sábado, 17 de septiembre de 2011

Son cosas de guiris

Desde que he dejado la linea 14 de la EMT por el avant a Toledo mi paisaje ha cambiado totalmente. En lugar de los plataneros del El Prado vislumbro los confines de Parla. Es la periferia del poder, los andurriales de lo que algún día fue la corte. En fín, voy rodeada de guiris que, en viajes de estudios, escapadas románticas o cuentas pendientes con el mundo del viaje trasoceánico, se pegan una excursión de un día en Toledo para contemplar lo que un día muy lejano fue España y su imperio.
En una de las vueltas, una mujer rusa conversaba con su amiga expatriada española. Las sitúo en algún tipo de cargo administrativo de la OTAN en vacaciones de septiembre.
Ambas charloteaban amigablemente a mi lado y aunque hubiera querido no escucharlas, que no era el caso, hubiera resultado, en mi descargo lo digo, imposible.
La rusa portaba un saco de regalos adquiridos de la etapa toledana y los iba sacando de las bolsas, uno a uno, para deslumbrar a la hispana, en esos alardes tan rusos de jactarse del gasto, durante décadas proscrito pero que recientemente signo de poderío consumista, que no comunista.
Anyway, como diría aquel, la rusa le iba relatando la importancia y valor decorativo de platos negros con repujados dorados sobre artilugio para mantenerlo erguido maid in china, pendientes sefardís maid in china, espadas del cid de abre cartas, abrelatas del ejército español con la virgen del perpetuo socorro labrada en plata, pulseritas morunas recuerdo de la reconquista, etc. Mientras las iba sacando parloteaba sin descanso de la hermosura de sus hallazgos y le aseguraba a la española con la que hablaba en inglés que cuando la gente iba a Moscú de turismo solía volver con cosas inútiles que ningún ruso había visto jamás y que en modo alguno podían calificarse como representativos de la artesanía local.
-¿Y las matriuskas?- preguntó la española. -Odio las matriuskas- digo la rusa. -Las matriuskas son cosas de guris
Eso dijo, y se quedó tan ancha, cuando sacó el trabuco de Curro Jimenez repujado con todos sus avios. -This is the real one- aseguró a la pánfila española que no dijo nada...porque en fin, son cosas de guiris.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Mi primera vez

Apenas si podía ya mantener la boquita cerrada, las ganas cerradas, el corazón cerrado. Estaba impaciente aunque contenida, con apariencia casi monacal, inhibida sí, pero también ansiosa. Como decía aquel poema: con apariencia de paz y párpados mecánicos.
Andaba, en realidad, desesperanzada pero con Pepito Grillo diciéndome, anda tonta, qué son unos años más...ya encontrarás tu camino.
Por fin, la justicia cósmica se había revelado. Y hoy estoy aquí, en mi primer día de trabajo en Toledo, montada en un tren, como si todo hubiera sido tan sencillo como yacer en el lecho del amante. Anda que si le hubiera puesto otro título al post lo habrías leído...
En fín, viajo de espaldas, como el cangrejo que soy, fuerte por fuera, jugosa y blandita una vez que se logra romper la dura carcasa.
Vuelvo a mirar Madrid cuando me alejo, los jardines verticales, los viejos polígonos asfixiados entre apartamentos, grafitis y vías muertas y esos edificios industriales tan hermosos, recuerdos de una siglo XX entre trazos de un XXI que juega a encontrarse a sí mismo.
Serena y dispuesta siento que será una primera vez muy familiar. Mi primera cola en el control de acceso, la sucesión de secarrales, Parla a lo lejos, olivos y campos de cal. Mordor, en el distante skyline, parece poca cosa. Adios, no me esperes.
Voy por mi camino, mirando al infinito, entre flashbacks del transcurso de mi vida por la alta velocidad española, en un vagón enteramente lleno de guiris, consciente de que, algún día recordaré esta, mi primera vez entre los sembrados de la vega del Tajo.
De repente, deslumbrante, la catedral de Toledo emerge como la atlántida de entre la cebada.
Ya estoy aquí. Y os lo contaré todo.