martes, 29 de mayo de 2012

Los prosaicos

El recital de poemas de Igualando Versos me dio la entrada. Allí escuche canciones de Patty de Frutos que eran versos corridos cantados desde el estómago que ella se agarraba apasionadamente. Comencé a leerla, verla y escucharla. Es una mujer con talento, con una fuerza interior potente, apasionada. Y abrió también una puerta a la reflexión más distante que suelo emplear para entender mi entorno.
Comencé a retomar el enfoque poético en el día a día. ¿En que consiste? en realidad en embellecer, desmenuzar, engrandecer las emociones, magnificar lo pequeño, hacer de la imagen el vehículo. Es una técnica sutil, casi artesanal que sólo es posible poner en práctica cuando nace de dentro.
A mi alrededor, entiendo que por todas partes, predominan los prosaicos. Son gentes amables y bien educadas o por el contrario secas y unidimensionales, pero por lo general, gentes que pragmáticas y resolutiva ocupan sin conflicto su lugar en el mundo. No pierden el tiempo contemplado o contemplándose. Como el escorpión y la rana, no pueden evitarlo, es su naturaleza prosaica.
Ocupan por derecho los puestos de mando. Aún hoy son preferidos en los procesos de personal más convencionales. Sólo una vez, un posible empleador confesó valorar las empresas que contaban con varios filósofos entre sus filas. Pero, habitualmente las organizaciones no buscarán poetas o filósofos que mediten sobre la luz que se posa en lo convexo, rara vez depositarán el liderazgo en quienes ambicionan conversar sobre la vida y su belleza sino en quien comprenda con soltura la estructura de los Presupuestos Generales del Estado o de un Informe sobre la Cuenta General.
Sin embargo, aunque mi evolución ha sido también a la prosa, mantengo agarradas, como Patty de Frutos cuando canta, las manos al vientre. Hasta tal punto que sólo la proclamación del amor y la belleza ha logrado que sienta interés intelectual por el 15M.
Quienes narramos en verso, al final, estamos solos, solos pero erguidos sobre un mundo que necesita a gritos un cambio de enfoque.
En un extraño libro que leí hace años, El Amor y Occidente, de un tal Maurice de Rougemont, se sostenía la teoría de que fueron los trovadores cátaros quienes dieron origen al amor cortés, utilizando las canciones como vehículo para esquivar la persecución religiosa sufrida por esta secta. La metáfora era su salvoconducto, la música era su espacio de libertad. Las canciones su catecismo.
Después de todo, no vendría mal un poco de literatura para envolver esta época de crisis, un poco de realismo mágico para entender tanta prosa financiera. La poesía como herramienta al servicio de las virtudes cívicas.

martes, 8 de mayo de 2012

Luz de interior

Una cocina en penumbra
que se parece a una noche de luna
un zumbido de nevera,
como luciérnaga de agosto.
en la mano,
 el cigarrillo mentolado que me dio Juana,
esa mujer sufriente que no quiere morir más.
En mi mente la noche de recital poético para salvar
una asociación que atiende a mujeres víctimas de violencia
de género.
Y me pongo a pensar en esas egolatrías diversas que conlleva ser poeta.
Ser cuenco de ecos de historias
que suelen ser la propia.
Historias orgullosas, tiernas
a veces
casi crudas.
Casi a oscuras, como ahora.
Con unos pocos
sublimemente ajustados destellos
radiantes
de color.
Algunas cosas bonitas mezcladas
con esa rutina intercadente y común que es también la vida,
con sus péndulos de mezclar talento, batalla, clichés
la imagen de uno exacerbada hasta lo obsceno
vana esperanza
o ganas de batalla
esperanza de tener genialidad
de ser única
de comerse el mundo
o de tener ganas
muchas ganas de algo que esté a nuestro alcance
o casi.
Algo que pueda ser atrapado si uno
se empeña
lo bastante
y con suerte lo cuenta, lo rapea, lo proclama
lo cita, lo declara o lo recita.
Y al decirlo se proyecta
crece
se engrandece
hasta lo pequeño y vulgar
Todo se engrandece
cuando sale de las sombras
cuando ve la luz.