasionales bocadillos e iba acompañada de un deseo más o menos difuso de cambiar el mundo y, con frecuencia, exigía charlar con el “concienciado” sobre ciertas nebulosas oportunidades de reinserción social.
El joven Muhmad, que yo conocía a través de la asociación, no llegaba a los 30 pero nunca conoció la alegre juventud. Visto desde fuera su agenda vital estuvo marcada por el infortunio de la pobreza secular y la enfermedad mental. Nacer de una madre soltera en un suburbio de Fez fue la antesala de una identidad marcada por el ostracismo y la precariedad en la que al amor nunca llegó a borrar la vergüenza. Una esquizofrenia sin tratamiento médico alguno terminó de hacer el resto. Emigración durante la adolescencia, trabajos esporádicos en la fresa, centros de menores, alcoholismo. Visto desde el corazón de Muhmad así era la lógica del mundo y de la vida. La preocupación era siempre coyuntural, lo mismo que el disfrute, y una vez garantizado el mínimo abrigo y condumio, todo estaba bien o no, o todo estaba mal, según.
-Esto es algo así como la muerte- le había dicho una vez a un compi al que todos llaman “Rubiales”-Estar cerca de la muerte nos hace grandes, amigo Rubiales. La vida es un maratón y nosotros los marroquíes siempre queremos correrlo descalzos...
-Gran frase morito- asintió “Rubiales”- Eres un poeta-
-Bah, tonterías…-se burló Muhmad, para quien la poesía era una pérdida de tiempo.
El endurecimiento de su alma era a estas alturas de la vida un asunto retórico, una obviedad. Aunque su mente, en efecto, conectaba brutales poemas de metáforas azules, de sombras chinescas y nubes cambiando de forma en medio de la vida y la muerte.
Puede que a su manera, los ojos de Muhmad titilaran como los de un poeta que mira al mundo. Quizás para nosotros, sus observadores, esa posibilidad no sea más que un consuelo, una forma de darle trascendencia a la miseria, de darle profundidad al abandono, belleza redentora al hambre y la exclusión. Ese héroe no es Muhmad, no es poeta, no lleva un esmoquin raído, esos son los nuestros, nuestros ojos. Pero es cierto que los ojos de Muhmad titilan, los he visto a menudo, como perdidos, incendiados, mirando sin mirar las cosas que mira, nubes que vuelan, cristales rotos a un paso de la muerte.

lunes, 25 de abril de 2011

No hay detalle pequeño


Lo dijo una vez el gran Alejandro González en el receso de un concierto de Enrique Amigó. No hay detalle pequeño. Y me quedé pensando en ello. Además de una frase cojonuda, es una idea compleja, un asunto para la reflexión. Lo confirmó Antonio Banderas este sábado en el programa de Versión Española (por cierto, espectacular retoque el que se ha hecho Cayetana Guillén Cuervo, please que diga donde…resplandece la piba…) a la sazón de su segunda película “El camino de los ingleses”: para narrar una historia sobre los recuerdos los detalles lo son todo. Así, uno se acordará de unas luces sobre la mesa, del calor la noche que dio el primer beso, quizás de la sensación de la arena de la playa entre los dedos de los pies, de cómo olía la calle en verano una época de la vida aunque desde luego no recuerde la secuencia concreta de los diálogos y los acontecimientos.
Los recuerdos están llenos de cubiertos chocando contra la loza, de niños, que podemos ser nosotros mismos, gritando frenéticos mientras dan vueltas y vueltas a una mesa, de abuelas que miran a su alrededor mientras los cubiertos sobre la loza le recuerdan las sobremesas con hijos y nietos constatando que tuvo, a fin de cuentas, una familia feliz. La abeja primaveral que bebe de la flor mientras almorzamos y uno hace balance de las personas que ha conocido en los últimos tiempos, Canet aislado en el submundo con su huerto de versos y archivos, cantautores islandeses con sus tristezas magníficas y vitales como haces de luz, los ojos verdes del mítico mirando a sus hijos como lo haría un general romano sobre las cimas de Baelo Claudia musitando- Este es mi hogar-, lo mismo que ese José Sacristán invadido por la Pampa, la nostalgia de la niña escritora que malvive vendiendo informes cual pobre cerillera del cuento, los ojitos brillantes de una uruguaya exprimiendo Madrid, los mismos ojos brillantes de una limeña haciendo como Ulises el viaje a Ítaca de la consultoría de negocio.
Las personas, tocando tambores, atemorizadas y carnosas, yerguen sus almas como cipreses despegando a un cielo que es rosa en ocasiones, y así, flechas apuntando al futuro, somos la justificación del sistema y su alimento. Tanto es así que las personas comunes seguiríamos a delante en las situaciones más adversas. Y si por casualidad desaparecieran 5 o 6 ministerios, incluido el Palacio de la Moncloa, tantas personas amasarían pan y criarían gallinas y poemas como para alimentar a varias familias, nutriendo esos instantes de vacío institucional de amorosas veladas y sopas de ajo. Caerían entidades bancarias, sí, pero los abuelos seguirían reservando unos caramelos para sus nietos en bolsillos rotos y huecos. Nuestra civilización podría renunciar a brackets invisibles, i-pads, suspensorios, botox y prótesis mamarias porque todo ello podría ser sustituido por una buena conversación sobre la belleza de aquella que perdió la tensión de su óvalo facial aunque no su divertido sarcasmo 100% libre de impuestos.
No nos engañemos, podríamos estar desnudos y hambrientos, y seguiríamos vivos, contemplando los detalles no tan pequeños de esas cosas que nos hacen personas, que nos recuerdan las siestas en casas de nuestros padres, que nos llevan a compartir conocimientos con maestros y colegas, a atusar cabellos, a tener primeros amores y segundos y terceros, conexiones con el paso del tiempo, a cumplir promesas y a romperlas, a proferir palabras voraces como un rayo que no cesa y escribirlas y leerlas y dejarlas de recuerdo.

lunes, 11 de abril de 2011

Follar sin ganas


Dicen que la primavera la sangre alterna pero ¿y la astenia? Pocos reflexionan sobre los efectos de la astenia en la sexualidad. La astenia (del griego a: ‘no’, y sthénos: ‘vigor’) es un síntoma presente en varios trastornos, caracterizado por una sensación generalizada de cansancio, fatiga y debilidad física y psíquica. Esto, unido a una vida de pareja nutrida de capítulos de los Pingüinos de Madagascar y Dora la Exploradora, deja la pasión bajo mínimos. El otro día Mítico George se me quejaba indignado porque me puse a hacer payasadas mientras intentaba besarme. Lo siento George, me era imposible concentrarme. Una amiga me confesaba esos días que no soportaba que su pareja la entrase cada noche, que la acobardaba y bloqueaba tener que “dejarse llevar” por lo que la situación requería un inmediato cambio de roles en la que ella se reinventaba a sí misma y poco menos que tenía que disfrazarse de catwoman. A veces sirven unos vinos, a veces mejor que no…Estamos cansados, que le vamos a hacer. Y para colmo, la esquiva pasión está francamente sobrevalorada. Casi hay que recrearla obligatoriamente con atrezo y vestuario picantón cuando lo habitual es que exista únicamente en esos términos en el sexo fugaz, el enamoramiento primero y los dramas de libro en los que, como Romeo y Julieta, ciertos impedimentos estorban a la par de que estimulan el hipotálamo. Primero queremos ser padres y llegan los tiempos de técnicas de estimulación ovárica y sexo programado los días fértiles con meditación trascendental y reposo poscoital. Cuando finalmente procreamos llegan los tiempos de sexo los sábados a medianoche con madrugón poscoital y sesión doble de Mani Manitas. Ya sólo nos falta el tantra... Así las cosas, no hay quien se relaje bajo las sábanas. A las mujeres nos atenaza la presión de “que nos busquen” (y la mitad de las veces no nos encuentren) y nos pone más tomar la iniciativa, aunque lo hacemos menos veces de las debidas. Y ellos, pobres, que casi nunca flaquean pero están programados “en modo tío” se sienten ancestralmente obligados a entrarte aunque tengan que lidiar con intercadencias químicas, braguitas cómodas y agotamientos primaverales propios y ajenos. En definitiva, tras unos años de satisfacción por poseer un Ford fiesta en el que dar rienda suelta a la pasión resulta que el deseo se echa a dormir en nuestra cama anti-ácaros de doble refuerzo lumbar. El deseo se duerme pero damos un brinco cada vez que se menciona una palabra clave: follar. Apuesto a que los lectores de este post se han multiplicado por 3 sólo por el titulo...¿o no, pícaros primaverales?

viernes, 25 de marzo de 2011

Los miserables cantan rap

Hace unos días acudí a la mejor producción de los Miserables de Víctor Hugo de cuantas he visto (Mítico George diría aquí, ojiplático, ¡pero vaya cara! si sólo has visto dos...y yo añadiría...bueno sí, pero he visto algunas escenas más en varios musicales de instituto americano...osea dos más...) Es verdad, lo reconozco, exagero. En eso soy irreductiblemente del sur. Aunque un consultor diría, no obstante, que no falto a la verdad ni exagero, sino que "pongo en valor" las experiencias vividas. Pues a cuenta de la mendicidad y el talento trata el post. Metro de Madrid, 16:30. Regreso del polígono. Entra un chaval y comienza a rapear en plan improvisación. El tío es tan malo que no puedo contener la risa y me tapo la cara para que no se ofenda, me ve e intenta rapear sobre el modo que me apoyo en la mano pero no hila frase entera...tututu...se apoya en el anular...tututu...eeehhh...se apoya...tutututut....lleva medias marrones...oh yeah...ehhh...y regresaba a un bodrio refrito de espartanos, luchas callejeras y bufandas de lana. El pibe, sencillamente carecía del vocabulario y la rapidez mental suficiente para cotorrear sin mediar descanso. Pero él iba tan contento, de un lado para otro del andén moviendo las manos en plan Eminem mientras que los señores mayores que había sentados enfrente alucinaban en colores preguntándose en que momento iba a decir que se drogaba y que necesitaba ayuda urgente de los servicios sociales, hacia donde ellos, buenos cristianos le acompañarían encantados..."la va a cantar entera" decía ella sin saber que la trova-basura no tenía fin. Pero el tío era feliz e iba de vagón en vagón como exultante, repasando y ensayando nuevas metáforas con las que epatar al personal. Entonces, una metáfora comenzó a flotar en el aire, el mundo es de los audaces y nada, salvo el pudor, puede impedir que uno se sienta artista en medio del cosmos. Y otra cosa más, hay algo maravillosamente irresistible en esa capacidad humana de decir "aquí estoy yo". Es ese impulso que los psicólogos llaman autoestima y que convierte la torpeza de los gallos mañaneros y el desafine contumaz en un alarde de dignidad que hace que las personas parezcan más valiosas y más altas. Igual que Los Miserables revolucionarios de Víctor Hugo estos nuevos clochards de underground nos dan una lección diaria de prosa poética, a falta de talento, por la vía del amor propio.

viernes, 18 de marzo de 2011

Un hombre enamorado


Ahora trabajo en la sede de un cliente, la oficina está camino del extrarradio y ello, además de tediosas comprobaciones de datos me ha proporcionado innumerables viajes en metro. ¿masificación? ¿olor a humanidad? no, eso para mí son historias que contar.
Ayer, por ejemplo, coincidí en el vagón con un hombre enamorado. Recuerdo su rostro a la perfección, unos treinta años, gafas de bibliotecario, metro setenta, noventa kilos. Viajaba junto a la mujer de su vida. Morena ella, de pelo ensortijado y él se apoyaba en su espalda entre la masa humana de la hora punta con tal desazón que por el resplandor pareciera que un foco de cine iluminara la escena.
Suspiraba, podríamos decir, desde lo más profundo del alma. Pero lo hacía de forma silenciosa, sin ruido, trasmutaba, casi levitando. Besaba de nuevo los tirabuzones de su amada, con los ojos cerrados, ajeno a todo, rezumando amor.
Todos le mirábamos como asistiendo a un espectáculo cuyo código es conocido. Me reconocí en su rostro en el entendimiento que yo estaba viendo lo que uno siente y ve el otro cuando uno comparte dicho estado molecular que sólo el amor y los psicotrópicos propician. Los labios entreabiertos, la mirada perdida como besando al aire, el aire que era su boca, el aire que era su piel, el aire que era morir de éxtasis, un relámpago, un calambre girando en el centro de la médula.
Quienes hemos amado así pudimos reconocerlo aunque el tiempo haya moldeado semejante estado de enajenación que hoy resulta exótico y volátil.
Seguramente habían pasado la noche juntos porque era temprano, amándose como en tinieblas, fuera del mundo. Apuesto a que ese amor acababa de nacer, que él la amaba ya, sin embargo, desde niños y que hasta ahora ella le había querido como un amigo. Él no da crédito y a ella le enternece irresistiblemente que alguien la ame de ese modo. Un amor así resulta irrenunciable, así que ella se dejaba querer y con esa sola disposición alimentaba el alma del hombre enamorado que sobrevolaba astralmente Madrid a la altura de la plaza de ventas.

lunes, 7 de marzo de 2011

Yo soy así

Existe un aserto, tan falso como recurrente, que tiene que ver con la inmutabilidad de las formas de ser. En efecto, con el tiempo he podido observar que las personas tardamos años en ir limando aristas, aprender un idioma o decidir divorciarnos. No es menos cierto que, recalcitrantes, seguimos, como dice el refrán tropezando con la misma piedra, una y otra vez. Y es verdad que, en cada cambio de ciclo, algo se tuerce por dentro y nos sentimos asolados por la incomodidad de una hechura nuestra que no cabe en el tiempo que le toca vivir o la que, por el contrario le quedan las mangas largas como los jerséis de Enrique Iglesias. A casi todos nos pasa esto de que estemos como fuera de lugar en nuestra propia vida.
No hace falta, pues, que diga que me solidarizo con la desazón existencial. Pero si realmente algo me toca las narices ante cualquier eventual desajuste es la socorrida salida de quienes sintetizan el asunto del modo que sigue: “es que fulanito es así y hay que aceptarle como es…” ¡Y un huevo! (y dos huevos duros que diría Manuel Chaves) ¿Cómo que fulanito es así y estas son lentejas? O sea que una entra en conflicto interior y las pasa canutas y para recobrar el equilibrio decide acudir a terapia, limpiarse el aura, regresar a la infancia con hipnosis y rezar 25 avemarías y mientras, menganito de copas, que tiene la manía estructural de estar de mal humor en el convencimiento de que la humanidad toda es incompetente y responsable, igual que Zapatero, de la subida del crudo, puede si quiere tratarte como un trapo porque “no puede evitar ser como es”.
¡Y una leche! Me rebelo, disiento, rebobino, no me la trago. El ser humano es lo suficientemente permeable y potencialmente capaz de cambiar. Si bien es esfuerzo redentor es excepcionalmente duro, no vayamos a caer en el dadaismo. Pero renunciar al intento, y que encima familiares y amigos te ayuden a atrincherarte en la oscura mismidad, me resulta sencillamente inadmisible. Ni hablar del peluquín. ¡A mover el culete y a terapia como todos los demás!

miércoles, 23 de febrero de 2011

Mantas zamoranas y vulvas peludas en Cibeles Madrid Fashion Week


Sabed todos, cibernautas sin sentido de la moda, que ahora para ir trendy hay que echarse por encima una manta zamorana por el día y por la noche la colcha de Conan el Bárbaro. Eso sí, si refresca hay que ponerse una capucha con forma de vulva peluda tipo gatete acostao en Muchachada nui-ni . Sin eso complementos sobre un micro-short cachetero uno está no sé, como out, osea superhortera. Donde quedan esos tiempos en que un sobrino a la pregunta de ¿a quien te quieres parecer de mayor? decía cosas como “quiero ser hortero como el tío miguel…” (sortero quería decir el chiquillo, o sea sin pareja…)
En definitiva, para cualquier que no tuviera la suerte que yo tuve de estar ayer en Cibeles Madrid Fashion?? Week que se apunten a un curso de ropa fea, sencillamente hortera y con forma de edredón de mamut con unas chapas pegadas para dar glittering al conjunto, o mejor dicho al atuendo, que es como se dice con propiedad.
Pues, eso, si quieres tener un look como super-cool, y no eres una fashion victime de 40 kilos, tacones de zorrupia, pelo por debajo de las corbas, sombrero borsalino y fular de 3,5 metros o tienes un amigo gay con gafas de plástico rosa tipo…como era el cantante ese que llevaba unas gafas redondas…ah sí John Lennon…un peto de granjero de culo-cagao y cresta amarilla, no te queda otra que pillar la alfombra del oso del tío Honorato y echártela por lo alto en señal de estar a la última. Mi pregunta: viendo la foto de diseñador Carlos Diaz me pregunto...¿en qué se habría inspirado? Ahora el tipo molaba bastante y resultó bastante auténtico y esencial entre tanta impostura.

martes, 15 de febrero de 2011

La vida es un dafo


Para quien no lo sepa a estas alturas de la vida, un DAFO es una matriz comúnmente empleada en consultoría para ordenar la información de un diagnóstico en 4 cuadrantes, dos externos (oportunidades y amenazas) y dos internos (debilidades y fortalezas).
Pues bien, una oleada de inestabilidad sacude los cimientos de mi entorno. De un tiempo a esta parte, un número estadísticamente relevante de mis amigos y familiares y red de contactos están experimentando un ciclo masivo de cambios, pequeños cataclismos que en este punto no podemos calificar como desgracias sino como experiencias de vida sobrevenidas, digámoslo en términos del nuevo ascetismo, oportunidades de autorrealización. Las temáticas son variadas pero con frecuencia destacan las rupturas amorosas, los trabajos frustrantes y las combinaciones de ambas categorías.
Es esta la dinámica cósmica. Por ello, no es extraño que yo, que siempre he sido lo que la desviación típica a la campana de Gauss, vaya cual abeja Maya, de flor en flor como riendo, cantando y si la ocasión lo propicia, bailando claqué cual alegre número de Anything Goes de Cole Porter.
Tout simplement estoy de buen humor, aunque sabedora del DAFO que es mi vida y todas las vidas y con ello de mis desventajas existenciales o ambientales y las del resto. Voy feliz como una perdiz a encontrarme con mis hijos en el parque y me siento dispuesta a resolver cualquier conflicto propio o ajeno. Oportunidades de ayudar al prójimo o a mí misma no me van a faltar porque, Horacio dixit, algún astro anda “re-contra-putiando” el cosmos con alguna parábola traicionera, como ya ocurriera en aquella época oscura hace años en que Saturno nos comía los talones a Gonzalito y a mí.
Otra vez los astros agitan el barco, esta vez es la luna, ese astro bailón y dinámico y Júpiter, nada menos, sobrenombre de Zeus, «padre de los dioses y los hombres», dictador del cielo y del trueno. ¿Cómo resistir pues el envite? Ahora la clave es la adaptabilidad, el manejo del vaivén, de lo postestructural, de lo mutable. Esta vez, no reniego, no me resisto, me dejo llevar y hago un chiste y publico un post. ¡Por fin llegó mi momento!, me aprovecho al fin de mis ventajas comparativas, de conocer la inestabilidad y su lenguaje y hago de mi proverbial falta de encaje, versatilidad, de la debilidad fortaleza, del caos mi estrategia y de la debilidad virtud.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Picoteo intelectual

Suele decir el mítico George que una de mis más insignes cualidades en el picoteo intelectual. Léase: “facilidad para procesar pequeños saberes, anecdotarios y consejos leídos en revistas dominicales en cuartos de baño, reversos en el bote de champú o capítulos sueltos de grandes obras cuya lectura diagonal habría dejado indiferentes a la mayoría de población, que habría identificado las siguientes palabras: “estructural”, “millieu” y “apoyo institucional” y acto seguido pronunciaría la onomatopeya –“buf, que rollo…”- ello combinado con una cierta receptividad hacia la literatura de moda y belleza y los conocimientos que puedan adquirirse en media hora de tele en el prime time o en una conferencia de Víctor Pérez-Diaz”.
Esta cualidad, injustamente valorada, como demostraré más adelante, unida a mi disposición experimental me permitió realizar un inocente ejercicio de gimnasia emocional propuesto a las masas el otro día por un conocido presentador de TV. Sólo había que escribir cada día varias cosas por las que estar agradecido y que nos aportasen algún tipo de felicidad o placer. Este sencillo ejercicio, lo mismo el “master thighzer” con los abductores, hacía que uno se sintiera rápidamente más dichoso e incrementara su positividad hacía el transcurso del día al tiempo que su realidad se alineaba con sus expectativas vitales.
En efecto, tras la primera jornada de happy day gym compruebo que las mismas cosas que me hacían feliz ayer se repiten hoy por lo que estoy en disposición de añadir otras más accesorias tales como pasar todas las mañanas por el jardín botánico, tener la oportunidad de comer calsots este domingo o hacer alguna payasada con algún compañero de la oficina.
De este modo concluyo que el citado picoteo intelectual, lejos de hacerme parecer o volverme directamente fatua e inconsistente me permite ahondar en otra de mis capacidades cognitivas más acusadas, el deleite por atar los cabos sueltos, eso a lo que Steven Jobs, dios lo guarde muchos años, se refería en su discurso en Stanford connecting the dots “unir los puntos y que se trata de aislar primero las variables explicativas para después unirlas entre sí…
Hoy otro picoteo en el bus (el paper "El nuevo ascetismo, expansión del yo y transformación personal" del sociólogo Joaquín López Novo) me ha puesto en mi sitio, soy una víctima del postmodernismo y la hibridación cultural que lo convierte todo en una suerte de búsqueda colectiva por la transformación del yo…buf…en cualquier momento saco la esterilla de yoga y me limpio del campo energético que ya toca...