lunes, 29 de agosto de 2011

El movimiento invisible




No se ve pero existe. Igual que la fantasía de esperar a que florezca un brote o nos crezca el pelo. No se ve pero crece. Lo mismo que cuando tomamos determinaciones o aprendemos el padrenuestro. Ignoraremos el comienzo del proceso y su final, pero algo habrá cambiado. Cuando nos movemos hacia ese destino, que no es el "fatum" griego sino nuestra senda, sea cual sea, nos movemos paso a paso hasta él. Con el tiempo incluso aprendemos a percibir las señales de ese movimiento invisible que nos lleva hasta el sitio exacto en el que nos encontramos. A veces, en cambio, parece tan lento que se asemeja al inmovilismo y la desidia. Un día estaremos ya allí y descartado el teletransporte se tratará de una motricidad voluntaria y dirigida: una conquista personal.
Entonces, quizás, tendremos la sensación de que hemos llegado con una facilidad pasmosa mientras dejamos detrás las dudas, la impaciencia y la desesperanza . Tal es el lento y sutil movimiento humano hacia el cambio.
Parece mentira que en unos días abandone mi antipática torre de acero y me traslade, una vez más, a una pequeña ciudad histórica para amasar la harinas de la política a ras de suelo. Con el tiempo no recordaré apellidos ni cargos de mis antiguos empleadores, reciclaré viejos rencores y hasta puede que logre condescender. Vendrán en su lugar cientos y miles de palabras, discusiones y acuerdos, días grandes, encrucijadas dialécticas y carcamusas. Continuará....

jueves, 18 de agosto de 2011

Viento de levante


Si es cierto que hay cosas que se las lleva el viento, espero que se las lleve este viento de levante. Que se lleve las matrices y los mapas, que se lleve los recuerdos recurrentes de mi desencuentro laboral de los últimos años y esa secular sensación de fracaso de pacotilla. Lo demás, que es mucho, amarrado a mi estructura como un mástil se quedará: los juegos felices de los niños, bronceados y alegres en camas elas-tí-ca-tas, las dunas salvajes bajo el atardecer de Zahara (shiiii que no se entere nadie), la música indie sonando en el chiringuito "Los sueños", canciones que conozco de memoria sin saberlo, los revival de Oasis, Cold Play o los último de Russian Red. Permanecerán los cabellos revueltos del mítico con su torso de gladiador espartano y su terrestre sentido de la trascendencia. Javi jugando a las serpientes con las hojas de un pinsapo y Sara hablando con sus juguetes ajena al mundo, al olvido y al viento.
Que se lleve todo menos lo importante. Porque hay cosas que el viento no se lleva. Como le pasaba al protagonista de La lluvia amarilla, de Julio Llamazares: Cuanto tiempo transcurrido desde entonces, cuanto tiempo y cuanto acero acumulado ya en mis huesos. Pero hay imágenes que permanecen adheridas a los ojos, como cristales transparentes, y que incorporan en el tiempo la sensación primera como si el ojo no fuera más que un simple espejo del paisaje y la mirada el único reflejo de sí mismo...Hay esencias de nuestra vida que poseen la naturaleza peremne del pinsapo, asideros a prueba del cierzo. Es eso que somos.
El resto se lo lleva el levante que salta para raptar las nubes o traerlas, para revolvernos las cabezas y el aura y así dejarnos confundidos como al amante tras el orgasmo del aire, zarandeados por el abrazo del ogro que como la palmera agita sus brazos en el vaivén furioso de la pasión aérea, voraz, insaciable, que nos deja lánguidos, desmayados tras el amor, rendidos en la puesta de sol atlántica brumosa y casi onírica tras el vendaval escuchando la banda sonora de la guerra de las galaxias.
Quien dijo crisis profesional...no me acuerdo ni de la contraseña del ordenador.