lunes, 25 de abril de 2011

No hay detalle pequeño


Lo dijo una vez el gran Alejandro González en el receso de un concierto de Enrique Amigó. No hay detalle pequeño. Y me quedé pensando en ello. Además de una frase cojonuda, es una idea compleja, un asunto para la reflexión. Lo confirmó Antonio Banderas este sábado en el programa de Versión Española (por cierto, espectacular retoque el que se ha hecho Cayetana Guillén Cuervo, please que diga donde…resplandece la piba…) a la sazón de su segunda película “El camino de los ingleses”: para narrar una historia sobre los recuerdos los detalles lo son todo. Así, uno se acordará de unas luces sobre la mesa, del calor la noche que dio el primer beso, quizás de la sensación de la arena de la playa entre los dedos de los pies, de cómo olía la calle en verano una época de la vida aunque desde luego no recuerde la secuencia concreta de los diálogos y los acontecimientos.
Los recuerdos están llenos de cubiertos chocando contra la loza, de niños, que podemos ser nosotros mismos, gritando frenéticos mientras dan vueltas y vueltas a una mesa, de abuelas que miran a su alrededor mientras los cubiertos sobre la loza le recuerdan las sobremesas con hijos y nietos constatando que tuvo, a fin de cuentas, una familia feliz. La abeja primaveral que bebe de la flor mientras almorzamos y uno hace balance de las personas que ha conocido en los últimos tiempos, Canet aislado en el submundo con su huerto de versos y archivos, cantautores islandeses con sus tristezas magníficas y vitales como haces de luz, los ojos verdes del mítico mirando a sus hijos como lo haría un general romano sobre las cimas de Baelo Claudia musitando- Este es mi hogar-, lo mismo que ese José Sacristán invadido por la Pampa, la nostalgia de la niña escritora que malvive vendiendo informes cual pobre cerillera del cuento, los ojitos brillantes de una uruguaya exprimiendo Madrid, los mismos ojos brillantes de una limeña haciendo como Ulises el viaje a Ítaca de la consultoría de negocio.
Las personas, tocando tambores, atemorizadas y carnosas, yerguen sus almas como cipreses despegando a un cielo que es rosa en ocasiones, y así, flechas apuntando al futuro, somos la justificación del sistema y su alimento. Tanto es así que las personas comunes seguiríamos a delante en las situaciones más adversas. Y si por casualidad desaparecieran 5 o 6 ministerios, incluido el Palacio de la Moncloa, tantas personas amasarían pan y criarían gallinas y poemas como para alimentar a varias familias, nutriendo esos instantes de vacío institucional de amorosas veladas y sopas de ajo. Caerían entidades bancarias, sí, pero los abuelos seguirían reservando unos caramelos para sus nietos en bolsillos rotos y huecos. Nuestra civilización podría renunciar a brackets invisibles, i-pads, suspensorios, botox y prótesis mamarias porque todo ello podría ser sustituido por una buena conversación sobre la belleza de aquella que perdió la tensión de su óvalo facial aunque no su divertido sarcasmo 100% libre de impuestos.
No nos engañemos, podríamos estar desnudos y hambrientos, y seguiríamos vivos, contemplando los detalles no tan pequeños de esas cosas que nos hacen personas, que nos recuerdan las siestas en casas de nuestros padres, que nos llevan a compartir conocimientos con maestros y colegas, a atusar cabellos, a tener primeros amores y segundos y terceros, conexiones con el paso del tiempo, a cumplir promesas y a romperlas, a proferir palabras voraces como un rayo que no cesa y escribirlas y leerlas y dejarlas de recuerdo.

lunes, 11 de abril de 2011

Follar sin ganas


Dicen que la primavera la sangre alterna pero ¿y la astenia? Pocos reflexionan sobre los efectos de la astenia en la sexualidad. La astenia (del griego a: ‘no’, y sthénos: ‘vigor’) es un síntoma presente en varios trastornos, caracterizado por una sensación generalizada de cansancio, fatiga y debilidad física y psíquica. Esto, unido a una vida de pareja nutrida de capítulos de los Pingüinos de Madagascar y Dora la Exploradora, deja la pasión bajo mínimos. El otro día Mítico George se me quejaba indignado porque me puse a hacer payasadas mientras intentaba besarme. Lo siento George, me era imposible concentrarme. Una amiga me confesaba esos días que no soportaba que su pareja la entrase cada noche, que la acobardaba y bloqueaba tener que “dejarse llevar” por lo que la situación requería un inmediato cambio de roles en la que ella se reinventaba a sí misma y poco menos que tenía que disfrazarse de catwoman. A veces sirven unos vinos, a veces mejor que no…Estamos cansados, que le vamos a hacer. Y para colmo, la esquiva pasión está francamente sobrevalorada. Casi hay que recrearla obligatoriamente con atrezo y vestuario picantón cuando lo habitual es que exista únicamente en esos términos en el sexo fugaz, el enamoramiento primero y los dramas de libro en los que, como Romeo y Julieta, ciertos impedimentos estorban a la par de que estimulan el hipotálamo. Primero queremos ser padres y llegan los tiempos de técnicas de estimulación ovárica y sexo programado los días fértiles con meditación trascendental y reposo poscoital. Cuando finalmente procreamos llegan los tiempos de sexo los sábados a medianoche con madrugón poscoital y sesión doble de Mani Manitas. Ya sólo nos falta el tantra... Así las cosas, no hay quien se relaje bajo las sábanas. A las mujeres nos atenaza la presión de “que nos busquen” (y la mitad de las veces no nos encuentren) y nos pone más tomar la iniciativa, aunque lo hacemos menos veces de las debidas. Y ellos, pobres, que casi nunca flaquean pero están programados “en modo tío” se sienten ancestralmente obligados a entrarte aunque tengan que lidiar con intercadencias químicas, braguitas cómodas y agotamientos primaverales propios y ajenos. En definitiva, tras unos años de satisfacción por poseer un Ford fiesta en el que dar rienda suelta a la pasión resulta que el deseo se echa a dormir en nuestra cama anti-ácaros de doble refuerzo lumbar. El deseo se duerme pero damos un brinco cada vez que se menciona una palabra clave: follar. Apuesto a que los lectores de este post se han multiplicado por 3 sólo por el titulo...¿o no, pícaros primaverales?