martes, 25 de enero de 2011

Proceso de selección

Dice la pizpireta Elsa Punset que una de las fórmulas más eficaces para superar un episodio de tristeza, consiste en coger la historia y contarla a otros de forma exageradamente dramatizada. De este modo, el triste evento se convierte en un sainete de Woody Allen y en vez de llorar te mueres de risa. Elsa, va por ti:
Andaba yo nerviosa y emocionada ante la inminente segunda entrevista del proceso de selección donde participaba. Llegó el día y yo acudí monísima de la muerte y oliendo a frescor salvaje del Caribe. Comencé mi intervención, eso debo admitirlo, de forma bastante caótica, farfullando incoherentes latinajos mientras el jurado que más bien parecía el tribunal de los 300 me miraban fija y secamente con una mirada que, traducida al lenguaje verbal decía, más menos, “que-co-ño-stas-dic-iendo”. Sin embargo, poco a poco, comencé a hilar algunas frases, hasta el punto que, al cabo de un rato, me acerqué bastante a ser candidata a un galardón de la categoría de “normalita-border-line”. Luego hubo unos minutos, que a mí en cambio me parecieron horas cociendo a fuego lento en la marmita de Obelix, en que recuperé el pulso del discurso y reproduje del tirón el grueso de mi tesis: -La metodología de estudio del hábitat de la mosca cojonera en las marismas de Huelva.
Aunque el tema estaba bien escogido y contaba con la aprobación inicial de recursos humanos, una vez planteado, uno de los supertacañones empezó a bombardearlo por su línea de flotación. El tribuno de la plebe ya había estado tocándome las narices toda la entrevista de modo que no me sorprendió que comenzara a despotricar contra el enfoque en su conjunto, y solicitando enérgicamente que, y cito literalmente (me tomo esta licencia dramática a modo de climax),-“dejara de contar metodologías, brainstormings y polladas de que me hacen perder el tiempo”.
Yo le miraba impávida como si me hubieran dado al pause, igual que el resto de los 299 tribunos que miraban al “uno” como diciendo: -“vaya Antúnez nos ha vuelto a espantar al candidato”. De modo que, entre la tensión existencial y el silencio gélido, el tal Antúnez se apercibe de la metedura de pata y empieza a subirse a la silla como una gallina en celo farfullando ininteligibles frases y cacareando histriónicamente en señal de tregua.
Lo cierto es que yo ya me encontraba rogando a la dulce tierra que me tragara de una vez mientras intentaba digerir sin llorar la especie de chirimoya de nudos gordianos que tenía en la glotis.
Debo de decir que el resto de la entrevista transcurrió con total normalidad. Al llegar a casa comprobé que el tal Antúnez, un seguro don-nadie era nada más y nada menos que el consejero delegado. De modo que, no me cabe duda que, en breve, recibiré la oferta (risas y aplausos).

sábado, 22 de enero de 2011

Las prisas, la conciliación y el conejo de Alicia

Hace meses que vengo analizando la estadística de uso del transporte público desde una perspectiva de género, de modo que puede decirse que tengo expertise en la materia...hoy lunes hay exactamente contadas 31 mujeres y 5 hombres ¿qué quiere decir esto? ¿quiere decir que una parte sustancial del sexo masculino se ha volatilizado, distraído o extinguido? ¿O significa, por contra, que las mujeres somos más ecológicas y preocupadas por las emisiones de gases, utilizamos más el transporte público...? ¿ninguna de las anteriores explicaciones es correcta? Las explicaciones sociológicas nunca son sencillas, entre otras cosas porque son la consecuencia del análisis de estructuras poliárquicas, difusas y dispersas, tan difusas y dispersas como lo son nuestras vidas dispersas y cuya suma y engranaje conforman las sociedades objeto de estudio.
Pero si dejamos actuar el olfato, que es menos científico pero igualmente revelador, las pistas son claras: son las cinco menos cuarto y el porcentaje de hombres ausentes están en su trabajo a jornada completa o en su jubilación a jornada completa mientras que las mamás y abuelas están concluyendo o comenzado alguna de sus múltiples jornadas parciales que acumuladas rondan las 60 horas semanales.
La conciliación no debería ser un asunto de mujeres si a lo que responde es a los problemas de desajuste horario de las personas, pero estadísticamente lo es porque razones puramente descriptivas. La sensación que produce se asemeja aquello que sentía el conejo de Alicia "llego tarde, llego tarde"con un gran reloj que imita a la bola de los convictos.
De ahí que la plenitud profesional o la personal para las mujeres que deciden ser madres no existe más allá de la epopeya que a veces resulta al contar como una tiene dos hijos, un blog, toca el violín, hace la compra, pretende ir decentemente arreglada y trabajar en una multinacional.
Pero tampoco son existencialmente plenas las mujeres que eligen una opción doméstica, porque carecen de reconocimiento público y porque corren igualmente de la zeca a la meca con carritos, bolsas, papelitos y fiambreras y terminan el día con la épica confesión "hoy no he sentado".
En uno y otro caso el éxito se escurre entre los dedos y la conciliación es la evidencia de que las cosas no funcionan y que hacía falta inventar un palabro que describiera el hecho de escribir el post en la línea 14 del bus (razón por la que las gentes creen que vivo obsesionada con Caradejajo...), hacer mentalmente la lista de la compra en el ascensor, aprender la partitura en la cola del pan o repasar la presentación mientras friegas el tupper del medio día a la par que haces ejercicios para fortalecer el suelo pélvico.
Ya lo decía Elena, nos han engañado con el mito de superwoman, esas mujeres-orquesta que sí llegaban, que eran grandes dentro y fuera, que ganaban dinero y hacían bizcochos caseros.
La verdad es que, aun las que tenemos ayuda y orgullo, no llegamos o lo hacemos como-pollo-sin-cabeza, corriendo como el conejo de Alicia, felices a ratos, ahogadas otros, plenas en ocasiones por saber que sacamos a la vida todo su fruto. En definitiva, sabedoras de que las mujeres perdemos mucho por quererlo TODO.

viernes, 14 de enero de 2011

La moraleja del cuento de la sombra y la luna

Hace unos años, ni muchos ni pocos, no es cuestión de salir del anonimato generacional por exceso de pistas. Pongamos, por ejemplo, que tuviera 30 pelaos y mi antiguo jefe, llamemosle en adelante RS2D2, me hubiera prestado dos libros imprescindibles, una antología de Gil de Biedma y otro titulado "Vieja Amiga" de un tal Ortiz. Leí ambos libros muy motivada, en parte porque aún estimaba enormemente al sujeto y también porque siempre tengo las pupilas abiertas ante un buen poema. Sin embargo, la temática nostálgica y las constantes alusiones al paso del tiempo pronto me cansaron, dejándome un poso de desafección y la certeza de que esa no era mi historia.
Hoy, tras leer el post del mítico George "La sombra de Javi" he comprendido por qué el "Carpe Diem" de Biedma y Ortiz era un viaje de ida y vuelta: A la ida una apura la vida al vivirla y literalmente coge la rosa sin pensarlo. A la vuelta, apurada ya la juventud, una comienza a tararear la canción del "Puella amant rosas" y a decir cosas como: "Hay que vivir el presente".
En este sentido, mirar a un niño de la edad de Javi es como meterse en la máquina del tiempo, recordar los juegos con la propia sombra, correr hasta el portal compitiendo con el resto de viandantes y tener una absoluta indiferencia hacia el horario y el calendario porque eran tiempos en que lunes y viernes sólo eran palabras y uno no necesitaba ni sabía leer las horas.
La moraleja de este cuento es que los niños sonrien al descubrir su sombra, el mundo, las caras, las palabras, los colores porque desconocen el mundo tal y como es y las reglas que lo mueven. Se ríen a carcajadas porque alguien ha dicho caca y pis, porque están escondidos detrás de sus manos y luego deciden "aparecer". En definitiva, la solución es clara, hay que emprender un viaje a la luna, a marte, a saturno, a cualquier lugar donde reconquistarnos, donde debamos probar nuestro sprint, beber en pajita por diversión y escondernos en un armario, no con la intención de quedarnos dentro sino con la de ser encontrados a pesar de que el mundo real permanezca tal y como sea allá afuera.

martes, 4 de enero de 2011

Casi un diario

Las vacaciones y sus previos nos han dejado a todos out, off, fuera de juego, paradógicamente enajenados, quizás inevitablemente enajeados porque todo es "los otros", lo colectivo, la cena, la merienda, la quedada, las cervezas con amigos, conocidos y familias varias.
Cuando uno vuelve al trabajo después de unas vacaciones, ni largas ni cortas, una semanita extensa, pongamos por caso, uno siente una especie de torpeza, de tristeza y de letargo. Algo similar a conversar en un idioma que se resiste o un amor en la distancia que se retoma en esas primeras horas tan lerdas.
Regresamos con las manos en los bolsillos como el oso padintong (que fue de...) algo distintos, desafectados, bobalicones. Lo extraño es que en unos días, ese exceso de vida propia "extrañada" volverán a licuarse en el caudal de días laborales salpicados de sus consabidos descansos dominicales. Nuestras reflexiones ya no serán intimistas y retrospectivas sino volcadas en perder tres kilos o volver a correr o cambiar de trabajo.
Este año 2011 comienza con sabor a sobremesas, a madrugadas enteras dedicadas de contemplar la "vida de brian" y los niños saltando en las camas emulando a Conan el Bárbaro"y día tras día, convidando, como decían los pobres, o recibiendo, como dicen ahora los ricos. En casa, como somos ricos-pobres invitamos a compartir el vino y el jamón en zapatillas y hasta acabamos cantando en el karaoke.
Pero afuera la vida se ha quedado en calma, ya no se habla de política ni de trabajo, ni de pisos ni de novios. Y si es cierto que percibo las cosas, que tengo, llamemosle olfato, presiento que son estos tiempos grises, callados.
Lo mismo que este blog, ya casi un diario, sin participación y en ocasiones, espejo de su mundo.