lunes, 30 de julio de 2012

La desafección política o el triunfo de la democracia débil

Cualquier estudiante de segundo de políticas sabe que la crisis de representación es una compañera habitual de las modernas democracias occidentales. Ese concepto original de la representación como manera de gobernar, legislar, controlar, etc. por mediación de otros, implica ante todo aceptar la metáfora de que la soberanía reside en las Cámaras parlamentarias. Pues bien, estamos ante una metáfora teórica pero también ante una ley fundamental de la democracia, el poder reside en la nación y quienes la forman y unos señores y señoras, ejercen el mandato no imperativo de cumplir las funciones legislativas y de control e impulso al gobierno. El Gobierno mismo es una metáfora de ese pueblo que delega tales funciones legislativas y de gestión por voluntad propia y colectiva de no ejercerlas directamente en un órgano colegiado elegido democráticamente en elecciones libres.

La desafección política implica una crisis de representación, un alejamiento entre representantes y representados de forma asimétricamente bidereccional. Es decir, políticos que "no escuchan" al pueblo al que representan y gentes que pasan de la política y de los políticos.

Los medios de comunicación mantienen igualmente una relación de amor-odio con la clase política, sacando punta a todo lo que hacen y dicen a la vez que necesitándoles de forma estructural, ya que extensas cantidades de contenido gráfico y léxico, se refiere a eso mismo que hacen y dicen.
En los tiempos que corren, la crisis ha puesto de manifiesto esta vieja máxima de las democracias actuales en todo su explendor. El esquema de la desafección en España es algo así:
  • Los políticos son, en su mayoría o de forma generalizada, potencialmente corruptos o corruptos a secas, vienen a este sector a lucrarse sin necesidad de responder a las necesidades y expectativas de la ciudadanía y están colmados de prebendas injustificadas.
  • La ciudadanía por su parte, ajena la mayor parte del tiempo de los asuntos públicos, sobrevuela si acaso la periferia de los partidos políticos para llevar a cabo algún tipo de gestión de lobby, frecuentemente de forma satélite y dirigista por parte de algún partido político tradicional. Por lo general, a la gente nunca le ha interesado la política "por las razones antes apuntadas" y porque le resulta un coñazo total.
De vez en cuando surge una iniciativa política ciudadana aparentemente espontánea. Observad que casi siempre o bien es impulsada por partidos políticos tradicionales, a los que sí les interesa la política tradicional o bien están orientadas a pedir que los partidos políticos hagan esto o lo otro. Rara vez se refieren a pedir que la sociedad haga esto o lo otro, cambie hábitos, se implique en los asuntos públicos o construya nuevas bases de cultura social y política. Cuando esta premisa no se da, lo que solemos encontrar son llamamientos a la democracia directa de tipo asambleario y auto gestionario a nivel local y una recurrente pátina neomarxista, ya que, como es de todos conocido, el marxismo y la democracia directa siempre van de la mano...

En mi opinión, se trata de un comportamiento freudiano, matar al padre cuidador que nos castra pero correr a remplazarlo por otro padre cuidador que nos libera. En todo caso no hay emancipación política sino repetición continua del mismo esquema paternalista y a la vez inmaduro. Un padre protector casi siempre torpe que se ocupa de los asuntos del hijo adolescente que piensa abiertamente que su padre es un gilipollas (y muchas veces fascista también).

España es también un lugar de política de bar y sobremesa y, por eso, es en los bares y alrededor de las mesas, incluidas las mesas camilla con la tele encendida, donde se desmenuza la acción política y se dan las claves para cambiar el mundo. Pero esos cientos de miles de políticos ocasionales rara vez hacen llegar sus propuestas a través de algún tipo de voz articulada. Esos asertos más o menos acertados, no suelen llegar a ninguna parte porque la cultura política carece de recursos para el debate colectivo. Las encuestas ponen algo de orden en esta democracia bastante tabernera de modo que, los analistas o meros seguidores de lo político sólo podemos aspirar a entender, más o menos, que es lo que piensa la gente sobre los asuntos y en las coyunturas que va decidiendo el barómetro del CIS. Eso o haciendo sobremesas largas con nuestra familia y amigos, eso en época de crisis porque en épocas expansivas la gente no pierde el tiempo hablando de política.

Es el momento de reflexionar sobre la calidad de nuestra democracia y la relevancia de los coceptos democráticos fundamentales. Pero es preciso hacerlo de esa forma bidireccional que expongo. En ese sentido, puede ser cierto que sobren políticos pero desde luego faltan también ciudadanos interesados por la política en sentido amplio.Faltan ciudadanos interesados en debatir públicamente los asuntos públicos, profesionales que dediquen parte de su tiempo a opinar con rigor al margen de los partidos y con la mirada puesta en el interés general. 

O nos ponemos las pilas por el lado que nos toca como sociedad o estaremos cayendo en picado en los brazos de una democracia débil que es el territorio de la demagogia y el populismo si no de cosas peores de las que la historia europea está plagada. Los políticos por su parte tienen ante sí el reto inmediato de "dar ejemplo" bajarse el sueldo, perder cesantías y viajar en autobús. Limitar su número, hacer más con menos y mejorar sus perfiles. Y los partidos tendrán que encontrar en el propio pueblo donde la soberanía reside a esos nuevos representantes virtuosos y frugales, hijos de esa sociedad civil que a penas existe y hacerlo con un contrato eventual. O eso o como decía el que fue mi profesor de sistemas representativos, empezar a pensar el gobernar por sorteo y a quien le toque le tocó...

jueves, 12 de julio de 2012

Eva en el País de las Maravillas


Lewis Caroll, tituló su obra Alicia en el País de las Maravillas porque en aquellos tiempos Eva aún no había nacido. Por eso no pudo nombrarla aunque quizás ya entonces la imaginaba, acaso la intuía librando aventuras fantásticas con lo grande, con lo pequeño, lo onírico intangible o el poder establecido.

Como Eva se resistió a nacer hasta 1975, Caroll diseñó una protagonista que no se llama Eva pero que se le parece tanto.

Una suerte de niña grande o joven ninfa o cualquiera de las fabulosas deidades de las aguas, los bosques y las selvas. Una nereida que, según la zoología, se refiere al estado juvenil, pongamos por caso, de una libélula con un incompleto desarrollo de las alas. Pero con alas al fin y al cabo, para volar, como decía Oliverio.

Eva de las maravillas, como Alicia, posee cabellos rubios y ondulados, tez blanca y rubor en las mejillas. Y de la misma forma que ella, es capaz de discutir con el conejo blanco que llega tarde sobre reciclaje, sobre el modelo de pensiones o queso extremeño.

Eva, como Alicia se bebe la poción correspondiente para ser grande o pequeña, para sortear los avatares del camino o colarse por el Aleph del cuento de Borges, ese punto tornasolado donde convergen todos los lugares del mundo.

Se trata de una habilidad poco común que se ejercita con la práctica pero que, sin duda, es también una extraña rareza que capacita a quien la posee para abrir infinitas puertas y ventanas, multiplicar lunas y espejos y poner curvatura donde antes sólo había aristas.

Eva es una maestra alfarera de la apertura o una esponja natural, porosa y receptiva, capaz de incluir en una misma esencia vital a una rebelde con new balance y a una alumna aplicada que es el ojito derecho de su papá.

Fue al principio rockera y electrónica y conducía con pericia coches viejos, coches que probablemente descansan en estos mismos lares, bajo sábanas blancas a la espera del renacimiento mecánico que todo lo puede.

Fue rockera y yo también lo fui, sobre todo en esas noches estrelladas del Robledal, escuchando a Los Suaves y Extremo y armando teorías en un vano intento de arreglar el mundo. Los colores entonces eran vivos y solíamos mezclarlos siempre con un fundido en negro.

También fue alumna aplicada y, poco a poco, una mujer elegante de planta limpia e impecable. Los colores ya eran pasteles y blancos, como los que vestiría cualquier dama de la Francia Colonial en un día de verano.

Porque, como Alicia, no sintió pereza del viaje. Y se fue y regresó y vendió tejas y pintó casas, paseó perros y fue la enfermera del Dr. Cuadrado.

Sin pereza y con tres palabras de francés aprendido escuchando canciones se marchó a hacer las Galias. Volvió como si tal cosa, un buen día, con un francés perfecto a mis oídos, con título de patrón de yate, amazona olímpica y master en pintura contemporánea. O como dice ella a veces en los bares, convertida en una artista de lo abstracto.

Aquí ya los colores eran todos, magentas, dorados y una extensa gama de grises.

Regresó, como Ulises a Ítaca y encontró la luz en Diego, con la naturalidad de un amor de verano que ya no se va nunca.

Un amor lo bastante intenso como para atar al viento de levante que son estos dos espíritus libres. Un amor como un hogar que se encuentra en cada puerto y que no tiene otro confín que sí mismo.

Eva, sabedora del valor de la luz y las esferas, del viento y las mareas, jamás habría dejado escapar una sonrisa como la de Diego.

Y no la culpo, Diego, la verdad, porque resulta una razón suficiente para cualquier batalla. Así que en realidad, siempre estuviste vendido, ya que Eva no pierde nunca una batalla cuando se trata de encontrar la luz.

Imagino que también tú viste todo esto que narro desde la empiria. Y que ella vio en ti esa luz oceánica que llevas dentro y a veces regalas.

Y hoy nos contáis, como si tal cosa, que entre todas las opciones posibles habéis elegido permanecer juntos.

Aquí, ante todos nosotros, ante este sortilegio de promesas amor que se hacen porque nadie las pide. Que se dan porque no son nuestras.

Pues bien, esto no es el colofón de una historia, es más bien el hallazgo del Aleph, vuestra elección de querer bucear las mismas aguas para poder tenerlo todo.

Porque la vida, cuando se vive con ganas, ajenos al conformismo, cuando somos capaces de no renunciar al confort ni precisarlo, contiene en sí misma todos los mundos posibles. Tal y como nos contaba Borges en un fragmento de su Aleph:

“…vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto….vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

Este es el inconmensurable reto que habéis elegido, ver este mismo universo, compartir esta maravilla y permanecer juntos, por puro amor. 

Que así sea.