viernes, 21 de diciembre de 2012

El invierno metafórico

Como encontrar las ninfas en paradas de autobús crispadas de prisa y paros parciales
cómo buscar los dulces insectos primaverales
cuando uno es un oso hormiguero que mira el picado gris lejía de un patio de vecinos.
Cómo dar con los espíritus del mundo, del árbol, del agua o del fuego
en este tiempo encorsetado de estrechez
donde lo tangible es, a uno y otro lado,
lo único que cuenta.
¿Es esa la respuesta? más dinero, menos dinero...

No están. Se han ido,
las ninfas, las hormigas y las ánimas.

No volveremos a ver la silueta turbia del resol tras la copa de vino
ni a expandir despreocupados de la percepción
las puertas
"The doors"
ni a olvidar donde aparcamos el coche
tras otra gran evasión.

Los días no se volverán a parecer su clon
ni serán ya más días cualesquiera del resto de nuestra vida.

El invierno será en cambio largo y frío
más largo y más frío que en los cuentos de niños
y en desapacibles cuarteles
el pensamiento de tornará vaho y cristal
sobre las ateridas pestañas.

El hielo no cejará en un empeño
y no habrá fiesta que termine nunca más
sin la terrible resaca del adulto que ya no aguanta el alcohol.

La primavera expiró,
exhausta
y con ella
el rubor de la piel y su amable microcosmos.

La brújula no deja lugar a dudas,
hemos perdido
primero el norte
y después
el sur.

Mirad a vuestro alrededor.
Mirad las caras de los otros humanos.
Cien carámbanos caen de sus cerebelos
lanzan rayos por las sienes
fríos y desconcertados
grises rayos de desazón sin esperanza.

Más dinero, menos dinero.
Crisis
Empeoramiento
fractura social
Desafección.
Las nuevas palabras son
del invierno.

¿Pero qué ocurrirá cuando ya no quede ni un ápice de calor?
Cuándo ni un pedazo del piel pueda ser acariciado sin etiqueta.
Cuándo el último violín ceda paso a los tambores de guerra.
Cuándo el termómetro del alma del último ser restalle finalmente de frío
y mueran las ninfas
las hileras de hormigas trepando por el tronco del árbol
y los versos.

¿Qué importará ya la jodida primavera y sus canciones?
Aceptémoslo, la primavera no volverá.

Habrá que inventarla...

lunes, 19 de noviembre de 2012

La política, ese arte en desuso

La imagen de la política está echa unos zorros. Eso no se le escapa a nadie. La clase política denostada y con ella todos cuando nos dedicamos a su análisis.
Tierra, según la opinión pública, de corruptos y necios, se olvida, con frecuencia, que la política es también un arte. Un arte que emplea las palabras, la pasión, la energía, las razones. Que es la herramienta para luchar debatiendo, la herramienta de una transformación que también puede ser gloriosa.
Tal fue el apelativo que recibió el proceso que tuvo lugar en 1688 en Inglaterra y que tuvo como consecuencia la instauración de la democracia parlamentaria moderna en este país y el comienzo del fin del absolutismo y la creación de los Estados Nación modernos en el mundo. Ahí es nada.
Quiero insistir en dos cuestiones, la primera la fecha, 1688, es decir, un siglo antes que los otros dos grandes  procesos de construcción de la democracia liberal (la revolución norteamericana y la francesa) cuyos elementos, con ciertas correcciones hemos heredado. La segunda la vigencia rotunda hoy de los conceptos básicos de estos procesos, la instauración de sistemas que asientan la soberanía, es decir, el poder legítimo, en el parlamento, la separación de poderes (versus su concentración), la existencia de derechos y libertades civiles y el imperio de la Ley.
La política, así entendida es una herramienta esencial para delimitar el poder, para darle forma y para posicionarse sobre una manera u otra de gobernar nuestras sociedades. Y en ese mismo sentido, la política no puede ser denostada sin denostar también los sistemas que construye. Creo que es fundamental no perder de vista lo fundamental y luego, sí se necesita desahogo, hablar y hablar de cómo tendríamos que limar las muchas aristas de nuestros sistemas. Eso es algo que los ingleses tienen claro y no olvidan tan fácilmente como nosotros, que precisamente tenemos una tradición democrática mucho más reciente.
El otro día, buscando información para un trabajo encontré este vídeo de un parlamentario inglés en el Parlamento Europeo, y aunque no comparta algunas ideas de base con él, me sentí identificada con esa fuerza parlamentaria que suelen tener los ingleses desde los tiempos de Cromwell y que nos recuerda que la política es la clave y no el problema en la profunda crisis de Europa.
Que la política es la respuesta, más política y no menos, para salir del atolladero en el que estamos y del que no nos sacarán tecnócratas que cuando les pones las peras al cuarto te miran como si fueras bipolar.
No os lo perdáis, en especial las caras de circunstancias de unos y otros aludidos en el debate.A mí al menos me ha traído recuerdos de cuando las cosas de decían con la sencillez y claridad del que cree en ellas. Y también de los tiempos en que los parlamentos eran vistos como los gloriosos depositarios de la soberanía popular...

viernes, 28 de septiembre de 2012

Entre los extremos anda el juego

Hace tres días, en nombre de la libertad y de la democracia se cercó el Congreso de los Diputados. Mi madre, por la mañana me llamó alarmada desde Canarias imaginando algún tipo de estado de sitio inminente y yo le espeté campante: "Mamá, por Dios, como van a tomar el Congreso, anda, anda, quédate tranquila".
Pronto naufragando horas después en Facebook comprobé que tampoco era cuestión de tomárselo a chifla. Lejos de hacer tal cosa, me fui calentando a medida que veía los comentarios de unos y otros.
Unos: los "defensores de la libertad y la democracia" (real eso sí, no la que tenemos que es de mentira) indignados con que la policía procediera a impedir que se tomara el Congreso y se obligara a las Cortes, "inviolables" según la constitución, a disolverse por la fuerza para iniciar un nuevo proceso constituyente por sus santos cojones cargados de "pacifismo".
Otros: ciudadanos no amalgamados contando o linkeando la percepción de los directamente afectados (diputados, periodistas y empleados varios) entre perplejos y acojonados, sin saber muy bien como posicionarse.
La gente, en especial cuando se masifica, olvidan con demasiada facilidad que las protestas conllevan siempre un cierto grado de violencia y tensión. No, no abogo por la pasividad del estoico, pero sí por un mínimo civismo que no veo en este tipo de concentraciones y sus defensores. "Roban, pegan y "nos representan" era uno de los carteles, otros mostraban una foto comparativa donde se lee "estos son unos chorizos" y se muestra a continuación un secadero de chorizos y "estos otros son unos hijos de puta" mostrando la foto de una asamblea legislativa.
¿Es esto pacifista? ¿Es esto lo que haría un demócrata que busca la regeneración del sistema?
Pues no me lo parece, yo al menos reservo esos término para los calentones histéricos y no le digo "hijo de puta" a nadie, punto.Ya comenté en el último post que ese fue el calificativo que recibí la semana pasada por ir en bicicleta...
Es que no es que sea también violento en este caso, es que es además injusto y enfermizo porque mete en un mismo saco a una colectividad entera y denigra de forma brutal a todo el sistema. Ya da igual que haya políticos decentes que hayan dedicado su vida a hablar con unos y otros para conocer los problemas de sus pueblos, barrios o provincias, da lo mismo que recorran España en sus coches de acto en acto explicando las políticas del gobierno de turno o criticándolas para informar a la opinión pública. Da igual que se hayan significado políticamente para que los demás podamos estar al pairo de temas que no nos interesan. Son TODOS la misma mierda, que diría aquel emérito dirigente que fue Felipe Glez equiparando a Aznar y a Julio Anguita...
Pero estos calentones extremos no son sólo patrimonio del 15M, el 25S o los antisistema de turno. Como afirma Iñaki Ezkerra en su columna del mundo hoy "que medite  también esa extrema derecha, que no es el PP, sobre la responsabilidad que tiene en la descalificación populista de la clase política y en los polvos demagógicos que traen estos lodos. Porque hay en este país gente de la gomina que es más antisistema que muchos punkies. Hay gente que va de orden por la vida pero que se hace un engrudo con la brillantina y la caspa que es una metáfora de su ideología totalitaria, grosera y melancólica".
En definitiva, hay algo de irracional y autosuficiente en los extremos, algo de pasar olímpicamente de hilar fino, de argumentar, de aportar alternativas razonables y creíbles.
Para quien está dispuesto a la ruptura radical del modelo de convivencia basta la implantación de aquello que ya fue, el neomarxismo asambleario o el régimen militar. Cuando uno está caliente y es un extremista, y sin importar que uno se ubique a derecha o a izquierda, le da por querer tirarlo todo abajo de forma iletrada y enferma. Para que buscar soluciones pudiendo quedarme en la frase pegadiza.
Y entonces es cuando a mí, que soy consciente de los pocos años de democracia, imperfecto, decadente, inmadura, lo que se quiera, de los que podemos presumir los españoles, se me inflaman las glándulas mamarias y la sensibilidad me supura y me planto sin paños calientes.
Si no somos capaces de distinguir entre lo que funciona y lo que no, vamos de cráneo. Y para distinguir hay que poner el buen juicio a maquinar. Debates en profundidad sí, sobre todo lo que requiere ser cambiado. Rebeliones populistas y violentas no. Proclamas de patio de facultad o de tertuliano desatado, no, vengan de donde vengan. No.  No en mi nombre.

jueves, 20 de septiembre de 2012

La mala leche

A vueltas con la crisis y con los efectos individuales y colectivos de la misma, iba yo con mi bicicleta tan feliz por el bulevar de la Castellana cuando un señor mayor me espeto "Hija de la gran puta" por pasar a su lado por la acera.
Le escuché con sosiego y sin sentirme violenta, en parte porque aún me estaba despertando y en parte porque asumí de forma inmediata que el problema lo tenía él y no yo. Una servidora sólo es una bici-andante sin carril bici que echarme a las piernas y él, con toda seguridad un señor jubilado extremadamente frustrado y ungido de ira cuyo médico le recomienda andar en contra de su voluntad.
Luego empecé a reflexionar sobre lo habitual que es encontrar personajes de este tipo que se calientan sobre manera por cualquier cosa.
La crisis no ha hecho sino multiplicar esa deriva en España porque somos un pueblo más bien espontáneo con un nivel limitado de auto control. La jovial naturalidad que nos caracteriza puede ser una virtud y así lo demostramos sin reparos en las fiestas populares, los deportes o el diseño. Pero cuando uno se topa con problemas de distinta índole y tiene por costumbre dejarse expresar sin cortapisas es muy fácil caer en la simple y llana mala leche.
Me acordé entonces de mi sociólogo de cabecera cuando, a la sazón de su último libro "La crisis de las autonomías: La sociedad española ante la crisis económica y el sistema de las autonomías", comentaba que la sociedad española se había hecho una idea bastante clara de las causas de la crisis, que atribuía responsabilidades de forma ordenada y que estaba razonablemente alerta ante el devenir de los acontecimientos. Confiaba este hombre sabio que sabríamos buscar un punto intermedio entre la depresión de los portugueses y la histeria de los griegos en la gestión de los más críticos asuntos.
Yo no las tengo todas conmigo. Menos aún en un contexto en el que la mayor parte de los opinadores muestran con vehemencia su desesperanza, su nada templada búsqueda de culpables y su mínima capacidad de una crítica constructiva sin tintes populistas.
Por ejemplo, yo quiero un carril bici en Madrid o por lo menos una ampliación del minúsculo existente. Pero no por ello soy violenta ni llamo "hijos de la gran puta" a los paseantes que atocinados se desplazan por él teniendo todo el resto de la acera para ellos.
España está hecha unos zorros, eso lo sabemos todos, pero que de esta no se sale ni deprimidos, ni histéricos ni a mala leche.
Como estos libros de auto ayuda que nos alertan de las personas tóxicas voy a dejar de escuchar emisoras de radio o programas de televisión en los que personas malhumoradas digan lo que hay que hacer, de leer blogs en los que malhumorados auto suficientes repartan coces a diestro y siniestro. y por supuesto, voy a ignorar a tuti plen a los señores de la tercera edad que insulten a la gente a las nueve de la mañana sin mediar agresión alguna y todos aquellos que pretendan hacer de la mala leche virtud sociológica.

martes, 4 de septiembre de 2012

¿Qué tal la vuelta?

Cada vez, cada año después del verano se sucede esta pregunta y sus consabidas respuestas mecánicas: bien bien, genial, en el pueblo, en la playita, aquí en Madrid que en Agosto es cuando mejor se está.
Cada año, empiezan los coleccionables imposibles, los propósitos de adelgazamiento y todo tipo de procesos de inicio, la vuelta al cole, el inicio del periodo de sesiones, la temporada otoño invierno de las tiendas de ropa...

No solemos dar valor a lo que permanece. Lo que sigue exactamente igual, dando una suerte de plus de emoción al comienzo. Debe ser una catarsis recurrente. Vuelvo a empezar, me reinvento, imagino que todo será distinto a partir de ahora...un espejismo que dura unas semanas antes de que todo vuelva a su ser.
Aprovecho, pues, para reflexionar a contra corriente y hacer una apología de la alegría de que las cosas permanezcan tal y como siempre han sido.

Hoy he venido a trabajar en bici (el mítico George no ceja en su empeño de verme en movimiento) y mientras pedaleaba con las bailarinas casi en chancletas he disfrutado del mismo verdor de las hojas de los plataneros y castaños de indias de la Castellana, de contemplar el mismo entramado hermoso y troquelado de reflejos verdes, azules y amarillos pasando rápidamente ante mis ojos. Comprobar lo fácil que es sentirse libre y feliz de desplazarse sin coste por los bulevares, con el fresco de primeros de septiembre golpeando los tobillos desnudos.

Regreso de la paz luminosa y básicamente indolente de mi verano en Cádiz a la rémora post-vacacional  del enfado de los funcionarios del mes de julio. Un mail del sindicato esta mañana propone venir de luto los viernes para simbolizar el cabreo con el Gobierno. Se repite por enésima vez la profecía del otoño caliente. La desesperanza del todo va a peor es ya un arma política que todos quieren blandir ahora que "volvemos al lío".

En mi cabeza sigue rondando la idea de que tras el cabreo, vendrán lentamente tiempos de mejora, con algunos apenas imperceptibles logros de unos y otros, proyectos que van saliendo adelante, reformas que comienzan a servir para algo.

En mi imaginario la vuelta no es el comienzo, es el camino entre los árboles que dejé hace unas semanas. Un camino familiar, a ratos cansino, otras apasionante. Un camino en un país en el que es posible hacer cosas si nos dejamos de poner la zancadilla unos a otros. Un país donde muchas cosas son posibles además de cabrearse mucho todo el tiempo. Si incluso Leticia Sabater saca nuevo disco, será que todo es ponerse...

Mientras, a mi alrededor despunta el populismo en grado sumo, antiguos ex banqueros ex convictos convertidos en líderes de opinión, marxistas leninistas desvalijando supermercados mientras a él le roban el iphone y amigos del alma haciendo proclamas antisistema a izquierda pero también a derecha y buscando en Islandia o en la autarquía un espejo donde mirarse.
Así, la vuelta se me antoja, a excepción de mi paseo en bici, un lugar común. El día de la marmota.
Aún así, nunca quise abandonar a su suerte este desolador panorama sin mi atenta mirada y sólo por unos minutos deseé quedarme en Cádiz, con el biquini mojado aún, viendo la puesta de sol hecha un ovillo, convencida de que hay cosas maravillosas que nunca valoramos en su justa medida sólo porque permanecen exactamente igual de hermosas que siempre.

lunes, 30 de julio de 2012

La desafección política o el triunfo de la democracia débil

Cualquier estudiante de segundo de políticas sabe que la crisis de representación es una compañera habitual de las modernas democracias occidentales. Ese concepto original de la representación como manera de gobernar, legislar, controlar, etc. por mediación de otros, implica ante todo aceptar la metáfora de que la soberanía reside en las Cámaras parlamentarias. Pues bien, estamos ante una metáfora teórica pero también ante una ley fundamental de la democracia, el poder reside en la nación y quienes la forman y unos señores y señoras, ejercen el mandato no imperativo de cumplir las funciones legislativas y de control e impulso al gobierno. El Gobierno mismo es una metáfora de ese pueblo que delega tales funciones legislativas y de gestión por voluntad propia y colectiva de no ejercerlas directamente en un órgano colegiado elegido democráticamente en elecciones libres.

La desafección política implica una crisis de representación, un alejamiento entre representantes y representados de forma asimétricamente bidereccional. Es decir, políticos que "no escuchan" al pueblo al que representan y gentes que pasan de la política y de los políticos.

Los medios de comunicación mantienen igualmente una relación de amor-odio con la clase política, sacando punta a todo lo que hacen y dicen a la vez que necesitándoles de forma estructural, ya que extensas cantidades de contenido gráfico y léxico, se refiere a eso mismo que hacen y dicen.
En los tiempos que corren, la crisis ha puesto de manifiesto esta vieja máxima de las democracias actuales en todo su explendor. El esquema de la desafección en España es algo así:
  • Los políticos son, en su mayoría o de forma generalizada, potencialmente corruptos o corruptos a secas, vienen a este sector a lucrarse sin necesidad de responder a las necesidades y expectativas de la ciudadanía y están colmados de prebendas injustificadas.
  • La ciudadanía por su parte, ajena la mayor parte del tiempo de los asuntos públicos, sobrevuela si acaso la periferia de los partidos políticos para llevar a cabo algún tipo de gestión de lobby, frecuentemente de forma satélite y dirigista por parte de algún partido político tradicional. Por lo general, a la gente nunca le ha interesado la política "por las razones antes apuntadas" y porque le resulta un coñazo total.
De vez en cuando surge una iniciativa política ciudadana aparentemente espontánea. Observad que casi siempre o bien es impulsada por partidos políticos tradicionales, a los que sí les interesa la política tradicional o bien están orientadas a pedir que los partidos políticos hagan esto o lo otro. Rara vez se refieren a pedir que la sociedad haga esto o lo otro, cambie hábitos, se implique en los asuntos públicos o construya nuevas bases de cultura social y política. Cuando esta premisa no se da, lo que solemos encontrar son llamamientos a la democracia directa de tipo asambleario y auto gestionario a nivel local y una recurrente pátina neomarxista, ya que, como es de todos conocido, el marxismo y la democracia directa siempre van de la mano...

En mi opinión, se trata de un comportamiento freudiano, matar al padre cuidador que nos castra pero correr a remplazarlo por otro padre cuidador que nos libera. En todo caso no hay emancipación política sino repetición continua del mismo esquema paternalista y a la vez inmaduro. Un padre protector casi siempre torpe que se ocupa de los asuntos del hijo adolescente que piensa abiertamente que su padre es un gilipollas (y muchas veces fascista también).

España es también un lugar de política de bar y sobremesa y, por eso, es en los bares y alrededor de las mesas, incluidas las mesas camilla con la tele encendida, donde se desmenuza la acción política y se dan las claves para cambiar el mundo. Pero esos cientos de miles de políticos ocasionales rara vez hacen llegar sus propuestas a través de algún tipo de voz articulada. Esos asertos más o menos acertados, no suelen llegar a ninguna parte porque la cultura política carece de recursos para el debate colectivo. Las encuestas ponen algo de orden en esta democracia bastante tabernera de modo que, los analistas o meros seguidores de lo político sólo podemos aspirar a entender, más o menos, que es lo que piensa la gente sobre los asuntos y en las coyunturas que va decidiendo el barómetro del CIS. Eso o haciendo sobremesas largas con nuestra familia y amigos, eso en época de crisis porque en épocas expansivas la gente no pierde el tiempo hablando de política.

Es el momento de reflexionar sobre la calidad de nuestra democracia y la relevancia de los coceptos democráticos fundamentales. Pero es preciso hacerlo de esa forma bidireccional que expongo. En ese sentido, puede ser cierto que sobren políticos pero desde luego faltan también ciudadanos interesados por la política en sentido amplio.Faltan ciudadanos interesados en debatir públicamente los asuntos públicos, profesionales que dediquen parte de su tiempo a opinar con rigor al margen de los partidos y con la mirada puesta en el interés general. 

O nos ponemos las pilas por el lado que nos toca como sociedad o estaremos cayendo en picado en los brazos de una democracia débil que es el territorio de la demagogia y el populismo si no de cosas peores de las que la historia europea está plagada. Los políticos por su parte tienen ante sí el reto inmediato de "dar ejemplo" bajarse el sueldo, perder cesantías y viajar en autobús. Limitar su número, hacer más con menos y mejorar sus perfiles. Y los partidos tendrán que encontrar en el propio pueblo donde la soberanía reside a esos nuevos representantes virtuosos y frugales, hijos de esa sociedad civil que a penas existe y hacerlo con un contrato eventual. O eso o como decía el que fue mi profesor de sistemas representativos, empezar a pensar el gobernar por sorteo y a quien le toque le tocó...

jueves, 12 de julio de 2012

Eva en el País de las Maravillas


Lewis Caroll, tituló su obra Alicia en el País de las Maravillas porque en aquellos tiempos Eva aún no había nacido. Por eso no pudo nombrarla aunque quizás ya entonces la imaginaba, acaso la intuía librando aventuras fantásticas con lo grande, con lo pequeño, lo onírico intangible o el poder establecido.

Como Eva se resistió a nacer hasta 1975, Caroll diseñó una protagonista que no se llama Eva pero que se le parece tanto.

Una suerte de niña grande o joven ninfa o cualquiera de las fabulosas deidades de las aguas, los bosques y las selvas. Una nereida que, según la zoología, se refiere al estado juvenil, pongamos por caso, de una libélula con un incompleto desarrollo de las alas. Pero con alas al fin y al cabo, para volar, como decía Oliverio.

Eva de las maravillas, como Alicia, posee cabellos rubios y ondulados, tez blanca y rubor en las mejillas. Y de la misma forma que ella, es capaz de discutir con el conejo blanco que llega tarde sobre reciclaje, sobre el modelo de pensiones o queso extremeño.

Eva, como Alicia se bebe la poción correspondiente para ser grande o pequeña, para sortear los avatares del camino o colarse por el Aleph del cuento de Borges, ese punto tornasolado donde convergen todos los lugares del mundo.

Se trata de una habilidad poco común que se ejercita con la práctica pero que, sin duda, es también una extraña rareza que capacita a quien la posee para abrir infinitas puertas y ventanas, multiplicar lunas y espejos y poner curvatura donde antes sólo había aristas.

Eva es una maestra alfarera de la apertura o una esponja natural, porosa y receptiva, capaz de incluir en una misma esencia vital a una rebelde con new balance y a una alumna aplicada que es el ojito derecho de su papá.

Fue al principio rockera y electrónica y conducía con pericia coches viejos, coches que probablemente descansan en estos mismos lares, bajo sábanas blancas a la espera del renacimiento mecánico que todo lo puede.

Fue rockera y yo también lo fui, sobre todo en esas noches estrelladas del Robledal, escuchando a Los Suaves y Extremo y armando teorías en un vano intento de arreglar el mundo. Los colores entonces eran vivos y solíamos mezclarlos siempre con un fundido en negro.

También fue alumna aplicada y, poco a poco, una mujer elegante de planta limpia e impecable. Los colores ya eran pasteles y blancos, como los que vestiría cualquier dama de la Francia Colonial en un día de verano.

Porque, como Alicia, no sintió pereza del viaje. Y se fue y regresó y vendió tejas y pintó casas, paseó perros y fue la enfermera del Dr. Cuadrado.

Sin pereza y con tres palabras de francés aprendido escuchando canciones se marchó a hacer las Galias. Volvió como si tal cosa, un buen día, con un francés perfecto a mis oídos, con título de patrón de yate, amazona olímpica y master en pintura contemporánea. O como dice ella a veces en los bares, convertida en una artista de lo abstracto.

Aquí ya los colores eran todos, magentas, dorados y una extensa gama de grises.

Regresó, como Ulises a Ítaca y encontró la luz en Diego, con la naturalidad de un amor de verano que ya no se va nunca.

Un amor lo bastante intenso como para atar al viento de levante que son estos dos espíritus libres. Un amor como un hogar que se encuentra en cada puerto y que no tiene otro confín que sí mismo.

Eva, sabedora del valor de la luz y las esferas, del viento y las mareas, jamás habría dejado escapar una sonrisa como la de Diego.

Y no la culpo, Diego, la verdad, porque resulta una razón suficiente para cualquier batalla. Así que en realidad, siempre estuviste vendido, ya que Eva no pierde nunca una batalla cuando se trata de encontrar la luz.

Imagino que también tú viste todo esto que narro desde la empiria. Y que ella vio en ti esa luz oceánica que llevas dentro y a veces regalas.

Y hoy nos contáis, como si tal cosa, que entre todas las opciones posibles habéis elegido permanecer juntos.

Aquí, ante todos nosotros, ante este sortilegio de promesas amor que se hacen porque nadie las pide. Que se dan porque no son nuestras.

Pues bien, esto no es el colofón de una historia, es más bien el hallazgo del Aleph, vuestra elección de querer bucear las mismas aguas para poder tenerlo todo.

Porque la vida, cuando se vive con ganas, ajenos al conformismo, cuando somos capaces de no renunciar al confort ni precisarlo, contiene en sí misma todos los mundos posibles. Tal y como nos contaba Borges en un fragmento de su Aleph:

“…vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto….vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

Este es el inconmensurable reto que habéis elegido, ver este mismo universo, compartir esta maravilla y permanecer juntos, por puro amor. 

Que así sea.

martes, 29 de mayo de 2012

Los prosaicos

El recital de poemas de Igualando Versos me dio la entrada. Allí escuche canciones de Patty de Frutos que eran versos corridos cantados desde el estómago que ella se agarraba apasionadamente. Comencé a leerla, verla y escucharla. Es una mujer con talento, con una fuerza interior potente, apasionada. Y abrió también una puerta a la reflexión más distante que suelo emplear para entender mi entorno.
Comencé a retomar el enfoque poético en el día a día. ¿En que consiste? en realidad en embellecer, desmenuzar, engrandecer las emociones, magnificar lo pequeño, hacer de la imagen el vehículo. Es una técnica sutil, casi artesanal que sólo es posible poner en práctica cuando nace de dentro.
A mi alrededor, entiendo que por todas partes, predominan los prosaicos. Son gentes amables y bien educadas o por el contrario secas y unidimensionales, pero por lo general, gentes que pragmáticas y resolutiva ocupan sin conflicto su lugar en el mundo. No pierden el tiempo contemplado o contemplándose. Como el escorpión y la rana, no pueden evitarlo, es su naturaleza prosaica.
Ocupan por derecho los puestos de mando. Aún hoy son preferidos en los procesos de personal más convencionales. Sólo una vez, un posible empleador confesó valorar las empresas que contaban con varios filósofos entre sus filas. Pero, habitualmente las organizaciones no buscarán poetas o filósofos que mediten sobre la luz que se posa en lo convexo, rara vez depositarán el liderazgo en quienes ambicionan conversar sobre la vida y su belleza sino en quien comprenda con soltura la estructura de los Presupuestos Generales del Estado o de un Informe sobre la Cuenta General.
Sin embargo, aunque mi evolución ha sido también a la prosa, mantengo agarradas, como Patty de Frutos cuando canta, las manos al vientre. Hasta tal punto que sólo la proclamación del amor y la belleza ha logrado que sienta interés intelectual por el 15M.
Quienes narramos en verso, al final, estamos solos, solos pero erguidos sobre un mundo que necesita a gritos un cambio de enfoque.
En un extraño libro que leí hace años, El Amor y Occidente, de un tal Maurice de Rougemont, se sostenía la teoría de que fueron los trovadores cátaros quienes dieron origen al amor cortés, utilizando las canciones como vehículo para esquivar la persecución religiosa sufrida por esta secta. La metáfora era su salvoconducto, la música era su espacio de libertad. Las canciones su catecismo.
Después de todo, no vendría mal un poco de literatura para envolver esta época de crisis, un poco de realismo mágico para entender tanta prosa financiera. La poesía como herramienta al servicio de las virtudes cívicas.

martes, 8 de mayo de 2012

Luz de interior

Una cocina en penumbra
que se parece a una noche de luna
un zumbido de nevera,
como luciérnaga de agosto.
en la mano,
 el cigarrillo mentolado que me dio Juana,
esa mujer sufriente que no quiere morir más.
En mi mente la noche de recital poético para salvar
una asociación que atiende a mujeres víctimas de violencia
de género.
Y me pongo a pensar en esas egolatrías diversas que conlleva ser poeta.
Ser cuenco de ecos de historias
que suelen ser la propia.
Historias orgullosas, tiernas
a veces
casi crudas.
Casi a oscuras, como ahora.
Con unos pocos
sublimemente ajustados destellos
radiantes
de color.
Algunas cosas bonitas mezcladas
con esa rutina intercadente y común que es también la vida,
con sus péndulos de mezclar talento, batalla, clichés
la imagen de uno exacerbada hasta lo obsceno
vana esperanza
o ganas de batalla
esperanza de tener genialidad
de ser única
de comerse el mundo
o de tener ganas
muchas ganas de algo que esté a nuestro alcance
o casi.
Algo que pueda ser atrapado si uno
se empeña
lo bastante
y con suerte lo cuenta, lo rapea, lo proclama
lo cita, lo declara o lo recita.
Y al decirlo se proyecta
crece
se engrandece
hasta lo pequeño y vulgar
Todo se engrandece
cuando sale de las sombras
cuando ve la luz.

viernes, 13 de abril de 2012

Maestros de la obviedad

Cuesta infinitamente atar los sutiles cabos sueltos de las relaciones humanas, de la política y muy especialmente de la historia. Ayer viendo un documental sobre el periodo de pre-guerra y segunda guerra mundial algo minaba mi capacidad de horror, que no es mucha. Algo se rompía y desgarraba, un miedo mayúsculo al hombre normal y sus estrategias de muerte basadas en las leyes de la historia o la naturaleza como sostenía Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo.
Pero me cuesta menos comprender que aquel espanto no fuera previsto por la mayoría.
En el mar de informaciones y dudas en que nos movemos se generan debates y tesis doctorales, conversaciones de barra de bar y pausa para el cafelito. Opinan unos, refutan otros. Poco se parece a la verdad. Casi nada se sabe hasta al final.
Cada tanto aparece alguien capaz de ver en esa distancia turbia y confusa y plasma escenarios, abiertos y alternativos, probables, razonables en el mejor de los casos. Toda sociedad cuenta con pocos sabios de amplio espectro como para mí es el sociólogo Víctor Pérez Diaz.
Pero también hay, y no conviene infravalorarlo, maestros de la obviedad capaces de pronosticar con rapidez lo cantado, lo evidente.
Ambas cualidades no suelen converger en la misma persona que por decirlo coloquialmente juegan en distintas ligas.
Así suelen existir unos pocos intelectuales profundos que desentrañan con complejidad las causas de los acontecimientos y también unos cuantos hombres con la clarividencia de un sabio para comprender lo común. Hombres que simplemente saben quien es el malo de la película, quienes están a punto de separarse, quien es gay aunque no lo sepa ni su madre y quien se acuesta con quien al final de la peli.
Talentos incompletos quizás pero en ambos casos admirables e imprescindibles por cuanto anticipan en pocos segundos lo que a otros nos ocupa la reflexión de toda una vida. Porque lo peor en esta vida no es la dificultad de atar cabos, sino carecer de la capacidad de hacerlo.
En uno y otro caso, los tengo cerca. Al maestro sociólogo porque le sigo desde veinte años y al maestro del comportamiento del hombre común porque me casé con él.
Iluminada voy pues por tanta luz. Como decía Robe en su canción: "Lo tengo todooo"....

miércoles, 14 de marzo de 2012

Una mujer con posibles


Ana es una mujer con posibles.
No, no está forrada.
De hecho
descartad heredar de ella ni un duro pequeñas alimañas...
se lo gastará todo en paseos por Centro Europa
(cogiendo trenes a la espera de que le pase lo de "Before Sunrise")
No quedará ni un duro después de infinitos atardeceres en malecones y proas de barco.

Pero insisto, es una mujer con recursos.
Cada día taconea sobre los lomos duros del miedo.
Cada día taconea nerviosa y obstinada
MENTE
Despierta
nunca deja las cosas a medias.
nunca está quieta.

Posee otros recursos de valor
hondura e introspección
ternura y empatía
un look de como de cine negro
y alas de cisne blanco para volar, como la de Oliverio.

Ana ya no es la mujer refaelina
un poco más Dietrich quizás últimamente
que comprende al fin
que va como una bala
al encuentro
de lo mejor de sí misma.

Buen viaje.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Petunia, hazme un sombrero

Petunia tiene la tez nívea,
Su pelo, negro y brillante como de turmalina,
oscila a la exacta velocidad de un diapasón
cuando camina.

De profesión: sombrerera modernista.
Pintora de vocación,
nunca terminó un cuadro
porque, como todo el mundo sabe,
lo difícil del arte,
es un buen final.

Idealista, vehemente,
contempla a veces,
desde una silla en mitad de la pista del circo
el mundo como es
cuando no se sueña.

Para Petunia, comienzo y final,
no son protagonistas
pero suele detenerse en los matices
que acaba prendiendo
como pajaritos en un sombrero.

By the way, ¿por qué no me haces un bonito sombrero?

O mejor, vayámonos juntas
a conducir por la costa
pitando a cretinos
a cazar mariposas.
(te confieso que en el sombrero quiero alguna)
A carcajearnos entre sorbo y sorbo
con tu ducha pituitaria
(capaz de distinguir pimienta y trufa blanca)
a San Gimigniamo, Pasadena,
Motril
o cualquier otro lugar hermosamente soleado
entre higueras y ropa tendida.

Coge el hilo y enhebra sin tardanza
botones, tules, fieltros y frutos rojos
mariposas, nubes y gotas de lluvia.

Pero por favor, Petunia mía,
hazme pronto un bonito sombrero.

martes, 28 de febrero de 2012

Amar lo que queda


Ahora sé que es posible volver a amar la tierra yerma,
los olivos grisáceos del invierno,
las pardas sombras y las tardes vulgares de Febrero.
Que es posible amar con tanta calma
tan calladamente a solas, sin adornos.

Porque una ama ya lo que queda después de la batalla,
los cuerpos dolidos y los péndulos,
la rebeldía bienintencionada,
la desorientación
el aire cargado anterior a la lluvia.
La cierta honra que uno espera conservar,
cuando llegue la muerte.

Y aquí me tienes,
feliz,
mirando estos campos varados sin oficio.
Feliz
en este país
herido de muerte
que una ama a pesar de todo.

Sin idealismo de facultad.
Con un amor, si acaso,
de tercera edad,
con un amor de amiga sin fanfarrias.

miércoles, 8 de febrero de 2012

La verdadera historia de Caradeajo

Vuelvo al 14 y a sus habitantes. En las dos primeras semanas no coincidí con Caradeajo. Creía por un momento que se hubiera jubilado. Una mañana volvió a subirse al 14 a la hora habitual, vestida de Adolfo Dominguez y zapatos Geox. Se apoyaba con un sólo dedo, el pulsar, a una de las barras laterales para, como siempre advertí, no tocar toxinas o pieles muertas del prójimo anónimo. Y lo hacía de tal modo que resultaba acrobático, casi imposible, contener los envites del viaje con tan maña pose, propia de un funambulista digital. Dos paradas después de Emilio Castelar, justo donde siempre dije que se bajaría, se bajó, yo iba detrás, nerviosa por comprobar mis capacidad de adivinación, al menos de análisis antropológico.
"Funcionaria de empleo" repetía como un mantra. El destino se ponía al descubierto y con él mi capacidad para adivinarlo.
Tiró para el Museo de Ciencias Naturales. "Oh dios, es bibliotecaria, ¿como no pude verlo?
Nuevamente viró calle arriba. Había errado.
Caradeajo se encaminó entonces hacía la puerta de la sede de la Consejería de Educación y Empleo, de la Comunidad de Madrid.
En definitiva, acerté y no. Es posible que tenga que poner a mi radar adivinatorio la versión autonómica 2.0.

domingo, 22 de enero de 2012

Cumplir un sueño que sabe a leche con miel

El 14, esa línea recurrente a lo largo de los últimos años, tantas veces repleta de fauna dispuesta a resistir mi sociología express, hoy está leyendo, ensimismada con el i-phone, absorta mientras hojea la prensa gratuita. Hace sólo seis meses era un espacio algo más desperto pero hoy ya flota en sus paredes ese ánimo introspectivo propio de los tiempos de una España noqueada por la crisis económica y la desesperanza horizontal.
Aún es de noche. Se ilumina "El brillante" en la distancia, mientras la gélida verja del ministerio de agricultura, impasible como sólo puede serlo una verja común, le da la callada gris por respuesta.
Ayer mi devenir giraba en torno a la PAC, la berenjena de Almagro y la restructuración del viñedo, así que no habría sido del todo descabellado que me bajara aquí. Continuo sin embargo, persigo un sueño que se cumple.
Porque cuando un sueño se cumple, suele hacerlo con la normalidad más absoluta y salvo si te toca la lotaería de navidad jamás la felicidad es una felicidad en un sólo acto.
A veces parece que cuando logramos nuestras metas, la felicidad es como una bailarina cíngara que da vueltas abriendo los brazos y una se la queda mirando como una aturdida espectadora de su propia dicha.
Pero es que los humanos convocamos la profecía una y otra vez. La convocamos con tanta insistencia que, cuando se cumple, casi siempre, después de años de cruzar los dedos y soñar de camino a ese trabajo que en el fondo detestamos, es como reencontrarse con el amor de su vida 10 años después. Puede incluso que ese amor no esté desmejorado, puede que siga siendo un cañón, pero somos nosotros quienes ya no sabemos qué decir, ni qué sentir.
La nueva sensación es más larga. No tiene alas de mariposa. Viene templada como leche con miel.
Pero tiene una valor profundo que sólo una puede saborear: estás aquí, dejando parar la verja de agricultura y tú consabida parada habitual de Emilio Castelar porque anduviste todo ese tiempo que pasó soñando que un día bajarías, pongamos por caso, en Los Nuevos Ministerios y podrías ser una politóloga en ejercicio.
Nunca fue como chasquear los dedos.
Mi trayectoria profesional siempre quise escribirla yo y en las horas bajas siempre supe que podría lograrlo si seguía creyendo como Ulises en el proyecto de tener un oficio que casi nadie sabe que existe.
Hoy estoy aquí, de nuevo en el 14, porque nunca renuncié a conseguirlo y ni la soledad del páramo asfáltico que la consultoría significó para mí pensé, para qué intentarlo, me retiro, aquí me quedo, con mis power points y mis mohines.
Este sueño es mío, me pertenece, me coloca en el ojo del huracán y en la intrahistoria política y este sueño quiero vivirlo.