martes, 15 de noviembre de 2011

Vendedores de humo


Se quejaba un amigo el otro día, con un grado de aceptación que a mí me resultó amarga, del proceso de disolución del bufete de abogados en el que él trabaja como socio. Una víctima más de la crisis económica.
-Pero tú no vas a tener problemas para hacer en otro sitio lo mismo que haces aquí.- le dije yo con aplomo.-Eres muy bueno en lo que haces. -
-No sé si bueno, malo sé que no soy, pero eso no le interesa a nadie. Lo que cuenta es lo bueno que seas vendiendo humo. -
5 años trabajando en una "Big Four" me han enseñado que tenía razón. He presenciado innumerables promociones basadas en esa misma capacidad de vender motos y crear entornos de nublosa fatuidad, carreras fulgurantes de gentes sobrevaloradas mientras los "buenos" acaban frustrados y vencidos en el barbecho tecnocrático. En el tiempo que yo permanecí en idéntica tesitura algunos llegaron a socios sin ser los mejores en nada ni referentes para nadie pero increíblente hábiles para vender una imagen vana de sí mismos.
Con cierta distancia y analizando el caso de mi brillante amigo abogado, entiendo que esa venta masiva de humo está en la base de nuestra decadencia como sociedad, una sociedad que premia las transacciones de humo porque hay muchos que lo venden pero sobre todo hay muchos que lo compran.
Informes millonarios sobre tonterías que van a parar al cajón,metodologías inutiles para dar de comer al gurú del humo amigo de un amigo. Seminarios sobre dilemas que a nadie importan, especulación con derivados por gentes que sólo buscan su bocanada de humo, dinero que sólo existe en el ciberespacio de las anotaciones en cuenta. Política de eslóganes y prejuicios, de caricatura y propaganda. Humo, humo y más humo.
Los impostores al mando de la nave simulando conducir nuestros destinos.
Los vende-motos liderando el futuro.
Los demagogos fijando el precio del pan.
Los constructores vendiendo paredes de papel para envolver el humo de la bonanza.
Y nosotros venga a comprar humo, especulando, simulando, en una decadencia posmoderna que nos retuerce las tripas de puro asco.
No más humo. No lo compremos y algún día no habrá tantos dispuestos a venderlo.
Quizás un día el orden se invierta y comencemos a premiar el trabajo bien hecho en lugar de seguir emponzoñando la vida pública con la nube gris de mamarrachos que sólo se apañan entre ellos mientras España, decadente e inmadura pierde la gran oportunidad de su vida de ambicionar la decencia.